Movimientos Sociales y Tecnologías de la Información y Comunicación. Hacia una nueva teorización.

 

Manifestación, Antonio Berni. 1934.

Manifestación, Antonio Berni. 1934.

 

por Sebastián Andrés Massa Slimming

 

Los cambios políticos, económicos, sociales y culturales que envolvieron a las sociedades capitalistas generaron un problema para analizar a los movimientos sociales. La distancia entre la realidad empírica y los marcos teóricos de entonces dan inicio a dos tradiciones que surgieron más por proposición que por oposición: a) por un lado, la TMR nacida en EE.UU como un intento de responder las nuevas formas organizativas que estaban teniendo los comportamientos colectivos; b) y por otro lado la teoría de los NMS surgida en Europa, como resultado de las nuevas experiencias del ecologismo, el feminismo, el pacifismo, entre otros.

Si la TMR estudia a los MS en función de sus formas organizativas y cómo son movilizados los actores, los NMS explican por qué se movilizan dichos actores. De este modo es que el autor considera que es posible integrar en un punto convergente a ambas teorías, puesto que aportan conceptos claves para el entendimiento de los nuevos movimientos sociales en el contexto de la sociedad en red y la globalización de las tecnologías de la información y comunicación.

Antecedentes preliminares

Al comienzo de la década de los 70’ y fines de los 80’ el modelo de desarrollo capitalista keynesiano entró en una fase de crisis sin precedentes. Fue una crisis que dejó al centro del debate la forma en cómo debían ser llevado a cabo los procesos económicos de los países particularmente latinoamericanos.

El modelo keynesiano (conocido así por su mentor John Maynard Keynes), que en su momento originó prosperidad social y estabilidad económica durante el transcurso del siglo XX, se caracterizaba fundamentalmente por establecer un tipo de desarrollo basado en la promoción del Estado garante de los servicios, los derechos básicos (educación, salud y vivienda) y los deberes de los ciudadanos (marco jurídico). De este modo, el Estado se convirtió en la institución moderna por excelencia que integraba y movilizaba a la sociedad civil, actuando protagónica y proactivamente tanto en la esfera social (a través de inversiones de gasto público) como en la esfera económica (impulsando y/o dirigiendo la economía). Esto significa que la dimensión estatal es la que tiene mayor preeminencia, o en otras palabras, una mayor visibilidad frente a la dimensión del mercado y la sociedad.

La crisis en la cual entra el modelo fue provocada por múltiples causas, trayendo explicaciones desde diferentes perspectivas. Aquella que genera mayor consenso en la literatura es el aumento del precio del petróleo entre 1974 y 1979 junto con los efectos colaterales (inflación en algunos países) que acarreó dicho aumento (Castells, 2000). No obstante, existen otras razones más abstractas a partir de enfoques economicistas (North, 1998) y sistémicos (Luhman, 2002). Dichos enfoques parten de la consideración o premisa de que a medida que aumentaron las demandas en el “Estado de bienestar”, menor fue la posibilidad por parte del Estado de responder ante la crisis. El aumento generó una sobreacumulación de demandas, de modo tal que el Estado fue incapaz de resolverlo. En suma, la sobreacumulación fue consecuencia de la incapacidad de algunos actores del sistema para tomar una decisión racional.

Ante la crisis descrita anteriormente, los gobiernos inician una fase en donde se comienza a reestructurar profundamente la economía, formando inicialmente una nueva forma societal surgida por la interacción entre la estructura organizativa del capitalismo y las nuevas tecnologías de información y comunicación (TIC).

El proceso de reestructuración del capitalismo y el auge de la «sociedad en red». La perspectiva de Manuel Castells.

            Tras la crisis que desmanteló al “Estado de bienestar”, se da un proceso de reestructuración del capitalismo que se caracterizó ante todo por independizar a las esferas de la economía, la política y la sociedad, dejando de ese modo al mercado desregulado por parte del Estado y a una sociedad civil que comienza a replegarse en el ámbito cultural. En concreto, la reestructuración significó la globalización de la producción, la flexibilidad en la gestión empresarial en detrimento del movimiento sindical, la intensificación de la producción a escala mundial, la privatización de entidades públicas, la reducción considerable del gasto público y la interdependencia económica-mundial (Castells, 2000).

            Manuel Castells (2001) señala que el proceso de reestructuración no podría haber sido tal si no ocurre al amparo de la revolución de las tecnologías de información y comunicación. Para lograr una economía interdependiente a escala planetaria fue necesario el control de los flujos de información y el dominio del conocimiento. De modo que las TIC proporcionen la base material para el desarrollo de la estructura –la red- que constituye la base de expansión del capitalismo, lo que lo hace global y permita una rápida difusión de los capitales financieros (Gainza, 2006:17).

La relación entre economía, sociedad y Estado cambia abruptamente, transformando por lo tanto el modo de desarrollo que imperaba hasta ese momento. Si anteriormente el industrialismo marcaba las pautas de las relaciones sociales ahora serán las TIC. Castells (1995) respecto a lo anterior mencionará el auge de una nueva era de la información y su concomitante forma social conocida como “sociedad en red”. Esta última sustentada en un nuevo paradigma tecnológico basado en lo que el autor denomina “informacionalismo”. Es decir, la acción del conocimiento sobre sí mismo como principal fuente de productividad (Castells, 2001). En efecto, las propiedades y características del nuevo modelo se refieren a:

  • Las formas en cómo es procesada la información.
  • La flexibilidad de las organizaciones en la producción, consumo y gestión.
  • La información que constituye tanto la materia prima como el producto.
  • La búsqueda de conocimiento e información.
  • La dependencia del capital financiero sobre las TIC para operar globalmente.

Todas estas propiedades y características dan a entender que las sociedades están siendo estructuradas en condiciones totalmente distintas a como han sido pensadas hasta el momento. En el contexto de esta nueva sociedad, definida como una estructura social resultante de la interacción entre el nuevo paradigma tecnológico y la organización social en toda su extensión (Castells, 2005: pp.3-4), la red de comunicación digital es la columna vertebral de la sociedad en red, porque la comunicación trasciende fronteras y permite establecer el funcionamiento de esta nueva estructura social (Castells, 2005). En el fondo, esta sociedad materializa un modo nuevo de producir, comunicar, gestionar y vivir (Castells, 2000) pero independiente de ese nuevo ethos, el autor señala:

[…] “Así, la nueva sociedad que surge de ese proceso de cambio es tanto capitalista como informacional, aunque presenta una variación considerable en diferentes países, según su historia, cultura, instituciones y su relación específica con el capitalismo global y la tecnología de la información” (Castells, 2000:43).

Sin lugar a dudas, el proceso de reestructuración del capitalismo no hubiese sido del mismo modo que sin las TIC, de modo tal que para lograr la expansión fue necesario articular la interdependencia entre las redes, las TIC propiamente tales y la globalización. Esa interdependencia genera o contribuye a la forja de una economía interconectada, a Estados que cada vez pierden más fuerza por el ascenso de la propia economía y a la adopción de un proyecto societal que se perpetúa y/o modifica a partir de la creatividad. Todos estos cambios han traído como consecuencia el surgimiento de nuevos actores, la irrupción de nuevas prácticas sociales y nuevas formas de abordar los conflictos sociales, caracterizados por un repliegue hacia la identidad como principio organizativo de esta nueva sociedad en red.

En consecuencia, frente a la consolidación y constitución de la sociedad en red, la fragmentación de la sociedad por el flujo y volatilidad de la globalización, se pone de manifiesto la idea de que la comunicación actuaría mediante lógicas desterritorializadas y atemporales. Por lo tanto, es en dicho contexto donde entra el análisis de los nuevos actores que emergen como resistencia y contra-parte en el sistema red, el ejercicio del poder en el espacio híbrido (producto de la interacción en el espacio virtual/físico) y la batalla por los códigos, valores y significaciones culturales que giran en torno a una sociedad determinada.

Teoría de los Movimientos Sociales.

El proceso de reestructuración capitalista dio auge a un nuevo modelo de desarrollo basado en las TIC, más conocido como la sociedad en red. En esta sociedad subyace el conflicto en torno a los valores y patrones culturales simbólicos en donde los actores -que resisten a las normas enraizadas- disputan su control y la instalación de un nuevo proyecto societal. Siguiendo la descripción precedente, el marco teórico del autor que suscribe la presente tesina, parte de la consideración que para comprender las unidades de análisis es necesario constituir una operación ecléctica que integre la «Teoría de la Movilización de Recursos» (TMR) y la «Teoría de los Nuevos Movimientos Sociales» (NMS), ya que, mientras la TMR aporta conceptos claves para un examen analítico de los movimientos el enfoque de los NMS describe mejor a los movimientos actuales (Candón, 2011: 64).

Tras la incapacidad de los enfoques clásicos para explicar la emergencia de los nuevos movimientos sociales y sus cambios en las formas de acción colectiva, surgen nuevas perspectivas a partir de los años 70’, que suponen una renovación teórica en el círculo académico de la teorización de los movimientos sociales. Los enfoques clásicos iban desde: a) la psicología de masas (1920-1930), que basaba sus reflexiones en el comportamiento gregario de las masas como una realidad patológica, motivadas e impulsadas por causas estrictamente irracionales; b) el enfoque del comportamiento colectivo (1920-1930), que parte de la consideración que los movimientos sociales son más bien expresión de los cambios y transformaciones sociales, tales como la urbanización, la modernización económica y otros; c) el estructural-funcionalismo (1950-1960), centrado en aspectos macroestructurales y que analiza a los movimientos sociales en función de la incapacidad del propio sistema para generar integración y cohesión, provocando de este modo tensiones que se traducen en conductas desviadas, anomia y disfunción social; d) la privación relativa (1960), que entiende a los movimientos como resultado de presupuestos psicológicos, derivado de la frustración de los individuos respecto a sus expectativas.

Aunque dando una respuesta(s) crítica(s), la perspectivas nacientes en los años 70’ surgen más por proposición que por oposición, debido a que en los años 60’ comienza una oleada de movimientos que en sus características no podían ser explicados por los enfoques de entonces (Berrío, 2006), visibilizando la distancia creciente entre los marcos teóricos para la comprensión de los MS y la realidad empírica. Es así como dos posturas principales comienzan a establecerse en EE.UU y Europa. La TMR desarrollada en EE.UU como una tradición que cuestiona las premisas psicológicas de las teorías predecesoras (privación relativa, comportamiento colectivo y psicología de masas) y las interpretaciones macroestructurales (estructural-funcionalismo), por entender a los movimientos como síntomas de una tensión social. Por su parte, la teoría de los NMS elaborada en Europa, evidenciando la importancia que tiene la ideología y los procesos de construcción identitaria para iniciar una movilización y encuadrar la acción colectiva a través de una deliberación intersubjetiva.

Teoría de Movilización de Recursos (TMR).

La TMR surge aproximadamente en los años 70’ como un intento de respuesta hacia la imposibilidad de los enfoques clásicos para comprender el nuevo contexto de los movimientos en EE.UU. Influenciada principalmente por la corriente del rational choice de Mancur Olson (1965), considera como punto de partida la participación de los individuos en una acción colectiva guiado por un cálculo de costes y beneficios de manera racional. La racionalidad por lo tanto será el eje mediante el cual se entenderá la acción colectiva, en donde individuos o grupos utilizan estrategias para movilizar recursos y así lograr la consecución de los objetivos propuestos.

La acción colectiva se analiza como pérdida, intercambio, creación o redistribución de los recursos, examinando la variedad de recursos que deben ser movilizados, las conexiones de los movimientos con otros grupos, la dependencia de los movimientos del apoyo externo para el éxito y las tácticas usadas por las autoridades para controlar o incorporar a los movimientos (Mc Carthy & Zald, 1977: 1213).

Dentro de sus principales exponentes figuran John Mc Carthy y Mayer Zald, que en The American Journal of Sociology (1977) sintetizan parcialmente la teoría emergente:

  1. La TMR critica la presunción de que los movimientos sociales se originan por efectos mecánicos de crisis estructurales, como también de la creencia inacabada de que los comportamientos colectivos obedecerían a privaciones. En ese sentido realiza una crítica acuciosa sobre la postura de Ted Gurr, Neil Smelser, Talcot Parsons, et al.
  2. Si la TMR se basa en la racionalidad de la acción como principio rector, los movimientos se verán atravesados por lo que Olson (1965) denominó “el dilema de la acción colectiva”. Más conocido como el problema del free rider, supone que en una acción colectiva existe la posibilidad de que un individuo no participe dentro de ella, pero igualmente obtendrá beneficios (si es que se obtienen buenos resultados), a pesar de no asumir costes de participación dentro de dicha acción. Para su solución se encuentran los grupos sociales (y no los individuos en sí), que vendrían a limitar los problemas ligados a la acción colectiva, ya que estos pueden movilizar de mejor modo los recursos para organizar, coordinar y motivar la participación.
  3. La agregación de recursos son cruciales para concebir las actividades de un MS. Esta agregación requiere al menos mínimamente de algún grado y forma de organización. De modo tal que un MS, definido como una estructura de opiniones y creencias que representa preferencias para cambiar algunos elementos de la estructura social (Mc Carthy & Zald, 1977: 1216-1217), requiere de una organización que interprete esas opiniones y creencias.
  4. Los costos y beneficios son profundamente afectados por causas externas a la misma organización del MS. En estas causas externas se encuentran tanto dimensiones coyunturales como dimensiones estructurales.
  5. En cuanto a sus estrategias y tácticas, la TMR afirma que es posible establecer una interacción entre el sistema político y los MS. Ya que estos utilizan diversas fórmulas para persuadir a las masas, cambiar la opinión de las elites transformándose en simpatizantes, etc. El problema ocurre cuando los MS no utilizan las estrategias correctas para conseguir los fines.

En síntesis, las explicaciones dadas por la TMR no pueden generalizarse, dado que sus actores difieren en el núcleo explicativo del surgimiento, evolución y desarrollo de los movimientos sociales (Berrío, 2006:228). La razón radica en que mientras algunos autores acentúan la disponibilidad de recursos (cuántos recursos dispone y/o asegura un MS para llevar a cabo una acción colectiva exitosa) o las formas de organización (qué es lo que cambia a los MS), otros matizan la importancia de los procesos de movilización (cómo se movilizan los recursos dirigidos hacia un objetivo) y las estructuras de oportunidades políticas (cómo surgen los MS).

Principales postulados de la TMR.

Según J. Craig Jenkins (1994:7), la TMR se sistematiza en los siguientes postulados:

  • “Las actuaciones de los movimientos son respuestas racionales de adaptación a los costos y beneficios de diversas líneas de acción;
  • Los objetivos básicos de los movimientos se definen por conflictos de intereses que se construyen como relaciones de poder institucionalizadas;
  • Los agravios que dichos conflictos generan son suficientemente ubicuos como para que la formación y la movilización dependa de cambios en los recursos, en la organización del grupo y en las oportunidades para la acción colectiva;
  • La organización formalmente estructurada y centralizada de los movimientos es más típico de los movimientos sociales modernos, y resulta más eficaz que las estructuras descentralizadas e informales de cara a la movilización de recursos y al incremento continuado de los desafíos.
  • El éxito de los movimientos está determinado de forma importante por factores estratégicos y por los procesos políticos en los que éstos tienen lugar”.

Teoría de los Nuevos Movimientos Sociales (NMS)

Mientras en EE.UU el estudio de los movimientos sociales giraba en torno a la movilización de recursos y la acción colectiva en relación a los procesos políticos (sean coyunturales o estructurales), en Europa aparece una nueva tradición que daría cuenta de un análisis que se ciñe de las nuevas experiencias de los movimientos sociales, a la luz de un contexto marcado por la crisis del Estado de Bienestar y el surgimiento de nuevas identidades marcadas por las luchas del ecologismo, el feminismo, el pacifismo, etc.

La nueva tradición en Europa ya no enfatizaba la importancia de los recursos (materiales o no) para movilizar a un actor social, sino que para ella era conditio sine qua non el elemento fundamental de la identidad. Los recursos por sí mismos no eran indicios de una correlación entre movilización de la acción colectiva y recursos. O dicho de otra manera, la teoría de los NMS media entre la organización, la estructura de oportunidad política y movilización de recursos, atribuyendo de este modo al factor identitario un rol sustantivo para la construcción de la acción colectiva. Es decir, la movilización no sería tal si es que no hay un proceso de construcción identitaria (Melucci, 1991;1995) en la cual se establezcan significados y definiciones compartidas sobre una particular situación (framing process).

 

Principales postulados de los NMS.

  • La perspectiva marxista es insuficiente para explicar los nuevos conflictos desarrollados en las sociedades postindustriales, puesto que hay un desplazamiento desde el campo económico hacia esfera cultural (Touraine, 2006).
  • La sociedad capitalista contemporánea da lugar a la autonomía de los distintos campos de actividad social, en el sentido de que la lógica propia de un campo no actúa de manera directa y determinante sobre otro campo de actividad social (Chihu, 1999:46).
  • Los MS estarían constituidos por una naturaleza diversa y plural, evidenciando la multiplicidad de actores adyacentes en torno a causas que se hacen comunes gracias al proceso de construcción identitaria (Polleta & Jaspers, 2001)
  • Los MS tienen una estructura de organización flexible, difícil de aprehender conceptualmente bajo categorías de antaño porque hay una relativa independencia del sistema político institucional, sumado a que las intervenciones se encuentran interconectadas y descentralizadas producto de los cambios políticos, económicos y culturales (Castells, 1998).
  • Los NMS más que organizaciones formales están protagonizadas por redes o áreas de movimiento, como una red de grupos que comparten una cultura de movilización y una identidad colectiva (Candón, 2011:51).

 

La disputa por la producción social y cultural. La «Sociología de la Acción» según Alain Touraine y la «Teoría del Poder» según Manuel Castells.

En el escenario de crisis estructurales y su concomitante reestructuración capitalista, la configuración de una nueva sociedad fundada en los principios rectores de la información y el conocimiento, el auge de nuevos actores suscitados por el impacto de la globalización, conlleva a que tanto Alain Touraine como Manuel Castells desarrollen sus principales postulados sobre el modo en que las sociedades dialogan con el poder.

Touraine y Castells parten del presupuesto que a las sociedades le es inherente el conflicto, puesto que los actores desarrollan lazos, construyen principios, valores y significados en el que interactúan socialmente. La sociología de la acción de Touraine (2006) puede sintetizarse en los siguientes planteamientos:

  1. La sociedad es producción conflictiva de ella misma.
  2. En dichas sociedades hay formas de acción conflictivas organizadas y conducidas por un actor colectivo contra un adversario por el control de un campo social (Touraine, 2006:262).
  3. Los movimientos sociales son productos de la modernidad y la acción de los nuevos movimientos no puede identificarse netamente como un tipo de acción dirigida al Estado, sino que hay espacios y campos en disputa.
  4. En la sociedad, donde están arraigados los patrones culturales, existe una élite dominante y grupos dominados, dándose un conflicto –al margen del Estado- por el control de la historicidad, es decir sobre cómo los actores construyen la historia a partir de los valores, significados, modos y visiones.

Del mismo modo en que Touraine siembra los principios del conflicto inmanente en una sociedad, Castells sentará las bases para la comprensión de la complejidad en las sociedades, sustentadas al alero de las TIC y la relación existente entre la comunicación y el poder. Análogo a los planteamientos reseñados de Touraine (2006), Castells sostendrá que las sociedades están definidas por relaciones de poder, un poder que en palabras del autor se difunde en redes globales de riqueza, poder, información e imágenes, que circulan y se transmutan en un sistema de geometría variable y geometría desmaterializada (Castells,1998:399). Esto último haría mención a la idea de que el poder puede circular e interactuar de manera híbrida entre el espacio urbano y el espacio virtual (ciberespacio).

Las principales premisas en las cuales se sustenta Castells para analizar los nuevos movimientos sociales (2009; 2012) son:

  1. Que las relaciones de poder constituyen el fundamento de la sociedad. Similar al planteamiento de Touraine, de modo que ambos convergen en cuanto a que las sociedades están adscritas por un conflicto ínsito.
  2. El poder se ejerce ya sea mediante coacción o manipulación mental.
  3. Donde hay poder existe contrapoder. Castells, siguiendo a Foucault, aseverará que dicho contrapoder por lo general se pone de manifiesto en los nuevos movimientos sociales que atraviesan el espacio urbano como el ciberespacio.
  4. Todos los sistemas institucionales son un reflejo de las relaciones de poder. Los sistemas institucionales pugnan por establecer sus valores a los actores adyacentes de una sociedad.
  5. El poder necesita construir legitimidad. El ejercicio del poder necesita tanto consenso como aceptación para así circular sin mayores obstáculos por las diferentes esferas.

Bajo esos parámetros, los nuevos movimientos sociales que surgen en la actualidad tienen que construir un nuevo espacio público porque como el espacio público institucional -el espacio designado constitucionalmente para la deliberación- está ocupado por los intereses de las élites dominantes y sus redes, los movimientos sociales tienen que labrarse un nuevo espacio público que no se limite a Internet (Castells, 2012: 27). Desde ese punto de vista, las sociedades que están fundamentadas por las relaciones de poder, ejercen su poder ya no tanto por la coacción sino que ya por la manipulación. En el contexto de la era de la información, la manipulación de los símbolos circundantes en una sociedad determina de buena manera la configuración de los actores y esta manipulación se ejerce mediante la programación y conexiones de redes. La razón central es que la identidad también está marcada por relaciones de poder, puesto que esta es un proceso de construcción del sentido atendiendo a un atributo cultural o un conjunto relacionado de atributos culturales, al que se le da prioridad sobre el resto de las fuentes de sentido (Castells, 1998: 28).

Los nuevos movimientos sociales surgidos como contrapoder muchas veces no son programáticos debido a la descentralización de la red. Asimismo las reivindicaciones son múltiples, las motivaciones son variadas y pretenden construir una autonomía que esté al margen de las instituciones públicas tradicionales. Estos movimientos surgen como un big bang, que empieza con la transformación de la emoción en acción, donde la superación del miedo (primer principio para constituirse como MS según el autor) y el clamor por la injusticia den paso al sentimiento de ira y su posterior esperanza depositado en el cambio social (Castells, 2012)

En conclusión, siguiendo a Castells (1998:399), el poder es una función de una batalla interminable en torno a los códigos culturales de la sociedad. Los movimientos sociales se constituyen para pugnar por los códigos y pregonar un cambio social, influyendo e intentando atraer por ejemplo la atención de los medios de comunicación, mediante la dramaturgia de la acción colectiva o experimentando la innovación cultural en sus formas de organización y acción (Candón, 2011:62). En la sociedad en red los movimientos tienen la peculiaridad de auto comunicarse en redes horizontales a través de las herramientas que dispone el ciberespacio.

Ambos autores le confieren importancia al conflicto y al poder, uno partiendo de la base que la sociedad es productividad conflictiva en sí misma y el otro considerando las relaciones de poder como fundamento de la sociedad. La batalla por los patrones y/o códigos culturales gira en torno a los aspectos identitarios, funcionando estas últimas como fuentes de sentido que dan origen a la acción social. El conflicto ya no descansa en el sistema económico sino que se traslada hacia el campo cultural, centradas en cuestiones de género, medioambiente, DD.HH, étnicas, feministas, estudiantiles, entre otros. No obstante, eso no significa que el conflicto económico no sea fundamental ya que puede darse una mixtura entre posturas que conciernen a temáticas que pueden ser consideradas clásicas y reivindicaciones exclusivamente modernas.

Conclusiones

            Sin la globalización y el desarrollo de las TIC no hubiese sido posible la reestructuración del capitalismo, puesto que la globalización -entendida como el proceso mediante el cual las actividades funcionan en tiempo real y a escala planetaria- posibilita, a través de las TIC, la constitución de una nueva economía y una nueva sociedad (Castells, 1999).

            Junto a estos procesos, la identidad comienza a tomar un rol nunca antes visto debido al repliegue de los individuos hacia la esfera cultural. El auge de la identidad se explica por el vaciamiento histórico de las instituciones y organizaciones generadas por la globalización. O dicho de otro modo, el desarrollo de las identidades es consecuencia de una crisis del Estado-Nación y la sociedad emergente. Pero, a pesar de los cambios tecnológicos, económicos y culturales, el Estado no desaparece, sino que se transforma en «sociedad en red» y para efectos del Estado, en «Estado-Red» (Castells, 1999).

            Por consiguiente, los cambios políticos, económicos, sociales y culturales que envolvieron a las sociedades capitalistas generaron un problema para analizar a los movimientos sociales. La distancia entre la realidad empírica y los marcos teóricos de entonces dan inicio a dos tradiciones que surgieron más por proposición que por oposición: a) por un lado, la TMR nacida en EE.UU como un intento de responder las nuevas formas organizativas que estaban teniendo los comportamientos colectivos; b) y por otro lado la teoría de los NMS surgida en Europa, como resultado de las nuevas experiencias del ecologismo, el feminismo, el pacifismo, entre otros.

            En síntesis, si la TMR estudia a los MS en función de sus formas organizativas y cómo son movilizados los actores, los NMS explican por qué se movilizan dichos actores. De modo que es posible integrar en un punto convergente a ambas teorías puesto que aportan conceptos claves para el entendimiento de los nuevos movimientos sociales.


Referencias Bibliográficas

  • CANDÓN, J. (2011). Internet en movimiento: nuevos movimientos sociales y nuevos medios en la sociedad de la información. Tesis Doctoral. Universidad Complutense de Madrid. España.
  • CASTELLS, M & CARDOSO, G. (2005) (eds). The Network Society: From Knowledge to Policy. Washington, DC: Johns Hopkins Center for Transatlantic Relations.
  • CASTELLS, M. (1998). La era de la información. Economía y sociedad. El poder de la identidad. Vol° 2. Alianza editorial. Madrid.
  • (2000). La era de la información. La sociedad en red. Vol° 1. Alianza editorial. 2ª ed. Madrid.
  • GAINZA CORTÉS, C. (2006). Acciones sociales, redes y nuevas formas de acción colectiva. Tesis para optar al título profesional de Sociólogo. Universidad de Chile, Santiago.
  • LUHMAN, Niklas (2002). Teoría política en el estado de bienestar. Alianza Universidad, Madrid.
  • MC CARTHY, J & ZALD, M. (1977). Resource mobilization and social movements: A partial theory. The American Journal of Sociology, Vol. 82, No. 6. pp. 1212-1241.
  • MELUCCI, A (1991). La acción colectiva como construcción social. Estudios Sociológicos IX: 26.
  • (1995). “The process of collective identity.” In Social Movements and Culture, edited by Hank Johnson and Bert Klandermans. Minneapolis, MN: University of Minnesota Press.
  • OLSON, M (2002). The logic of collective action. Public goods and the theory of groups. Department of Economics of Harvard University. [En línea] http://outsidethetext.com/archive/Olson.pdf
  • POLLETTA, F & JASPERS, J. (2001). Collective identity and socialmovements. Annual Review of Sociology. Vol. 27.
  • TOURAINE, A. (2006). Los movimientos sociales. Revista Colombiana de Sociología. N°27. pp. 255-278.

 

Autor:  Sebastián Andrés Massa Slimming

Cientista Político, Diplomado América Latina, Desarrollo y Cultura: Desafíos de la Globalización por la Universidad de Santiago y actualmente cursando el Magíster en Ciencias Sociales Mención Sociología de la Modernización en Universidad de Chile. Su principal línea de estudio es la vinculación entre los movimientos sociales y las tecnologías de información y comunicación (TIC’s).

@smassas


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