¿Es posible la Democracia en Siria?

 

 

por Federico Della Colletta

 

 

Introducción:

Explicar la relevancia y transcendencia que ha tomado el conflicto sirio con la aparición de estos últimos meses del fenómeno del Estado Islámico sin antes explicar cómo Siria evoluciona con la primavera árabe sería una omisión considerable a fin de entender que pasa en este país del Oriente Medio. Es por eso que enmarcados con el objetivo de dilucidar dicho fenómeno regional nos permitiremos realizar un desarrollo histórico de dicho país a fin de visualizar y plasmar la gravedad del conflicto y por último poner a la luz del sistema internacional si es factible el desarrollo de una república democrática, con instituciones estables y derechos como la libertad de expresión, la igualdad ante la ley y la consolidación de un Estado de Derecho Laico.

Sobre estos pilares es donde vamos hacer hincapié nuestro análisis que posteriormente utilizaremos a fin de realizar la comprobación empírica de si es posible la democracia como régimen político en Siria.

Desarrollo Histórico:

Para poder entender lo que sucede hoy, debemos retrotraernos en el tiempo, hacia el origen de la República Árabe Siria y más exactamente con la finalización de la Primera Guerra Mundial. Porque a partir de 1918 las potencias europeas y concretamente Inglaterra y Francia van a tener una clara injerencia en los asuntos sirios, favorecida en parte por la disolución del Imperio Otomano que domino por casi tres siglos dichas tierras.

Francia había mantenido sus reivindicaciones políticas sobre Siria, y su posición especial había sido reconocida en el Acuerdo Anglofrancés de 1916. Según esto, los ingleses abandonaron aquel país, y el Supremo Consejo de los Aliados dio a Francia, el mandato sobre el mismo. Hasta aquí observamos que las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial se repartieron en protectorados y colonias los antiguos dominios del Imperio Otomano, estas divisiones y creaciones de estados artificiales que solo respondían a intereses de las oligarquías locales y a los países centrales lo que posteriormente iba a repercutir en una verdadera consolidación de instituciones democráticas.

En 1928, la Asamblea Constituyente redactó una constitución; pero esta no obtuvo la aprobación de Francia, la cual en 1929 disolvió la Asamblea. En mayo de 1930 se sancionó una nueva Constitución. En junio de 1932, Muhammad Alí Bey el Abed era elegido presidente de la república. En tratados firmados a finales de 1936, Francia prometió la independencia total de Siria, en un plazo de tres años. En 1938, Siria se vio precisada a ceder el sindicato de Alejandreta (actualmente Iskenderun) a Turquía. Producido el colapso de Francia, Siria pasó a depender del Gobierno de Vichy.

En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial los enclaves coloniales seguían siendo fuentes estratégicos que ninguna potencia podía darse el lujo de perder, es por eso que en junio de 1941, fuerzas británicas y de franceses libres, tras una breve campaña, ocuparon Siria y anunciaron solemnemente la concesión de la independencia. Reconocida por las Naciones Unidas la independencia de Siria como estado soberano, los franceses la evacuaron en 1946. En los primeros años después de la proclamación de la independencia, la política interior del país fue muy movida. El 14 de agosto de 1949, coronel Zaim, jefe del Gobierno, fue asesinado. Se formó un nuevo ministerio bajo la presidencia de Hachem el-Atassi, teniendo como jefe del ejército a Sami el-Hinnani, que dirigió la revolución contra Zaim. El 19 de diciembre del mismo año, una segunda revolución alentada por el coronel Adib Chichakli y promovida cuando la Asamblea Nacional estaba a punto de tratar la unidad de los países árabes y de la íntima colaboración con Irak, apartó de sus puestos de mando a Sami el-Hinnani y otros jefes políticos. A consecuencia de nuevos golpes militares (1951 y 1952), el coronel Adib Chichakli asumió todos los poderes.

En febrero de 1954 un golpe militar dado por el coronel Mustafá Hamdum obligó al jefe del estado Chichakli a dimitir y a refugiarse en Arabia Saudí. Los sublevados reconocieron como presidente de Siria al político Hachem al-Atassi, que estaba desterrado. En el mes de octubre del mismo año se celebraron elecciones parlamentarias. El Gobierno de Siria viene celebrando con el Líbano conversaciones políticas y financieras para fijar la unión económica entre los dos.

En el año 1955, la política siria experimentó un cambio muy profundo; Chukri el-Kuatli, que había vivido exiliado de Egipto y compartía las ideas del coronel Nasser, fue elegido presidente de la República. El-Kuatli y Nasser coincidían en su oposición a todo proyecto de federación expansiva propugnada desde Bagdad por Nuri es-Said, así como la adhesión a los pactos defensivos anglosajones. Dicha política encontró aprobación y apoyo en la U.R.S.S. y suscitó, en cambio, serios recelos en Turquía e Irak. De la Unión Soviética, llegaron abundantes cargamentos de armas a Siria, cuyo presidente visitó Moscú.

El 13 de noviembre de 1970, Hafez al-Asad tomó el poder mediante un golpe de estado llevando al gobierno al Partido Baath Árabe Socialista. Al-Asad gobernó durante casi 30 años y a su muerte el 10 de junio de 2000 fue sucedido por su hijo Bashar al-Asad, refrendado en una elección de candidatura única, con resultados anunciados de 94,6% de participación y 99,7% de apoyo.

Estructura política e institucional:

El golpe de Estado realizado por Al- Assad en 1970 modifico e institucionalizo en la vida política de la República Árabe Siria  la idea del partido único, dicho partido se convertiría en partido – estado como una copia del Partido Comunista en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En donde todas las esferas institucionales iban a estar dominadas por las oligarquías damasquinas, estas estructuras nepotistas posteriormente iban a ser cuestionadas en la Primavera árabe. El  Baaz (Partido Árabe Socialista de Siria) va a tomar el aparato burocrático estatal.

Cada siete años se elige a un presidente, que debe ser musulmán; y cada cuatro, una Asamblea del Pueblo y un Consejo de Ministros. Según la Constitución, el presidente tiene poderes para nombrar y destituir a los vicepresidentes, al primer ministro y a los ministros. Es también comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, secretario general del Partido Baath Árabe Socialista y presidente del Frente Nacional Progresista del país.

Los órganos legislativos son la Asamblea del Pueblo y los Consejos de Administración Local. Los tres poderes del Estado sirio son controlados por el Baaz, que tiene asegurada la participación decisiva en los poderes del Estado gracias a la Constitución del país.

Está permitida la participación de otros seis partidos políticos menores que junto al mayoritario Baaz integran el llamado, Frente Nacional Progresista (FNP), esos partidos son los únicos autorizados a expresar las ideas políticas de los ciudadanos sirios. Igualmente es el Partido Baaz el que domina el mencionado Frente, dichos partidos integran el Parlamento que es controlado directamente por el Presidente de la República, ya que el poder Ejecutivo se reserva la mayoría de las potestades legislativas y de revisión de las actividades del Legislativo.

La Constitución de Siria inviste al Partido Baath Árabe Socialista, de las funciones de liderazgo del gobierno del Estado y de la vida de la sociedad siria. El Presidente, que posee grandes facultades para ejecutar el gobierno, es elegido por siete años para cumplir sus funciones, además de ello es a su vez el Presidente del Partido Baath y el líder del Frente nacional progresista. El presidente de Siria además posee las facultades de designar a los ministros, declarar la guerra, proponer las leyes al poder Legislativo, y dirigir las fuerzas armadas. En el referéndum para la elección del Presidente en 2007, fue reelegido con el 97,62% de los votos Bashar al-Asad.

En las primeras elecciones presidenciales directas, celebradas en el 2014, fue reelecto el presidente sirio Bashar al Assad, con el 88,7 % de los votos.

Esta amalgama de componentes sectoriales va a tener como punto de ebullición la Primavera Árabe,  que es donde nos vamos a enfocar en nuestro análisis a fin de entender lo que está sucediendo hoy en día. Porque lo sucesos acontecidos en Siria son una serie de eventos y factores de larga data y con raíces estructurales que van desde las libertades civiles como el derecho a la libertad de información y expresión, el principio de igualdad ante la ley y los derechos humanos que constantemente son violado no solamente en Siria, sino también, en Medio Oriente. Occidente tampoco ha llevado a estos horizontes el verdadero espíritu de la democracia y la consolidación de un verdadero estado civil, por una parte porque se han dedicado a solventar sus propios intereses, sean recursos naturales o meramente intereses comerciales sin verdaderamente entender y comprender el valor del Islam, ha fomentado divisiones internas que solo han favorecido a grupos extremistas que desprestigian a la religión musulmana con falsos relatos.

Que componentes se necesitan para lograr una poliarquía, según O´donnell, el primero es el democrático, que permite a los ciudadanos elegir a sus gobernantes en elecciones libres y limpias, además de capacitarles para participar y expresarse en los procesos políticos. El segundo componente es el liberal, que limita el poder del Estado para invadir los derechos básicos de las personas, fortaleciendo de esta manera las libertades civiles y los derechos de las minorías. El tercero es el republicano, que proporciona un Estado de Derecho y un buen gobierno a través de las instituciones de accountability horizontal, que controlan y equilibran tanto al Ejecutivo como a otras formas de poder, mientras que mantienen la igualdad ante la ley de todos los actores, públicos y privados. Claramente estos componentes son altamente insatisfactorios en la República Árabe Siria, dijimos que existe un sistema de partidos controlado por el Baaz y en donde conviven siete partidos satélites a este dentro del Frente Progresista, pero es una ilusión, debido a que la alternancia en el poder no existe fomentando solamente un modelo autocrático y “hereditario”.  Cuando estos tres objetivos normativos están combinados, tenemos el segundo y más elevado umbral de democracia, lo que denomino democracia liberal. Más allá de la arena electoral, este sistema ofrece un Estado de Derecho vigoroso, con un Poder Judicial independiente y no discriminatorio; además de amplias libertades individuales de creencia, expresión, publicación, asociación, reunión, etcétera. Igualmente garantiza una fuerte protección de los derechos étnicos, culturales, religiosos y de las minorías; una sociedad civil pluralista, que proporciona a los ciudadanos múltiples canales fuera del proceso electoral para que participen y expresen sus intereses y valores; y un control civil sobre los militares.

El buen ejercicio de una democracia liberal o poliarquía es lo que falta en Siria siendo este el factor que va a desencadenar las revueltas a partir de diciembre de 2010.

Siria a partir de la Primavera Árabe

La Revolución iniciada en Túnez tuvo un efecto inmediato en Siria, aunque el gobierno de Al-Assad reacciono de manera categórica, efectuando una reacción sobre la misma a través de la represión y la persecución de líderes opositores.  El blindaje de la república hereditaria se convirtió a partir de entonces en su absoluta prioridad, cerrando la ‘primavera siria’ y encarcelando a los líderes más destacados de la sociedad civil, entre ellos Hayzam al-Maleh, Walid al-Bunni y Kamal al-Labwani y también los diputados independientes Mamun al-Homsi y Riad Sayf (Ghadbian, 2010). Como denuncia un reciente informe de Human Rights Watch titulado Una década perdida. Derechos humanos en Siria en los primeros diez años de presidencia de Bashar, 92 opositores, periodistas y defensores de los derechos humanos han sido encarcelados en los últimos 11 años por demandar el fin del estado de emergencia, la derogación de las leyes marciales y un mayor pluralismo político (HRW, 2011). Los Hermanos Musulmanes, formación proscrita desde el levantamiento islamista a comienzos de la década de los ochenta, sigue siendo todavía el enemigo número uno del régimen que, con el propósito de frenar al islamismo radical y militante, promueve un islam tolerante y quietista mediante su patronazgo de las cofradías sufíes (Pinto, 2003). También la minoría kurda, que representa el 10% de la población, sufre un notorio ostracismo político, social y económico por ser la comunidad étnica no árabe más cohesionada y la única que podría representar una amenaza para el proyecto baazista (Tejel Gorgas, 2006). En los últimos años, algunos de los dirigentes del ilegal Partido de la Unión Democrática (que reclama “el levantamiento de las barreras a la lengua y la cultura kurdas y el reconocimiento de la existencia de la nacionalidad kurda dentro de la unidad del país”) han sido encarcelados y condenados bajo la acusación de “incitar a la guerra civil y a la lucha sectaria”, lo que indica que Siria sigue siendo un Estado policial bajo el estricto control de los mujabarat (los temidos servicios de seguridad).

La renovación de Bashar Al-Assad en el esquema burocratico institucional y administrativo no alcanzo para aminorar los resentimientos de grandes sectores de la ciudadanía, un porcentaje considerable de la riqueza no ha sido distribuida de manera equitativa, como prueba el hecho de que un 30% de la población viva bajo el umbral de la pobreza. Sin duda, el principal beneficiario de la mejoría económica ha sido el circulo clanico-familiar que compone el núcleo duro del régimen. Por citar tan solo un ejemplo, Rami Majluf (primo hermano de Bashar) dirige el holding Cham y la compañía de telefonia movil Syriatel, al tiempo que tiene importantes intereses inmobiliarios y en el sector transporte.

Todo parecía indicar que Bashar al-Asad había superado con éxito su aislamiento internacional. No obstante, la situación interna cambio bruscamente como resultado de la oleada democrática árabe. La caída de Ben Ali en Túnez y de Mubarak en Egipto y las movilizaciones populares en Yemen, Libia y Bahréin provocaron el temor a que el efecto domino llegase, tarde o temprano, también a Siria.

Uno de los factores que consideramos pertinente mencionar es el grado de precariedad económica que vivía el país árabe, un gran descontento por la situación socio-económica, en donde los beneficios del producto se repartían de manera desigual, hicieron implosión cuando las libertades civiles iban siendo restringidas con mayor intensidad. La combinación del factor económico y la decadencia en la conquista de mayores libertades resultaron críticas para la estabilidad del régimen sirio. Información procedente del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas resalto que una tercera parte de los 22 millones de sirios viven bajo el umbral de pobreza. La situación empeora solo por la situación socio-económica sino porque el régimen de Al-Asar no escatima recursos a fin de perseguir a sus enemigos políticos, sino también, de montar un escenario mediático en donde hay células terroristas que quieren desestabilizar la actual administración siria.

El 30 de marzo, Bashar al-Asad volvió a reafirmarse en la teoría conspirativa. El presidente denuncio que Siria hacia frente a una conspiración (mu´amara) destinada a provocar una guerra sectaria (fitna), acabar con el ultimo bastión del arabismo y obligarle a deponer su resistencia frente a Israel. Al mismo tiempo culpo a Qatar que, a través de al-Yazira, estaría enviando consignas a los manifestantes. Otros altos miembros del régimen también acusaron a Líbano y a Arabia Saudí de respaldar las revueltas.

Aunque la posibilidad de que la revuelta provoque una lucha sectaria es difícil de imaginar, a alusión presidencial a la fitna genero desasosiego entre buena parte de la población. Debe tenerse en cuenta que Siria es un país con una gran diversidad confesional. Si bien es cierto que los musulmanes son cerca del 90 % de la población, también lo es que están fuertemente segmentados. Junto a una abrumadora mayoría musulmana suni (74% de la población) existen diferentes sectas heterodoxas chiíes que representan otro 16% (el 12% alawies y el resto drusos e ismailies). A ellos deben sumarse, al menos, un 10 % de cristianos, en su mayor parte greco-ortodoxos y, en menor medida, católicos. Las minorías confesionales han sido tradicionalmente leales al proyecto secular baazista, no solo porque representaba un muro de contención frente a quienes demandaban la instauración de un Estado islámico, sino también porque les permitía asumir un mayor protagonismo sociopolítico En el inconsciente colectivo todavía pesa el recuerdo de la guerra a vida y muerte que el régimen libro, entre 1979 y 1982, contra los insurrectos Islamistas, que tachaban al régimen de apostata. Debe recordarse, en este punto, que los alawies son una secta minoritaria chií que deifica al imán Ali y cree en la trasmigración de las almas, doctrinas que chocan de lleno con la ortodoxia islámica y que a menudo han sido tachadas de heréticas.

Actores involucrados en la perpetuación del régimen de Bashar Al-Asar

Irán es el principal Estado que desea resguardar al régimen sirio tal y como esta hasta ahora, unas de las principales causas es que Irán considera que las reformas que pudiesen derivar de una revolución lo alejasen de la zona de influencia siria, sumado a que este último mantiene una alianza estratégica desde hace 30 años. Siria es considerado un aliado estratégico vital para Irán y un actor esencial para mantener su influencia sobre Líbano a través de Hezbola. No menos paradójico es que Israel observe también con alarma las movilizaciones populares y que las considere una amenaza para sus propios intereses, dado que un cambio de régimen podría obligar a replantear las relaciones bilaterales y acabar con la situación de ni paz ni guerra vigente desde hace cuatro décadas.

Turquía se implicó activamente en lo que se define como “diplomacia por la puerta de atrás” y trató de persuadir al régimen de que realizara reformas y atendiera las demandas del pueblo. El Gobierno de Recep Tayyip  Erdogan creía que la relación especial que mantenía con Damasco podría desembocar en una exitosa mediación. En junio de 2011, Asad aceptó verbalmente las reformas propuestas y permitió el regreso de los Hermanos Musulmanes, aunque se negó a reconocerlo como partido político. La mediación turca prosiguió, al tiempo que Ankara tuvo que tomar cartas en otros asuntos. Uno de ellos fue el éxodo de miles de sirios que se instalaron en su territorio huyendo de los enfrentamientos. En esas fechas, Turquía se convirtió en el principal país receptor de refugiados sirios y en un importante proveedor de ayuda humanitaria. La inseguridad general, el hambre y las necesidades de atención médica hicieron que cada vez más familias cruzaran las fronteras. Ankara admitió en su territorio a los refugiados y pronto empezó a construir campos para albergarlos, además de organizar servicios sanitarios y de educación. Así, a principios de 2013, Turquía acogía a más de 177.000 refugiados. Aunque oficialmente Turquía ha adoptado un discurso de apoyo a los refugiados, la crisis humanitaria pesa en las arcas del Estado. El ministro de Finanzas turco declaró, en respuesta a una pregunta en el Parlamento, que el Gobierno ha gastado 533 millones de liras (unos 225 millones de euros) en cubrir las necesidades de los civiles sirios en su territorio a lo largo de 2012. En el aspecto militar, aunque no está dispuesta a intervenir unilateralmente, Turquía ha sido el Estado bandera que ha intentado movilizar a la comunidad internacional para que apoye cada vez más a la oposición contra Asad. Si al principio trató de mantener la relación especial que mantenía con el presidente sirio, Ankara se ha acabado convirtiendo en el principal valedor de la oposición. En Estambul se formó precisamente el Consejo Nacional Sirio, coalición de varios grupos de la oposición. Mientras, los desertores del Ejército del régimen iban desfilando por las fronteras turco-sirias para crear allí el Ejército Libre de Siria (ELS), principal aglutinador de los grupos armados contra Asad. Su Comando Central tiene sala de operaciones en la base de la OTAN de Incirlik (al sur de Turquía), donde recibe cooperación de Arabia Saudí y Qatar, además de asistencia no letal de EEUU y la Unión Europea. El ELS cuenta con una base en Atanquía, donde organiza los suministros de armas y munición, trata a los milicianos heridos y funciona como base de descanso.

Asad y Erdogan suscribieron varios acuerdos de cooperación, incluido el que establecía en 2007 una zona de libre comercio. El volumen comercial entre ambos países creció de los casi 600 millones de euros en 2006 a los 1.800 millones en 2010, además de un fuerte incremento del turismo. Así, la guerra en Siria y el desacuerdo de Turquía con el régimen de Asad ha supuesto también un fuerte impacto económico para ambos países (Ilgit y Davis, 2013). Cuando las condiciones de seguridad comenzaron a empeorar, Ankara cerró su frontera al tráfico comercial.

Siria, Irak y la aparición del Estado Islámico

Muchos han ligado la creciente inestabilidad en Irak con el contagio de la guerra en Siria. Sin embargo, las protestas y la oposición de los musulmanes suníes hacia el Gobierno del primer ministro chií Nuri al Maliki tienen raíces en la política local y en las líneas defectuosas de la convivencia de las diferentes comunidades en Irak. Desde la caída de Sadam Husein, los chiíes –mayoría en el país– gobiernan Irak y muchos suníes –antiguo grupo en el poder– se sienten marginados. En diciembre de 2012, la ira suní estalló en forma de protestas haciendo temer un nuevo conflicto sectario que se une a los problemas que el Gobierno chií de Bagdad ya tiene con los kurdos en la zona semiautónoma del norte. Las manifestaciones estallaron después de que varios guardaespaldas y personal bajo el mando del ministro de Finanzas, Rafaie al Esawi, fueran detenidos bajo cargos de “terrorismo”. La comunidad suní vio estas detenciones como una muestra más del cerco hacia su secta por parte de los dirigentes chiíes.

En Irak, suníes y chiíes ven el conflicto en Siria desde prismas distintos. Para los chiíes, en el poder, se trata de un acontecimiento negativo. Influidos por su condición de víctimas del régimen de Sadam Husein, los chiíes creen que la guerra en Siria es el comienzo de una revancha suní y temen que haya un contagio a Bagdad. Maliki ha intentado abogar por una solución negociada entre Asad y la oposición. Al tiempo, su Gobierno –teóricamente neutral– ha permitido que fluya a través de Irak la asistencia enviada desde Teherán a Asad, incluso tolerando el paso de milicias chiíes iraquíes como Asaib ahl al Haq (respaldadas por Irán) hacia Siria para ayudar al régimen (Knights, 2013). La política pro Asad de Maliki quedó clara a principios de marzo cuando el Gobierno de Bagdad cerró la frontera después de que los rebeldes tomaran el segundo puesto fronterizo con Irak. Los enfrentamientos entre insurgentes sirios y soldados pro Asad involucraron al ejército iraquí del lado del régimen en el puesto fronterizo de Yaarabiyah-Rabia.

Por su parte, los suníes de Irak perciben el conflicto a sus puertas como una luz al final del túnel, como la primera señal para zafarse de la influencia de Irán. Esta comunidad retrata a Maliki como una marioneta de Teherán y denuncia los intentos de la mayoría chií para excluirles de las esferas de poder. La creciente fuerza con que se están desarrollando las protestas en las provincias de Anbar, Ninive y Saladino (donde se han llegado a ondear banderas del Ejército Libre de Siria), hace aumentar las esperanzas entre estas comunidades de un futuro en el que puedan aliarse con un potente Estado suní al otro lado de la frontera. Esta fractura entre suníes y chiíes es lo que hace que los resultados de la guerra en Siria puedan ser peligrosos para Irak.

Esta situación de malestar dejada por la administración Chií en el seno del conflicto son los suníes posibilito no solo la aparición de una resistencia al gobierno iraquí, sino también la radicalización de otros grupos que formaron parte de Al-Qaeda fomentando actos terroristas con un propósito concreto crear un Estado en territorios de Siria e Iraq. El malestar en Siria e Irak por la represión, y el descontento por la situación económica y de libertades civiles  en un país y por otro lado la exclusión étnica en otro país solo sirvió para crear un caldo de cultivo aun peor, que es la radicalización o Yihad Islámica.

A lo largo de estos tres meses en donde estuvimos realizando la recolección de información proveniente de agencias de noticias y otros medios de comunicación nos permitió observar  (septiembre, octubre y noviembre) la consolidación del Daesh o Estado Islámico de Irak y la Gran Siria como un hecho fáctico. Por otro lado la responsabilidad que tienen y tuvieron  actores del sistema internacional, como Estados Unidos y Europa es crucial para verificar la magnitud de lo que está aconteciendo en Medio Oriente. Creemos que la máxima responsabilidad en la aparición de grupos yihadistas radicalizados es Estados Unidos, un ejemplo para demostrar lo que afirmamos es la desarticulación efectuada en Irak de la cúpula sunies que gobernaba y ocupaba puestos claves en la administración iraquí, posteriormente la mayoría chií se hizo con el poder y aparto a estos funcionarios, que progresivamente fueron armándose en la clandestinidad e incorporándose al Ejercito del Isis (Estado Islámico).

El avance del Estado Islámico fue imparable, pero hay que mencionar que dicho grupo fue el brazo armado de muchos países que no querían ensuciarse las manos tanto en Iraq como en Siria, estos son: Qatar, Arabia Saudita y Turquía. Cada uno de estos países financio o proveyó de logística a dicho grupo, por ejemplo, es sabido que Turquía brindo asistencia técnica y militar a ciertos miembros del Isis, por otro lado, los otros países financiaron activamente a estos grupos. Cada uno de ellos tienen intereses tanto porque la administración en Iraq como en  Siria pierdan el control de sus respectivos gobiernos.

Por lo visto la acción de la OTAN en eliminar la amenaza del Estado Islámico es insuficiente, hasta incluso altos funcionarios de la casa blanca afirman que tardara algunos años en eliminarlo por completo. De proseguir con este curso es muy harto probable que el Ejército Islámico redefina una vez más el mapa de medio oriente, alterando no solo el territorio como componente de una Nación, sino también, alejando la posibilidad de establecer una democracia tanto en Siria como en Iraq.

Conclusión:

Nuestra propuesta fue explicar si Siria está preparada para ingresar a un sistema democrático, dicha propuesta creemos que es negativa, es decir, Siria dista de acercarse a un modelo democrático, por razones internas como la falta de un sistema de partidos que puedan aglutinar las demandas sociales y económicas, una burocracia especializada independiente del poder político que esté al servicio del bien común, una prensa libre y fuente de expresión alternativas. Estos componentes, como se ha demostrado, son pilares fundamentales de un sistema democrático. La primavera Árabe pudo haber sido ese comienzo si Occidente y los países lindantes a Siria se hubieran comprometido de manera óptima y desinteresada por lo que sucedía en dicho país, pero sería necio negar que cada país tenga intereses puntuales que van más allá del petróleo.

La lucha de Siria contra el Estado Islámico va a ser un conflicto bisagra en la vida política y civil de dicho país, si el régimen de Al-Asar triunfa la sociedad civil tendrá que exigir al mandatario una apertura en derechos elementales a fin de que el país transite por un camino plural y democrático, si Al-Asar se empecina con seguir una política de persecuciones y restricciones es muy probable de que esa victoria se diluya en el tiempo.

Al contrario si el Estado Islámico ingresa y se establece con pasos firmes en Siria, todo intento por democratizar al país será en vano y medio oriente vivirá una situación de malestar y de incertidumbre.

Nuestras expectativas no son alentadoras, solo el tiempo dirá como esto sigue evolucionando.


DOSSIER

Septiembre:

Octubre:

Noviembre:


BIBLIOGRAFIA:

  • Larry Diamond, Puede el mundo entero ser Democrático (2003)
  • Currea –Lugo, Víctor, Vueltas y Revueltas del Mundo Árabe en 2011, (2012)
  • Rosa Meneses, La Guerra Civil en Siria en clave regional, el impacto en los países vecinos.
  • Ignacio Álvarez- Ossorio, La Revuelta siria: ¿Hacia un cambio de régimen? (2011)

Autor: Federico Della Colletta 

Federico Della Colletta estudiante del último año de la Licenciatura de Ciencias Políticas en la Universidad Abierta Interamericana.

Actualmente se encarga de realizar investigaciones acerca de políticas públicas orientadas al transporte en general y en particular al modo ferroviario, como así también de sus implicancias en el esquema regulatorio, ejemplo de ello es la investigación realizada en “Privatización y Regulación del sector ferroviario en la República Argentina durante la década del 90” (Della Colletta Federico, Junio 2014), en dicha investigación se adopta un marco teórico con bibliografía de primera mano a fin de encontrar las motivaciones y antecedentes históricos que iniciaron el camino hacia las reformas proyectadas.

También sus investigaciones están orientadas sobre diversos aspectos geoestratégicos a fin de entender y concientizar en temas como el territorio, sus recursos, sus habitantes y las políticas que influyen sobre estos factores. Su interés, apuntando a dilucidar estas temáticas, recayó sobre el Sistema Acuífero Guaraní, trabajo académico efectuado  para la Universidad Abierta Interamericana en el segundo semestre del año 2014 “Encuesta Acuífero Guaraní”  (Della Colletta Federico, noviembre 2014). El objetivo de dicha investigación fue conocer el grado de conocimiento de alumnos universitarios de la carrera de ciencias políticas y relaciones internacionales  sobre el sistema del acuífero guaraní.

 


 

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