La cultura y el deporte como mecanismo de construcción de paz

 

por Alejandro Díaz Castro

 

Mediante la exposición paralela de los casos de Sudáfrica y San Carlos (Antioquia, Colombia), en este documento pretendo constatar la función que desempeñan la cultura y el deporte en la sensibilización de la ciudadanía y la reconstrucción del tejido de sociedades fracturadas.

 


 

Introducción

Varios son los procesos de paz que se han llevado a cabo en distintos países del mundo. Sin embargo, pocos han logrado reintegrarse y reunificarse mediante la mera implementación de mecanismos jurídicos por parte de los Estados; el éxito de su reconstrucción ha dependido notoriamente del deporte y la cultura.

Esta comunicación hace un análisis paralelo de dos casos. Uno es Sudáfrica, un país que a pesar de haber realizado negociaciones y posteriores reformas políticas para dar fin a una ideología de segregación racial conocida como apartheid, seguía dividido entre la Sudáfrica blanca y la Sudáfrica negra. Dicha segregación se disminuyó por medio de un proceso cultural y deportivo, que apoyó el mandatario Nelson Mandela, abanderado por el equipo de Rugby “los Springboks”, que logró sensibilizar y unir a la población del país sudafricano bajo un mismo sentimiento y una misma bandera.

El otro es San Carlos, un municipio colombiano ubicado en el oriente antioqueño, donde excombatientes de diferentes grupos armados están reintegrándose a la vida civil de la mano de dos proyectos: uno deportivo denominado “Los Juegos por la Paz”, y uno cultural: la organización de teatro La Gotera. Ambos casos ponen de manifiesto que la cultura y el deporte pueden ser herramientas más efectivas de reconciliación social, pues identifican desde lo local los intereses particulares de cada comunidad.

El antedicho análisis conducirá a unas recomendaciones que podrán ser útiles para un eventual proceso de post negociaciones en el territorio colombiano, deslocalizando soluciones que pueden tener repercusiones a nivel nacional e incluso internacional, teniendo en cuenta siempre que los factores socioculturales y políticos juegan un papel fundamental dentro de cada una de las regiones del país.

 

 

  1. Antecedentes históricos

¿Qué función tienen la cultura y el deporte en la construcción de la paz ciudadana? Antes de responder esta pregunta será fundamental contextualizar brevemente a los lectores respecto a los antecedentes históricos del conflicto de segregación en Sudáfrica y, de la situación que se vivió en San Carlos, Antioquia.

1.1  Sudáfrica

Entre 1948 y 1990 la República Federal de Sudáfrica practicó la política de apartheid o discriminación racial, que en todo apartaba negros de blancos y sometía el 80% de su población, que es negra, al predominio del 20%, que es blanca. Dicha política tenía como soporte la superioridad de la raza blanca, así como un discurso religioso y moral que sustentaba la supremacía de esta raza en cuanto a organización política, cultural y económica, clasificando la sociedad en cuatro grupos, acorde a la ley de registro de población. (Morales, 2011, pág. 10)

“[B]lancos”, o sea personas de ascendencia europea; africanos o “bantúes”, o sea miembros de cualquier  raza o tribu aborigen de África; “asiáticos”, o sea personas de origen asiático (en su mayoría indios o pakistaníes); y “personas de color” que son primordialmente personas de ascendencia mezclada, pero que también incluye grupos especiales tales como malayos de El Cabo. (Unidas, 1984, pág. 8)

 

1.2  San Carlos, Antioquia

El municipio de San Carlos está ubicado en el oriente antioqueño. Tiene “una extensión de  702 Km y se encuentra a 119 km de Medellín. Está conformado por ocho barrios ubicados en la cabecera municipal, tres corregimientos (el Jordán, Samaná y Puerto Garza), catorce centros zonales y 76 veredas.  Se trata de  un territorio montañoso y rico en aguas. Limita al Norte  con San Rafael y San Roque, al Oriente con Caracolí y Puerto Nare, al Sur con San Luis y al Occidente con Granada y Guatapé.” (Gómez, 2011, pág. 41)

Sus riquezas naturales y su posición geoestratégica propiciaron que actores armados como las fuerzas armadas revolucionarias de Colombia (FARC), el ejército de liberación nacional (ELN), los grupos paramilitares como las autodefensas de Ramón Isaza y luego las Autodefensas Unidas de Córdoba y Urabá (AUCC), el Bloque Metro, el Bloque Héroes de Granada y el Bloque Cacique Nutibara, las autodefensas campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU); además del (MAS) Muerte a Secuestradores; y finalmente del Ejército Nacional, ejercieran presencia con el fin de tener dominio sobre las centrales hidroeléctricas, los recursos naturales y el paso que les permitía salir al Magdalena Medio y tener control sobre la vía Bogotá- Medellín. Esto trajo consigo un sinnúmero de violencias por parte de estos grupos armados hacia los sancarlitanos; entre ellas el reclutamiento forzado, que dividió a muchas familias y en general a los habitantes del municipio.

  1. Situación actual

Después de las negociaciones para desmontar el apartheid en Sudáfrica, académicos  como Patti Londoño Jaramillo no creían en la terminación de la segregación racial debido a que, a pesar de las negociaciones, cambiar los problemas de fondo -tal y como sucede en Colombia- era especialmente difícil para los sudafricanos:

Las reformas actuales no cambiarán sustancialmente las características socio-económicas de Sudáfrica y no son más que un tenue maquillaje al sistema del apartheid. Su desmonte total depende de varios factores  inexistentes aún en la escena sudafricana. Primero, el cambio de la mentalidad de la comunidad blanca, socializada bajo las premisas de la segregación racial. Segundo, insulsas reformas no son suficientes para superar las injusticias del apartheid. Tercero, mientras que la comunidad blanca controle económica y políticamente el país, con una fuerza de seguridad que la respalde, los cambios solo serán superficiales. Cuarto, en tanto la capacidad de influencia de los grupos anti-apartheid sea débil, los dueños del poder no harán concesiones significativas. Finalmente, existirá un conflicto doméstico mientras la minoría blanca gobierne mediante la exclusión y discriminación sistemáticas de la población no blanca de Sudáfrica. (Jaramillo, 2009, pág. 12)

Sin embargo, dichos inconvenientes se solucionaron mediante la inclusión de la población negra a las dinámicas del Rugby, con un apoyo estatal y con campañas de acercamiento mediante este deporte, que tuvieron una gran acogida, a tal punto de reunir en una celebración nacional ciudadanos de las cuatro razas tipificadas en 1948, dando inicio a un acercamiento y una futura reconciliación.

En el municipio de San Carlos, Antioquia, se está realizando un proceso similar desde el deporte y el arte. En San Carlos, el fútbol y el teatro incentivan la resolución pacífica de conflictos, que es “lo que reconoce la educación para la paz [,] [donde] el conflicto constituye a menudo, un trampolín del desarrollo;  no postula la eliminación del conflicto sino  busca modos más creativos y menos violentos de resolverlo” (Salguero, 2004, pág. 53).

Un ejemplo de esto es la obra “Asfalto” del teatro La Gotera. Lo describe así doña Marly Andrea Carvajal:

Teatro la Gotera, recorrió las veredas y cuando viajábamos un día nos encontrábamos con un grupo armado, al otro día con otro pero creo que el escudo nuestro fue el arte y nunca nos pasó nada a Dios gracias y siempre estábamos en todo lado […] en la época en que se dio la masacre de la vereda dos quebradas acá en el municipio de San Carlos hubo un desplazamiento masivo, creo que fue una masacre de 20 personas y cuando se desplazó todo el mundo acá pues hubo una solidaridad inmediata de parte de la Casa de la Cultura muy abanderada del Teatro la Gotera, el teatro que hace, pues nos montamos en los sancos cogimos instrumentos con todos los músicos de acá y nos fuimos casa por casa recogiendo ropa y  enseres para las personas desplazada porque llegaban sin absolutamente nada, convertimos la casa en un acopio de las cosas que donaba la gente y nosotros organizábamos por edades y recibíamos a estos desplazados y a estas víctimas para entregarles lo que se había recogido, cuando estas personas llegaban ellos venía con mucho dolor, es que no eran meses, era un día atrás dos días atrás que habían perdido algunos a toda su familia, ellos que hacían, ellos llegaban y mientras recibían, ellos nos contaban todas sus historias, en ese momento no teníamos ninguna herramienta de acompañamiento psicosocial, nada, simplemente fue la iniciativa propia de escucharlos y de dejar que se desahogaran y empezamos a escuchar mucha información y a dar palabras de aliento […] y bueno qué hacemos acá y la iniciativa fue bueno mostremos esto a través del teatro. (Entrevista a Marly Andrea Carvajal Pérez, 06/06/2014.)

 Juegos de la Paz, San Carlos de Antioquia

La obra de teatro que salió a raíz de estas historias de desplazamiento, hambre, rabia y tristeza, expresa el conflicto de una manera no violenta y bastante socarrona. Llama la atención para que terceros conozcan el conflicto armado contado por quienes lo sufrieron día a día, y concientiza a víctimas y victimarios de que el conflicto armado no conduce a nada, mientras que con estos instrumentos se puede llegar a tener más impacto, como en efecto lo tuvo la obra de teatro Asfalto.

Otra iniciativa son “los juegos por la paz”, que nacieron en el municipio de San Carlos y que se replicaron a todo el oriente antioqueño. Al igual que las obras de teatro de la agrupación La Gotera, los juegos no sólo concientizan a víctimas y a victimarios sino que, además, tienen como objetivo buscar mecanismos alternativos a la resolución de conflictos.

Por tal motivo estos juegos no tienen árbitros sino asesores de juego, de manera que, en últimas, son los mismos jugadores quienes resuelven consensuadamente las dificultades que se presentan en el transcurso del juego. Esta táctica se viene desarrollando desde 2000, cuando San Carlos estaba en medio de uno de los conflictos más violentos que ha visto este país.

Los juegos por la paz nacen en el 2000 a raíz de lo que decimos nosotros desafortunadamente nos tocó vivir en aquella época, que fue la barbarie de la guerra en nuestro municipio, donde desafortunadamente nuestra población llego a quedar en siete mil habitantes después de tener una población aproximada de 37 mil habitantes y un grupo de amigos que se quedó en el municipio buscando la solución se dio la tarea de conformar los juegos por la paz y la integración del oriente antioqueño, lo cual permitiera integrar los municipios vecinos y mostrar la otra cara del municipio de San Carlos […] y que a través del deporte de los juegos por la paz se empezará a proyectar esto no solo para la región sino para el departamento y el país. [estos juegos buscaban] la reconstrucción, recuperación del tejido social en nuestro municipio, en nuestra región, en nuestro departamento, en nuestro país, empezar con nuestros coterráneos a estrechar lazos de hermandad empezar a visionar un país con más futuro donde a través del deporte se empiece a crear una motivación buena, bonita, donde los jóvenes tengan alternativas de vida, y no tengan que utilizar los mecanismos y los recursos que desafortunadamente algunos de ellos emplearon en el pasado y nos dejan tristes recuerdos por eso esto es uno de los objetivos por los que más se prioriza los juegos por la paz. (Entrevista con Edgar David Londoño Sánchez 07/06/2014.)

Como podemos apreciar, la educación para la paz puede implementar otros mecanismos culturales con el fin de tener una paz estable y duradera.  La cátedra por la paz puede complementarse con mecanismos incentivadores sean propios de cada región, que partan de las actividades y habilidades locales, que realmente impacten, tal vez no en todo el país, no en todas las personas, pero sí en parte de la comunidad. Por ejemplo, algunos raperos se han reunido para impactar a jóvenes que les gusta este género con su canción “conspirando por la paz”; esta canción tal vez no impacte a músicos de conservatorio, pero tal vez los jóvenes de las comunas de Medellín –para quienes en un principio fue compuesta- sí reciban el mensaje y mediante estos grupos representativos de este género se tenga un impacto.

Conclusión 

Para concluir podemos decir que el arte y la cultura son maneras de sensibilizar las comunidades. Debe aprovecharse mejor esas herramientas  teniendo en cuenta que “no es fácil optar por este camino, pero resulta ciertamente dinámico, retador e interesante. Ya que, la paz no es  simplemente un estado de existencia en que los individuos acepten con pasividad el status quo sino que, por el contrario, se trata de un espacio activo, que busca modos no violentos y creativos de relacionarse.” (Salguero, 2004, pág. 56)

De esta manera, es recomendable que se trabaje con las comunidades identificando localmente los proyectos artísticos, culturales y deportivos que motivan en la región, para complementarlos con la implementación de políticas públicas post acuerdo; invirtiendo más dinero en la educación y cultura, para no seguir cargando a cuestas la vergüenza de encontrar o disponer recursos para preparar o hacer la guerra, mientras dedicamos muy pocos para lo construcción de paz. No es de extrañar, por eso, que en el mundo hayamos acumulado tanta experiencia para hacer la guerra y poca sabiduría para la construcción de paz.  (Fisas, 2004, pág. 41)

Recomendaciones

Partir desde lo local hacia lo regional o nacional es en ocasiones más eficiente, eficaz y efectivo que la centralización del poder, por ende nunca está de más mirar qué es lo que se está haciendo desde lo local para la construcción de paz, teniendo en cuenta que existen externalidades propias de cada región que condicionan la transferencia de buenas prácticas de una región a otra. No obstante,  no se puede olvidar ni omitir lo que desde las regiones o pequeños municipios se hace para sensibilizar a la sociedad en un eventual escenario de post acuerdos.

En segundo lugar, se ha demostrado que a lo largo de los años, tienen más efecto las formas alternativas tales como la música y el arte, para mantener los acuerdos de paz, realizados durante una previa negociación, que las cátedras de paz que en la actualidad está proponiendo el actual gobierno de Colombia.

En tercer lugar,  y analizado los últimos triunfos logrados por algunos deportistas colombianos en el exterior, es más sensato incrementar recursos y esfuerzos en el deporte para cambiar el imaginario colectivo del país, siendo más eficiente apostarle al deporte, como lo ha demostrado James Rodríguez, Falcao García, Nairo Quintana, Catherine Ibarguen,  entre otros deportistas, que han exportado otra cara de Colombia, diferente a la del narcotráfico y la guerra.

Finalmente, para acabar definitivamente con el conflicto violento en Colombia, se debe trabajar en educación, deporte y cultura, pues mientras sigamos viendo como enemigo a un hincha rival, no habrá cura para esta sociedad, mientras sigamos viendo como  ignorante aquel que cree y profesa otra religión, no habrá cura para esta sociedad y, lo que es peor aún, mientras la falta de educación incremente la brecha de desigualdad entre ricos  y pobres, no habrá cura para esta sociedad.


Bibliografía

 

  • Canción (conspirando por la paz) (2013)  Telemedellín. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=6S9YP96hZc4 recuperada el día 31 de agosto de 2014.
  • Fisas, V. (2004). Procesos de paz y negociación en conflictos armados. Barcelona: Paidós Ibérica S.A.
  • Gómez, G. S. (2011). San Carlos Memorias del éxodo de la guerra. Bogotá- Colombia.: Ediciones Semana.
  • Jaramillo, P. L. (2009). La Sudáfrica Del Apartheid: El Mundo en un Solo País. Universidad de Texas.
  • Morales, A. C. (2011). La incidencia del Rugby en la consolidación de la Sudáfrica post-apartheid. Periodo1992-1995. Bogotá: Universidad del Rosario.
  • Teatro la Gotera. (2014) Obra de teatro Asfalto, disponible en:  https://www.youtube.com/watch?v=7z6BcfqvqlM  recuperada el día 31 de agosto de 2014
  • Salguero, J. M. (2004). Educar para la paz el caso de un país dominado por la violencia: Colombia. Madrid: Universidad Complutense de Madrid.
  • Unidas, N. (1984). Un delito contra la humanidad. Preguntas y respuestas sobre el apartheid en Sudáfrica. Naciones Unidas.

 

 

Autor: Alejandro Díaz Castro

Profesional en Relaciones Internacionales egresado de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano y estudiante de ciencia política de la misma Universidad. En la actualidad se desempeña como columnista del periódico el Campesino, así como, colaborador en portales como Estudiantes Doxa. Co-fundador de la Asociación Colombiana de Estudiantes de Ciencia Política y, apasionado por la escritura.

Email: alejandro_diazcastro@hotmail.com

Twitter: @AlejoDiazCastro 

 


 

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