El balance geopolítico ruso en el 2014

 

por Matías Caubet

La crisis ucraniana ha sido uno de los principales conflictos en el corriente año. En dicha crisis, que hoy continua con la guerra civil en la región ucraniana de Donbass, la imagen rusa ha adquirido una gran relevancia internacional. La anexión de Crimea y la larga lista de cruces entre Rusia, por un lado, y el gobierno ucraniano y las potencias occidentales, por otro, han llegado, incluso, a puntos de escalada de tensiones realmente significativos en el escenario internacional. Si bien la política de confrontación hacia Washington por parte de Moscú se había hecho sentir en años anteriores, el año 2014, ha sido el año en el cual dichas tensiones han aumentado sustancialmente. Pero bien ¿Cuál ha sido el impacto real de estas tensiones?

Lo cierto es que dicha pregunta no tiene una sola respuesta. Por un lado se puede afirmar que la crisis ucraniana ha exacerbado un sentimiento nacional anti-estadounidense por parte de la población rusa. Siempre debemos partir del presupuesto de que dichos imaginarios repercuten incluso en las políticas gubernamentales. En este sentido el conflicto de Ucrania ha sido la coyuntura entre aspiraciones rusas por expandir su órbita de influencia en el campo externo pero a la vez  representa una expresión de asociación con el pasado ruso y soviético. Historicamente Ucrania ha sido un territorio estrechamente vinculado a la Rusia histórica –la capital del imperio ruso, antes de ser Moscú, fue Kiev mientras que, por otra parte, la palabra Ucrania en eslavo significa “territorio fronterizo”- durante varios siglos. Sin ir más lejos, la península de Crimea, anexada el 15 de marzo por la federación rusa, tuvo una estrecha asociación al pasado histórico ruso desde su recuperación en 1777 por la emperatriz Catalina la Grande. Además, el territorio ucraniano jugó un rol clave durante la segunda guerra mundial –o gran guerra patria para Rusia-. En efecto, fue el escenario de varias batallas entre el ejército rojo y la werhmatch –ejército alemán durante el periodo del nazismo-. En resumen Ucrania tuvo un rol significativo en la historia rusa de los últimos 300 años. Esto no es un dato anecdótico cuando se busca entender la gran aprobación que la anexión de Crimea tuvo para la población rusa o cuando el conflicto ucraniano ha creado posiciones extremistas entre los pro-rusos y los leales al gobierno de Kiev.

Pero además, es claro que el conflicto de Ucrania ha sido utilizado a modo de plataforma por parte del gobierno ruso para realizar un cambio de política externa que busca una proyección internacional mucho más amplia. Esto último ha llevado a un enfrentamiento explicito con los países occidentales y, en particular, con EUA. En efecto, luego de la guerra fría varias zonas, otrora bajo influencia soviética, quedaron en una situación realmente compleja, con gobiernos centrales debilitados e identidades nacionales difusas. Los conflictos de los años ’90 en Europa Oriental, o el aumento del terrorismo y el narcotráfico en Asía Central fueron claras muestras de un retroceso del aparato estatal en dichas regiones. Sin embargo, desde fines de la década de los ’90 y comienzos del nuevo milenio, el gobierno ruso ha tenido una política explicita de ir recuperando margen de maniobrabilidad tanto interna como externa. Incluso desde los años inmediatamente siguientes a la caída de la URSS hasta  el presente la política del gobierno ruso ha ido orientándose cada vez más hacia la construcción de una órbita de influencia regional a través de su participación en organismos de cooperación regional como la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) o la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), acuerdos bilaterales con los diferentes países de la región o, con intervenciones armadas en algunas situaciones (Guerra de Osetia del Sur en 2008). Dicha política ha adquirido una mayor significación en los últimos cinco años alejando cada vez más a Rusia de Europa, un pronóstico contrarío al que muchos pensaban inmediatamente luego de la guerra fría cuando afirmaban que el nuevo estado ruso se integraría, política y económicamente, a la órbita Occidental. En función de lo dicho, la reacción del gobierno ruso en el conflicto ucraniano ha respondido a diversos factores de larga y corta duración, desde imaginarios que vinculan a Ucrania a pasado histórico ruso, hasta una política deliberada del estado post-soviético por recuperar la órbita de influencia de años anteriores.

Es importante señalar, además, que el contexto internacional es un importante elemento a considerar en el análisis de la política exterior rusa de este último año. En efecto, desde hace ya más de una década se asiste a un creciente multilateralismo en las relaciones internacionales. En este sentido, el gobierno ruso se encuentra en un escenario internacional mucho más complejo y con muchas más opciones a considerar, que el viejo y rígido mundo de la guerra fría.

La reciente vinculación de Rusia con China tanto a nivel comercial como en materia de seguridad representa un claro ejemplo de compatibilidad de intereses entre ambas potencias. Particularmente este año, en el contexto de las sanciones impuestas por Occidente a Rusia por el conflicto de Ucrania, el acercamiento entre ambos países ha sido realmente significativo. Desde cooperación en ámbito energético –con especial mención el acuerdo de Gazprom (Rusia) y la Corporación Nacional del Petróleo (China) por 400000 millones de dólares- hasta la cooperación en el rubro tecnológico y en seguridad, el estrechamiento de lazos entre ambas potencias se ha hecho evidente en un escenario internacional en el cual Occidente ha tomado distancia de Rusia. Esta asociación entre Rusia y China excede el ámbito bilateral y se manifiesta, también, en organismos regionales como la ya nombrada Organización de Cooperación de Shanghái, la cual viene siendo, desde 2001, un organismo que busca mantener la cooperación entre Rusia, China y los paises de Asía Central en una agenda realmente variada.

Por otra parte, el estrechamiento de lazos diplomáticos con Latinoamérica son claros ejemplos de una situación internacional muy distante de aquella imagen unipolar que se tenía del mundo hasta hace no mucho tiempo, y completamente impensada en el marco de la guerra fría. Dicho acercamiento, si bien ha sido una constante de los últimos años en la agenda del gobierno ruso, lo cierto es que ha tomado un impulso luego de los sucesos de Ucrania.

Sin embargo, el máximo exponente actual del multilateralismo son, sin duda, los BRICS. Grupo al cual pertenece Rusia y dentro del cual, dicho país encuentra un marco de acción amplio que le permite cuestionar, de manera más sólida, las reglas de juego internacionales actualmente establecidas. La máxima expresión de ello se evidenció con la creación del Banco de Desarrollo del BRICS durante la reunión de Fortaleza en julio de este año. La creación de una institución bancaria que desafíe lo establecido por el Breton Woods, supone una crítica explicita al sistema financiero internacional por parte de las potencias emergentes.  El BRICS tomó así la decisión de modificar las reglas establecidas y se posicionó ya no solo como una caja de resonancia para las potencias emergentes, sino también como un ámbito de creación institucional realmente novedoso.

 En otro ámbito, la política exterior estadounidense viene demostrando signos de debilidad desde la crisis financiera del 2008 –si no es que antes-. Mientras Vladimir Putin, el presidente ruso, es visto como el hombre fuerte a nivel internacional, Barack Obama, el presidente de EUA, ha mostrado signos de debilidad en los últimos años como por ejemplo en el caso de la guerra civil en Siria o, más recientemente, en la lucha contra el Estado Islámico.

En definitiva la crisis de Ucrania ha sido un disparador de una tendencia ya existente por parte del gobierno ruso que, desde hace años, ha llevado a cabo una política de recuperación de sus esferas de influencia, ya no solo a nivel regional, sino ya a una escala internacional al tiempo que ha llevado a reforzar la imagen de una Rusia separada de Europa –reavivando un viejo debate en el seno de la sociedad y el estado ruso. Se podría decir que, en términos generales, la operación ha sido exitosa para el gobierno de Vladimir Putin gracias a un buen manejo de las relaciones con otros países –a nivel regional como internacional- pero también gracias a un contexto internacional mucho más cercano al multilateralismo que el contexto de hace unos años atrás. En efecto, las sanciones de Occidente contra Rusia, buscan penalizar por medio del aislamiento al gobierno ruso, pero dichas medidas olvidan un dato no menor, a saber: el mundo de hoy no es el mismo que el de 1980. Mientras el aislamiento si había funcionado en el marco de la guerra fría, hoy, debido a una situación internacional mucho más flexible, compleja y –se insiste- multilateral, ha hecho que dichas medidas no surtan el efecto esperado por parte de Occidente ya que Rusia ha encontrado nuevos mercados y nuevos socios con los cuales poder estrechar relaciones. El grupo BRICS es un claro exponente de esto pero también una manera de indicar que el siglo XXI no es el siglo XX.


Autor: Profesor Matías Caubet 

Profesor de Historia de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Argentina. Miembro del Departamento de Seguridad y Defensa del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata. Secretario del Departamento de Eurasía del mismo Instituto. Actualmente cursa la Maestría en Relaciones Internacionales. 

Contacto: matuc_09@hotmail.com


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