Región andina: sistemas de partidos en análisis

por César Ulloa Tapia

publicado en la Rev. Ciencias Sociales Universidad de Costa Rica,  140: 85-96 / 2013 (II)ISSN: 0482-5276

 

En este artículo se pretende responder por qué colapsó el sistema de partidos en Bolivia,Ecuador y Venezuela. Esta compleja pregunta tiene una respuesta multicausal; sin embargo, se desarrollarán tres conjeturas: I) diseños institucionales, II) crisis de representación política y III) agencia de los partidos en el gobierno. En este contexto, se pueden advertir múltiples escenarios, donde interactúen las conjeturas. Pese a las diferentes realidades delos países, se tratará de identificar semejanzas y diferencias en los procesos políticos. Al final, se advertirán posibles nuevos escenarios sin el objetivo de pronóstico, sino más bien de continuar con el debate.

 

1. INTRODUCCIÓN

El colapso del sistema de partidos no es un hecho exclusivo de la región Andina (1). Varios países de Occidente, en donde se supondría hay mayores y mejores niveles de institucionalización (O´Donnell, 2004) ocurre una similar situación, incluso hay manifestaciones anti-partido evidenciadas en EEUU y Alemania, según como lo señala Allan Ware (2004: 26-42). En este sentido, nos enfrentamos a una problemática que sin ser usual, tampoco es extraña a las diversas sociedades. Cuando se habla de colapso, se hace referencia a que no hay evidencia empírica que demuestre la posibilidad de una recomposición del sistema de partidos en los casos de estudio y que más bien, se puede vivir en democracia sin esta condición. Incluso, pueden proliferar nuevas agrupaciones y líderes en la escena electoral,pero no dentro de un contexto de sistema. Este fenómeno podría contrariar la lógica procedimental de la democracia liberal; sin embargo, da cuenta de una situación particular de Ecuador, Venezuela y Bolivia, por lo cual esta problemática no deja de generar interés; no obstante, hay escasos estudios de política comparada sobre este fenómeno en la región Andina. En la mayoría, se ha privilegiado el análisis de cada país,sobre la base de una concepción localista, ello explica la importancia de este tipo de trabajos.Previo desarrollo del artículo, cabe decir que hay un amplio debate sobre qué son los partidos políticos y los sistemas de partidos. Se parte desde visiones minimalistas hasta algunas que recurren al estiramiento, usando los términos de Giovanni Sartori (1992); no obstante,se partirá de la definición elaborada por Allan Ware para partidos y sistemas de partidos. Un partido es:
… una institución que (a) busca influencia en el seno de un Estado, a menudo intentando ocupar posiciones en el Gobierno, y (b) puesto que normalmente defiende más de un único interés social intenta, hasta cierto punto <agregar intereses> (Ware, 2004: 31). [Siguiendo al mismo autor, un sistema de partidos desde los factores competitivos]… refleja la lógica de la interacción competitiva (y de cooperación). Los partidos son concebidos como actores con intereses propios que responden a la lógica de la situación en la que se encuentran; una lógica presidida por la necesidad de competir por los votos (2004: 37)
En cuanto a la metodología, este trabajo se inscribe en el análisis comparado de los tres países, para lo cual se identifican las variables de control (Pérez-Liñán, 2008), como todas aquellas realidades comunes que permiten el ejercicio. Es decir, lo que hace posible la comparación. Como dice Charles Ragin (2007: 192),esta metodología se usa para estudiar configuraciones. Una configuración es una combinación específica de atributos que es común a un número de casos. Los métodos comparativos se usan para examinar causas y efectos.
Como variables de control de los tres países se mencionan: el mismo tipo de régimen(democrático), patrones socioculturales comunes, se encuentran ubicados en la región Andina,hay lazos históricos de hermandad y cooperación, son países en vías de desarrollo con problemas históricos de pobreza, empleo, inequitativa distribución de la riqueza e ingresos, dependencia excesiva a los hidrocarburos, además de incipientes niveles de industrialización e inversión extranjera directa. No obstante, entre las diferencias se puede decir que los niveles de institucionalización democrática han sido diferentes como se explicará adelante.
1.1 ELEMENTOS EXPLICATIVOS DEL COLAPSO
Entre las causas más exploradas acerca del colapso del sistema de partidos, se encuentran: los diseños institucionales (Pachano,2007 y 2011; Mejía, 2002 y 2003), la crisis de representación política (Mainwaring, 2008) y la agencia de los partidos cuando han llegado al poder en el gobierno (Mayorga, 2003). Estas conjeturas no son exclusivas, pues también se puede hablar del fracaso de las élites (failures of elites) como explica Catherine Conaghan(2005), la cultura política de los países (Hurtado,2006), los caudillismos (Laserna, 1992) entre otras, pese a que no nos concentraremos en estos aspectos, sin embargo, se considera relevante mencionarlos. Cuando me refiero al colapso del sistema de partidos en Bolivia, Ecuador y Venezuela, el periodo de análisis se sitúa entre la década de los años 90 e inicios del 2000, pues indistintamente de las particularidades del sistema político de cada país, suceden una serie de fenómenos similares en esta época como: levantamientos populares, emergencia de nuevos actores políticos,la salida anticipada de presidentes por medio de golpes de Estado en Ecuador (Abdalá Bucaramen 1997, Jamil Mahuad en 2000 y Lucio Gutiérrez en 2003), destitución del primer mandatario en Venezuela (Carlos Andrés Pérez en 1993) y renuncias del presidente en Bolivia (Gonzalo Sán-chez de Lozada en 2003 y Carlos Mesa en 2005).Pareciese que el estornudo generado en Venezuela tuvo rápido contagio a otros países de la región.Los países de la región salían de la denominada década pérdida con exorbitantes niveles de endeudamiento externo y en algunos casos,optaron por paliar los efectos de la crisis económica, poniendo en marcha los puntos que contemplaba el Consenso de Washington, que en otras palabras, significó una férrea disciplina fiscal, el combate a la inflación, la privatización de las empresas estatales, la flexibilización de impuestos para el ingreso de inversiones extranjeras, el neoliberalismo del mercado, el comercio y los servicios, entre los principales. No obstante, Ecuador a diferencia de Bolivia y Venezuela,no aplicó estas medidas (Pachano, 2007 y Hurtado, 2006), pese que ahora se habla de los efectos de la “larga noche neoliberal”(2)

Los partidos y el sistema constituido en estos países tuvieron que enfrentar la crisis económica, la emergencia de nuevos actores con 

pliegos inacabables de demandas sociales, la caída del Muro de Berlín para la izquierda y la apuesta por la ortodoxia económica liberal sin ninguna garantía. Para el caso de Venezuela,el reto cayó en el bipartidismo entre Comité de Organización Política Electoral Independiente(COPEI) y Acción Democrática (AD), quienes venían ejerciendo un cogobierno desde 1958 hasta 1993. En el caso de Bolivia, esta época recayó en la“democracia pactada” (Mayorga,1991) conformada por los partidos Movimiento Nacional Revolucionario (MNR ), Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR ) y Acción Democrática Nacionalista (ADN), mientras que para el caso de Ecuador, la situación debió ser enfrentada por un sistema multipartidista fragmentado integrado por la Izquierda Democrática(ID), Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE), Partido Social Cristiano (PSC) y Democracia Popular(DP). En general, los partidos nombrados fueron los más representativos política y electoralmente hablando en estos tres países.
Tanto en Venezuela como en Bolivia, se gestaron acuerdos sociales, políticos y económicos entre los partidos, actores y movimientos más importantes, situación que no sucedió en Ecuador, en donde la pugna de poderes, caudillos y partidos es una constante hasta la actualidad. 
Post dictadura de 1958 en Venezuela, losa cuerdos entre los diferentes sectores fueron:
El Pacto de Punto Fijo, firmado el 3 1de octubre de 1958, entre representantes de los partidos AD, COPEI y URD [Unión Republicana Democrática]. La Declaración de Principios y Programa Mínimo de Gobierno, firmado el 6 de diciembre de 1958 por los candidatos presidenciales de los partidos AD, COPEI y URD. La Ley de Concordato Eclesiástico,mediante el Convenio suscrito entre el Estado de Venezuela y la Santa Sede,firmado el 6 de marzo de 1964 entre representantes del Papa Paulo VI y el Presidente Rómulo Betancourt (Kornblith, 1996: 3).
 

En Bolivia, los acuerdos entre los partidos del bi-tripartidismo MNR, ADN y MIR (1985 a 2002) pasaron por dos momentos: el Pacto por la Democracia entre MNR y ADN (1985-1989) y el Acuerdo Patriótico entre los partidos MIR y ADN

(1990-1994). Estos acuerdos responden a la responsabilidad de elegir presidente en el Congreso entre los tres candidatos más votados, si ninguno alcanza la mayoría que contempla la ley. Pese a las diferentes tendencias ideológicas de los partidos, se respetó la continuidad del modelo neoliberal. 
2. CONTEXTO

Cada país sufrió un “clivaje”, es decir,una fuerte tensión que reconfiguró su vida política, pero de manera concreta la institucionalidad democrática en los sistemas de partidos,llevándolos al colapso y su imposibilidad de recomponerse o de generar nuevos sistemas. El clivaje como concepto “sirve para explicar la génesis, las características y la persistencia de un determinado conflicto político en el marco de una comunidad nacional” (Burbano de Lara,2012). Para el caso de Ecuador, este fenómeno se sitúa en el 2002, año en el que gana la presidencia Lucio Gutiérrez, considerado un outsider (desconocido). En esta contienda electoral, se demostró cómo el sistema de partidos dominado por cuatro partidos (PRE, PSC, DP, IDcolapsó, pues obtuvieron el porcentaje más bajo de la votación legislativa, sin perder de vista que en las elecciones presidenciales los tres prime-ros lugares fueron obtenidos por personajes fuera de los partidos tradicionales y del sistema de partidos hasta ese momento vigente. El declive de la votación de las elecciones de 2002 con respecto a las de 1998, fue prácticamente de 20 puntos porcentuales, esto es del 73,8%al 53,3%. En el 2006, la baja de 20 puntos por-centuales, llegando al 32,7%, cifra anterior a laobtenida en 1984 (43,8%). A partir de 1998 yhasta el 2006, el apoyo electoral hacia los par-tidos tradicionales sufrió un fuerte revés, segúnLorena Paredes (2011: 65). Un importante dato es que ninguno de los partidos que conformó el sistema pudo ocupar la presidencia por dos ocasiones desde el retorno a la democracia en 1979 y más bien, convirtieron al Congreso Nacional en un espacio de disputa por el poder y orquestación de la destitución de presidentes como Abdalá Bucaram (1997), Jamil Mahuad (2000) y Lucio Gutiérrez (2005), sin que haya sustentos jurídicos sólidos. En este sentido, la agencia delos partidos predominantes en el Legislativo devino en crisis de credibilidad y acumulado descrédito en aceptación y popularidad. 

En Venezuela, el triunfo presidencial de Rafael Caldera en 1993 de la mano de su organización (Convergencia), fue el inicio del fin del bipartidismo (Pacto de Punto Fijo) entre adecos  y copeyanos, quienes estuvieron en el poder entre 1958 y 1993. Caldera como disidente del COPEI, provocó una escisión entre los militantes de su partido, pues un gran porcentaje de cuadros relevantes decidieron seguirlo a su nuevo partido y participar en su segundo mandato, mientras que otros prefirieron quedarse en el COPEI. De dos partidos dominantes se pasó a tres: AD, COPEI y Convergencia; sin embargo, este último no tendría larga vida, siendo un partido estrictamente electoralista, ya que salido su líder del poder, las oportunidades de consolidarse como organización política se esfumaron. Para dar cuenta de la mayor crisis del bipartidismo en Venezuela, se presentan las siguientes cifras electorales: desde 1989, el porcentaje de votos de las presidenciales va en picada. Por ejemplo, AD pasa de un 52,8% en 1988 a 23,2% en 1993 y a 9,1% en 1998. Para el caso del COPEI, pasa de 40,1% en 1988 a 22,1% en 1993 y a 2,2% en 1998. Los dos en vías de extinción ante el Polo Patriótico conformado por Hugo Chávez. Entre las razones que explican el colapso del sistema de partidos en Venezuela, se encuentra la incapacidad del bipartidismo de dar salida a la crisis económica que inició a fines de los 80 y se extendió hasta finales de los 90, esto debido a los bajos precios del barril de petróleo. Se trató de paliar esta situación con la puesta en marcha de medidas neoliberales que nunca supieron sintonizar con el modelo rentista petrolero. En lo político, el bipartidismo degeneró en clientelismo, ya que los partidos pretendieron mantener sus nichos electorales mediante intercambio de favores, gracias a los recursos petroleros. Las ineficientes respuestas a la crisis económica produjeron un efecto directo en lo político.

Para el caso de Bolivia, el colapso se evidenció cuando Gonzalo Sánchez de Lozada dejó la presidencia mediante renuncia en el 2003, hito que pone fin a la “democracia pactada” entre los partidos MNR, ADN y MIR. La salida anticipada del mandatario obedeció a los efectos de las medidas neoliberales impulsadas por estos partidos en común acuerdo, similar situación a la de Venezuela. Como antecedente, vale recordar que la no renovación de liderazgos en los partidos contribuyó a su colapso, entre otras razones. El MNR fue dirigido por Víctor Paz Estenssoro durante cuatro décadas, el ADN liderado por el Gral. Hugo Banzer, quien sería dictador y volvería al poder por voto y el MIR dirigido por Jaime Paz Zamora. Un año antes, las cifras electorales determinaron el descenso progresivo de la votación alcanzada por los tres partidos (MNR, ADN y MIR) para las elecciones presidenciales. Salvador Romero (2007: 65) dice que los tres parridos reunieron 63,7% de los sufragios en 1985, en 1993 descendieron a 53,7% y en la Presidencial de 2002 cayeron a 39,1%.

A continuación se explicarán —con las limitaciones de espacio y omisiones de responsabilidad propia— las causas del colapso del sistema de partidos, sobre la base de las conjeturas planteadas, sin que ello signifique, como ya se manifestó, que una se superponga a otras, sino más bien que puede haber varias interrelaciones.

 

  1. FACTORES QUE PROVOCARON LA CRISIS

 

 

3.1. ECUADOR

A partir de estos “clivajes”, Bolivia, Ecuador y Venezuela carecen de un sistema de partidos o dicho en otros términos, inauguraron por voluntad popular y en democracia, una nueva forma de concebir la política, que no sea de la mano de los legendarios partidos y políticos. Este artículo pretende ampliar el debate sobre esta problemática y proyectar algunos escenarios sin el afán de caer en pronósticos o  vaticinios. Según el Latinobarómetro al 2010, en Venezuela, el 80% de personas consultadas manifiesta que no puede haber democracia sin partidos, mientras el 42% opina lo mismo en Ecuador y en Bolivia, el 51%.

Una de las explicaciones sobre la crisis de los partidos y los sistemas es la denominada institucionalista; es decir, de qué manera los diseños constitucionales, leyes de partidos, códigos de la democracia, sistemas electorales, incluso regímenes (presidencial, parlamentario y presidencial parlamentarizado) entre los más importantes, dan cuenta del (mal o buen) funcionamiento de estos elementos dentro del sistema político. Para el efecto, se explicará lo sucedido en cada país, con la finalidad de ir generando inferencias. Ecuador pasaría por un déficit de institucionalidad histórico, si se recorren los resultados de los análisis de algunos autores (Pachano, 2007 y 2011; Mejía, 2002 y 2003; Hurtado, 2006 y Conaghan, 2003). Este déficit se explicaría por la incapacidad de diseñar un entramado institucional que mejore la calidad de la democracia con todas las implicaciones que ello denota: la consolidación de un Estado de Derecho, el respeto por las libertades, la independencia de poderes, la profesionalización de los legisladores, la consolidación de un sistema de partidos, la ‘accountability horizontal’ (O´Donnell, 2011), entre las más significativas. Todas están relacionadas y ninguna se excluye, sino más bien se integra y complementa. La razón de la desaparición del sistema de partidos en Ecuador, según Mejía (2003), se ubica en el inicio del retorno a la democracia, lo que con el tiempo iría acumulando problemas hasta explotar:

La ley de partidos no logró su objetivo original de racionalizar la competencia partidaria. Pocos partidos políticos han logrado contundentes triunfos electora-les de manera consecutiva, casi ningu-no ha podido proyectar su presencia en el territorio nacional y en más de una ocasión, todos han sufrido escisiones internas que han debilitado aún más su capacidad de articulación política. La crítica situación del multipartidismo en Ecuador, ha repercutido sobre la conducta de la clase política y sobre el electora-do en general (Mejía, 2003: 288).

A ello, se sumaría el criterio de Pachano, quien señala, que:

… se instauró —al parecer, accidental-mente— un sistema de votación personalizada en listas abiertas (panachage), que alteró las condiciones de la representación y que sobre todo exigió nuevas estrategias por parte de los partidos. Previamente se había abierto la posibilidad de participación de organizaciones no partidistas en condiciones más favorables que las que se reconocen para los partidos (2011: 185).

 

No obstante, no se podría atribuir de manera exclusiva una determinante institucional para explicar el problema, pese a su gran importancia, ya que entre los factores que tienen mayor predominancia se observan: la imposibilidad que tuvieron los partidos para consolidarse, generar vínculos estrechos con la sociedad (Conaghan, 2003), ser verdaderos mediadores entre el Estado y la sociedad (Mejía, 2003) y representantes de la sociedad (Menéndez-Carrión, 2003).  A ello, se suma el problema de agencia,  ya que cuando llegan los partidos predominantes al poder, los resultados que acompañaron en su gestión fueron negativos en los aspectos social y económico, aunque ello no signifique que se desconozcan los avances en materia de derechos como el reconocimiento de Ecuador como país pluricultural y multiétnico en la Constitución de 1998 y país plurinacional en la Constitución de 2008, pese a que esto último no se encuentre bien definido, sobre todo en la administración de la justicia. Por lo tanto, como dice Tanaka (2003), desde el retorno de la democracia se registran avances en materia de derechos civiles y políticos en la región andina, sin embargo, estos no caminaron con la misma intensidad y profundidad en materia social.

De manera breve, se mencionan algunos indicadores económicos, aun cuando en este artículo se privilegia el factor político. Por ejemplo, el desempleo en 1988 era de 6,5% y subió al 9,25 en el 2002; el gasto social bajó de 5,1% en 1988 al 4,4% en el 2002; el crecimiento del PIB bajó de 8,4% en 1988 al 4,2% en el 2002 (Hurtado, 2006).

La mala gestión de los gobiernos, la pugna de poderes entre Ejecutivo y Legislativo, la incapacidad de generar un sistema de partidos que auspicie cooperación y sana competencia, así como, la falta de renovación de los principales cuadros, provocaron un descrédito de los partidos y los políticos, generando un contexto de antipolítica, si se usa esta categoría de análisis propuesta por Mayorga (1995). A tal punto llegó el descrédito de los partidos, que según cifras del Latinobarómetro, cada vez iban en picada: 18,3% en 1996; 15,5% en 1997; 14% en 1998 y 7% en el 2002. Una de las maneras utilizadas para enfrentar el problema ha sido la recurrencia frecuente a nuevos diseños constitucionales, llegando en la actualidad a 20 constituciones, lo que demuestra que la salida no va por esa  vía, sino que más bien se debería indagar en temas de agencia en los gobiernos, capacidad de procesar conflictos y mecanismos que permitan acuerdos entre las diferentes formas de agrupación política que predominan en la actualidad.

 

3.2. BOLIVIA

 

Para el caso de Bolivia, desde una entrada de análisis institucional, los factores que tratarían de explicar el derrumbe del sistema de partidos son el agotamiento de la democracia pactada e incluso, el presidencialismo parlamentarizado (Mayorga, 2003), las reformas que pretendieron ampliar la participación con la elección de municipios y diputados uninominales (Mayorga, 2002: 74), el prebendalismo (Pachano, 2006) caudillismo y el populismo (Laserna, 1992), la entrada de nuevos actores emergentes (Torres, 1996), la antipolítica y los neopopulistas (Mayorga, 1995 y Mayorga, 2002).Si bien, el presidencialismo parlamentarizado permitió que los partidos (MNR, ADN y MIR) lograran un acuerdo para la conducción del modelo económico, sobre la base de metas a largo plazo con el auspicio y puesta en marcha de medidas neoliberales, y así de esta manera gozar de cierta estabilidad en el juego político, este mismo modelo con el tiempo, iría acumulando las aberraciones que funcionaron bien al inicio, pero que llegaron a un agotamiento con convulsiones sociales.

En la medida que ningún presidente fue electo en primera vuelta y que el balotaje se realizó en el Congreso Nacional con los tres candidatos más votados, se gestaron escenarios en donde quien ganaba las elecciones en las urnas perdía en las negociaciones entre los bloques. Por esta razón, se dio el caso paradójico en que Jaime Paz Zamora fue electo presiden-te para el periodo 1989-1993, siendo el tercer candidato en obtener votos. Para muestra los siguientes datos: Los resultados de 1985 estructuraron un sistema de partidos que se articuló alrededor de tres actores: el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), cuyo liderazgo fue asumido por Gonzalo Sánchez de Lozada, que triunfó en tres elecciones (1989, 1993, 2002) y ejerció dos veces la Presidencia (1993-1997; 2002-2003); Acción Democrática Nacionalista (ADN), fundada por Hugo Banzer, ganadora de los comicios de 1985 y 1997, gobernante entre 1997-2002; y el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) que si bien no ganó ninguna elección, desempeñó la Presidencia con Jaime Paz (1989-1993) (Romero, 1999: 38).Por lo tanto, la elección de la primera magistratura, así como la designación de los ministros pasaba, necesariamente, por los arreglos, en donde el reparto del poder careció de toda inocencia y sobre todo, hubo proyecciones electorales más que proyectos institucionales a largo plazo, aunque se hayan respetado las políticas económicas. Se podría decir que este reparto mantuvo contentos a los caudillos de los partidos, pues funcionaba la alternabilidad. Sin embargo, esta concentración del poder en los tres partidos o mejor dicho, en los dirigentes de los partidos, comienza a dar cuenta de cierto desgaste, ya que la población de diversos sectores comenzó a demandar más atención, mejor representación  y poner temas de gran sensibilidad social en el debate nacional, como: lo étnico, las luchas de género, el medio ambiente, el uso de los recursos naturales, entre los más importantes. Como advierte Romero (2007: 38-39), la sucesión de pactos entre distintos partidos y la multiplicación de escándalos de corrupción, restaron legitimidad a los partidos que debieron resignarse a perder el monopolio de la representación y aceptar mecanismos de democracia directa. Uno de los factores que jugó en contra de los partidos fue la falta de voluntad para renovarse. Los caudillos no quisieron soltar el poder, situación similar a Ecuador y Venezuela. Mayorga señala: … los primeros intentos de democratización interna entre 1999 y 2001 resultan muy pobres. Únicamente en el caso del MNR llevó a una cierta democratización  y renovación de estructuras y liderazgos regionales y locales, mientras que en el caso del MIR y ADN , los procedimientos ilegítimos y las fracturas internas entorpecieron ambos objetivos (2005: 75).En este contexto, donde el desgaste del sistema de partidos multipartidista moderado inicia, entran en escena actores y partidos considerados como neopopulistas (Mayorga, 1995; Mayorga, 2002 y Torres, 1996), quienes capitalizan las demandas de grandes sectores (pobre-urbano, indígenas, campesinos, ambientalistas e intelectuales), ponen en la agenda electoral temas sensibles, pero además inauguran nuevas prácticas proselitistas que van de la mano con lo que se conoce como compadrazgo y padrinazgo, a cargo del líder de CONDEPA  (Consciencia de Patria), Carlos Palenque y del máximo dirigente de la UCS (Unión Cívica Solidaridad), Max Fernández. Compadrazgo y padrinazgo que se entiende como clientelismo, fortalecimiento de lealtades y “reciprocidades”. Estos dos personajes que entran a la escena política en 1989 y salen de ella en 1997, porque fallecen repentinamente, generan una voz de alerta a los partidos predominantes, ya que su presencia da cuenta que la población tiene otras opciones que no sean las mismas prebendalistas de la democracia pactada.

Pese a que CONDEPA  y UCS irrumpen con fuerza en las elecciones, nunca llegaron a disputar la presidencia y más bien, son absorbidos por el sistema que tanto criticaron. Además, nunca pudieron expandirse a nivel nacional. Es decir, tuvieron un estancamiento que no lograron superar, además que muertos sus líderes, la dirigencia (sus más allegados) no tuvieron la capacidad de consolidar instituciones orgánicas, ideológicas y con proyección a largo plazo. Como se puede ver, este momento histórico de Bolivia puso en aprietos a los principales actores; no obstante, serían las reformas al juego de representación electoral, las que abren un detonante ambiguo, pues si bien entre 1994-1996 se eligen los primeros municipios y también se introduce la figura de los diputados uninominales, los efectos son duales: mejoran la representación, nacen nuevos liderazgos, entran en escena elementos de pertenencia territorial y cultura local, pero por otra parte, los diputados uninominales actúan como gestores de políticas exclusivamente locales, dejando por fuera el criterio de lo nacional y de la articulación de un poder legislativo que no caiga en el abismo clientelar, pues estos diputados tramitan favores.  Al igual que en el caso de Ecuador, sostengo que si bien los factores institucionales son importantes para explicar el colapso del sistema de partidos, hay dimensiones que tienen un lugar protagónico y complementario como el desplome de la economía, la incapacidad de los partidos para ponerse a tono con las demandas sociales postergadas y por otro lado, también evidenciar que las iniciativas que pretendieron ampliar la participación, sacaron a flote las debilidades de los partidos, pues nacieron nuevas organizaciones, emergieron nuevos actores, lo que abrió las posibilidades de elección de otras opciones. También hubo falta de sensibilidad por parte de los partidos de la democracia pactada para introducir en la agenda temas como el étnico, el medio ambiente y el tratamiento adecuado de los recursos naturales, sobre todo del gas. Dentro de los factores económicos, por ejemplo, la gestión inadecuada por parte de Hugo Banzer y Jorge Quiroga (1997-2002), Gonzalo Sánchez de Lozada (2002-2003) y Carlos Mesa (2003-2005) para resolver los problemas de déficit, pobreza y desempleo. Sánchez de Lozada introdujo un impuesto sobre los salarios, además se ganó el rechazo de la población cuando propuso que el gas boliviano pase por puerto chileno hacia EEUU. A ello, se sumaron las medidas represivas contra la protesta que terminaron con la democracia pactada y concluir un ciclo de la historia, que para muchos fue interesante por su tipo de régimen presidencial parlamentarizado, la coalición de los partidos predominantes, la alternabilidad del poder, la aparente estabilidad económica que no supo sortear los efectos del neoliberalismo global. Un hecho que también contribuye a bien morir a los partidos, es el discurso anti-partido por parte del presidente Mesa, la irrupción de outsiders  y la organicidad que logran movimientos como el Movimiento al Socialismo (MAS), que pasan de las calles a ocupar escaños en el Congreso y de manera posterior, a la victoria histórica presidencial de su líder en primera vuelta, Evo Morales.

 

3.3. VENEZUELA

Este país petrolero fue considerado un baluarte de la democracia, ya que el régimen democrático no corrió la misma suerte de la mayoría de países, es decir, dictaduras y totalitarismos. Fue uno de los países de América del Sur con mayores años de estabilidad democrática y con un aparente sistema bipartidista sólido. Por estas razones, se creía que Venezuela podía ser un ejemplo para los países de la región. Esta situación política tuvo el acompañamiento de una favorable coyuntura económica, debido a los altos precios del petróleo hasta la década de los 80, donde la crisis eco-nómica golpeó a toda la región y puso en caos a los venezolanos, registrándose las primeras manifestaciones masivas de descontento, en esa década y en la siguiente. La excesiva dependencia del petróleo hizo que Venezuela adopte un modelo rentista, no diversifique exportaciones e incluso, como dice Alvarado (2009), que llegue en la actualidad a importar el 70% de los productos que consume. Otra de las características es el crecimiento permanente del Estado y de la sindical de trabajadores petroleros, quienes son una suerte de veto player. Este aspecto se menciona, pues las principales negociaciones de los gobiernos de turno se realizan con estos grupos.

El modelo rentista de Venezuela ha sido también denominado como populista. Alvarado (2005: 316) dice que eso se debe, porque el papel del Estado dentro de este era distribuir la renta a todo “el pueblo o sociedad”, financiando al mismo tiempo el crecimiento económico con el impulso del proceso de sustitución de importaciones, lo cual significó la transferencia de cuantiosos recursos al sector privado (créditos o incentivos para la inversión) y por otra parte, el fomento del bienestar social (dotando a la población de las condiciones y beneficios básicos para insertarse al nuevo esquema capitalista).La estable democracia llegó a su fin con la elección de Rafael Caldera en 1993. Su victoria se explica por la trayectoria político-histórica en Venezuela, el fuerte discurso anti-partido que introduce en su campaña debido al descrédito del bipartidismo por la mala conducción económica, canaliza bien los ecos del Caracazo (27 y 28 de febrero de 1989) días en que hubo saqueos, muertos y de manera posterior, los golpes de Estado contra Carlos Andrés Pérez, sin perder de vista el cansancio de la sociedad por la concentración de poderes de los partidos  y las incesantes denuncias de corrupción. En términos simples, la población se cansó de adecos y copeyanos. Sin embargo, cabe destacar que los puntofijistas habían sintonizado el descontento que venía en escalada y al igual que en Bolivia, se empujó una serie de reformas a través de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE) en 1984 (gobierno de Jaime Lusinchi, 1984-1988), para enfrentar la crisis de legitimidad del sistema político. Entre las reformas se encuentran:

… reformas políticas, descentralización, modernización administrativa, modernización del sistema legislativo, modernización de las políticas públicas, y el desarrollo de la sociedad civil. Este conjunto de reformas se dirigió directamente a los mecanismos de decisiones del nivel central a los niveles municipal y estadal. El propósito era hacer la participación política más sensata en los niveles gubernamentales más bajos, y otro objetivo disminuir las funciones de los partidos políticos en los procesos electorales (Lalander, 2002: 197). No obstante, estas reformas no se realizaron en su momento, sino que más bien fueron motivo de tema para la campaña presidencial que ganaría Carlos Andrés Pérez en 1989. Es decir, cinco años después de que fueron discutidas. Estas reformas que fueron analizadas y redactas por varios sectores de la sociedad de todos los signos políticos y diversas organizaciones, devino en similar efecto al de Bolivia, pues a pesar que adecos y copeyanos ganaron mayoritariamente las elecciones de gobernadores; sin embargo, las reformas abrieron paso para la emergencia de nuevos actores locales y la conformación y aglutinamiento de anti-puntofijistas, entre ellos los militares que dieron los dos golpes de Estado contra Pérez y sus seguidores, Hugo Chávez y Francisco Arias, antes amigos, ahora rivales políticos. Como advierte Lalander (2002: 195-196), durante el período de este estudio (1989-2001), los partidos políticos no tradicionales crecieron, como el MAS (Movimiento Al Socialismo) y la Causa Radical, que ganaron varias alcaldías y gobernaciones dentro del esquema descentralizador, amenazando así la posición casi hegemónica que los socialdemócratas AD (Acción Democrática) y los social-cristianos COPEI (Comité de Organización Política Electoral Independiente), han tenido en la política nacional desde la democratización de 1958.Otro de los efectos del colapso fue que se institucionalizó el corporativismo y redes clientelares, bajo el uso del petróleo. Las redes que gozaban de buena salud se ven minadas cuando no hay recursos que le abastezcan. En este sentido, se cumplieron las características que señala Menéndez-Carrión (1986: 94) sobre el clientelismo: a) se da entre actores de poder y estatus desigual, b) es eminentemente utilitario  y basado en la reciprocidad; y c) paternalista, particularista y privado. Constituye una forma auto-regulada de intercambio interpersonal  vertical entre “patrón” y “cliente” contingente en la retribución que ambas partes esperan obtener a través de la prestación de bienes y servicios a la otra, la cual cesa en el momento en que el beneficio esperado se materializa. En este caso, no se podría atribuir el colapso del sistema de partidos por malos diseños institucionales, ya que las reformas que se efectuaron introdujeron mejores mecanismos de representación, democratizaron —si cabe el término— la participación y descentralizaron el Estado. No obstante, pareciera que el punto de quiebre está relacionado con su atrasada puesta en marcha, además que estos cambios no fueron de la mano con la agencia de los gobiernos de adecos y copeyanos. Por otra parte, las redes clientelares implementadas gracias a la bonanza petrolera, demostraron ser más frágiles de lo que se hubiera pensado, pues se desarticularon en la medida que no se vieron satisfechas. De ahí, que los partidos pasaron a convertirse en máquinas electorales. Al igual que Bolivia y Ecuador, en Venezuela los partidos actúan bajo la sombra de los caudillos, en este caso Carlos Andrés Pérez (AD) y Rafael Caldera (COPEI, después Convergencia), quienes manejan sus partidos como algo particular, más que instituciones que deben responder a principios, mecanismos democráticos de elección, rendición de cuentas y sobre todo, no perder de vista, los lazos que se deben tejer y consolidar con la sociedad como mediadores. Estos liderazgos provocaron fracturas internas en los partidos venezolanos, habiendo corrientes afines a los principales dirigentes y otras que querían oxigenar las tiendas políticas. De esta manera, cayeron en lo que Rivas (2002: 12) denomina la pragmatización de la actividad política.  Venezuela vivió el colapso, principalmente por la mala agencia de los gobiernos de Carlos Andrés Pérez (1989-1993) y Rafael Caldera (1993-1998), cada cual abanderó programas de corte neoliberal y de ajuste estructural conocidos como el Gran Viraje y Agenda Venezuela, respectivamente.  Pérez:… pretendió paliar crisis del modelo rentista, la excesiva dependencia de un petróleo que se fue de caída. Entre las medidas se destacan las siguientes: privatización de las empresas públicas [Compañía Nacional de Teléfonos, Sistema Aeroportuario y Aerolíneas], reforma fiscal y tributaria, liberalización de tasas de interés, desregulación comercial. Estas acciones profundizaron la crisis. Caldera siguió los mismos derroteros de su antecesor, profundizando aún más la crisis, parafraseando a López y Lander (1999: 6). Para tener una idea de la crisis económica en la década de los 80: “La proporción de hogares ubicados por debajo de la línea de pobreza se incrementó de 17,73 por ciento en 1981 a 34,64 por ciento en 1991” (Kornblith, 1996: 12).Este escenario fue el caldo de cultivo para la emergencia de nuevos actores como movimientos sociales, partidos de izquierda, militares golpistas, quienes elaboraron un discurso anti-partidos, introducen la personalización de la política y una lucha constate contra el pasado. El resultado en Venezuela es la consolidación de un gobierno anti-sistema que sin embargo, se considera el más democrático de todos los antecesores.

 

  1. CONCLUSIONES EN CLAVE COMPARADA

Tomando los criterios de Roncagliolo y Meléndez (2007: 12), lo que aparece como crisis  y deterioro de las formaciones políticas es, a la  vez, síntoma y anuncio de un cambio de época: se cierra un ciclo de prácticas políticas protagonizadas de modo casi exclusivo y excluyente por partidos de larga tradición y formalmente organizados, abriéndose ahora nuevas constelaciones políticas en las que emergen formas de organización. Como advierte Tanaka (2003), habría otro factor explicativo de la crisis de partidos en la región Andina: el desgaste del quehacer político por parte de los partidos en la vida de los pueblos. En este sentido, habría que profundizar en cómo la opinión pública construye sus percepciones sobre los partidos. En los tres países hay como denominador común la falta de renovación de los líderes en los partidos. Sus principales exponentes determinaron las líneas de conducción por décadas como Paz Estenssoro, Paz Zamora y Hugo Banzer, en Bolivia; Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez, en Venezuela; León Febres Cordero, Rodrigo Borja y Abdalá Bucaram, en Ecuador. En los tres países, los graves y complejos problemas de agencia determinaron, en gran medida, el colapso del sistema de los partidos, pese a que en Ecuador no se puso en marcha el neoliberalismo, sino más bien que sus gobernantes actuaron a favor de las elites. La crisis en el sistema de partidos en Ecuador es el resultado de la incapacidad de consolidación desde el retorno a la democracia, mientras que en Bolivia y Venezuela es el resultado de un acumulado de errores en la denominada democracia pactada y el Pacto Punto Fijo. Los partidos se convirtieron en maquinarias electorales como advirtió Menéndez-Carrión (1986), respecto al caso de Ecuador, demostrando su fragilidad para sostener redes clientelares en épocas de escasez económica, situación que puede servir para analizar Venezuela. En Ecuador, a diferencia de Bolivia y  Venezuela no hubo partidos con alcance nacional, pues el grueso del electorado está en las provincias de mayor concentración demográfica (Guayas, Pichincha y Manabí).

 


 

[1] La región Andina está integrada por Venezuela,Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú y Chile. Esta denominación se usa bajo dos connotaciones: a)Acuerdo de Cartagena firmado en 1969 por los paí-ses anteriormente mencionados y que dio paso a la constitución de la Comunidad Andina de Naciones(CAN), en la cual ya no forman parte Venezuela ni Chile; b) la segunda se refiere a los países por los que atraviesa la cordillera de los Andes. Estos países tienen un bagaje socio-histórico común: lengua,religión y tipo de régimen; sin embargo, su vida política y económica responde a diferentes modelos.
[2] Frase usada con recurrencia por el presidente ecuatoriano Rafael Correa Delgado.
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Autor:  César Ulloa Tapia
Programa de Estudios Políticos-FLACSO, Sede Ecuador y Universidad Central del Ecuador (UCE). 
Contacto: enlosbordesdelapolitica@gmail.com

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