Dinámicas coloniales del siglo XIX y la intervención militar en Malí de enero 2013. Un análisis comparado.

 

 

 

por Luis Daniel Alaniz Rodríguez

 

ORIGEN

El hombre occidental, con su eterna sed de riqueza como motor, llegó hasta los lugares más remotos del mundo desconocido. El descubrimiento de seres iguales en género, pero distintos en raza, en lengua, en ideologías, no fue procesado y desarrollado con un sentimiento de integración de la diferencia, sino con un cálculo provechoso de unos sobre los otros. Sus estructuras burocráticas, socio-económicas y el avance técnico y pre industrial le permitieron a este “súper hombre”, afanado de gloria y expansión, hacerse de las tierras en donde se practicaban otras formas de interpretar el universo y la existencia. La imposición de la cosmovisión europea en territorios ajenos, mediante la apropiación física y mental de sus seres y recursos, dio origen al fenómeno de la colonización.

Este acontecimiento definitivamente sacudió y transformó de manera indiscutible al mundo, de las colonias se extraían grandes riquezas, mismas que eran trabajadas por las poblaciones colonizadas y que terminaban convirtiéndose en capital y acumulación material para los beneficiados en el viejo continente. “La importancia de la primera expansión europea estriba más en los efectos que la misma ejerció sobre Europa que en su indiscutible singularidad como fenómeno mundial”. (Pereira, 2001: 189). Debido a esto, las naciones que contaban con colonias y que fueron permeadas por la revolución industrial inglesa de aproximadamente tres siglos después, se constituyeron casi inmediatamente como grandes potencias mundiales y marcarían la pauta para la configuración del sistema internacional contemporáneo, junto con sus enormes implicaciones económicas y políticas.  Como lo afirma Belén Pozuelo Mascaraque (2001) gracias al colonialismo se desarrollaron las bases estructurales del sistema internacional contemporáneo y la expansión colonial europea, que perfeccionados en la época contemporánea desembocaron en la formulación del imperialismo colonial.

LA COLONIZACIÓN COMO DOCTRINA; ÁFRICA

El siglo XIX representa el periodo en que la industrialización europea se convertiría en un actor importante de las relaciones de comercio y producción, y así mismo, de diplomacia y colonización. Los países europeos llegan a África, un territorio desconocido, con la intención de convertir sus costas en puertos que facilitarán el paso y el transporte comercial hacia Asia.

Pronto descubren la riqueza natural que el continente ofrece y se adentran en las regiones en búsqueda de materias primas. Alemania, Holanda, Bélgica, Portugal, Gran Bretaña, España y Francia se apoderaron de territorios africanos. “[…] los europeos se interesaron desde sus bases costeras por las propias riquezas africanas, como son los minerales, el oro, el marfil, entre otros productos, y principalmente los esclavos, con lo que intensificaron el comercio, así como su explotación económica, pero sin penetrar todavía hacia el interior continental, apareciendo también como potencias coloniales Francia e Inglaterra en los siglos XVII y XVIII.” (Pereira, J.C. 2001: 198)

Las rivalidades coloniales no se harían esperar, y las grandes potencias se enfrentaron en varias ocasiones por territorios africanos. Sin embargo Francia, se apoderaría de una gran parte del África del norte, entre ellos, lo que actualmente es la República de Malí.

Para aquel entonces, la segunda mitad del siglo XIX, tras el golpe de Estado de Napoleón III[1], Francia se convirtió de nuevo en un imperio y como lo expresa Juan Carlos Pereira (2001), los galos competían industrialmente con Gran Bretaña y Alemania, y entre estos tres, representaron el 40% de la participación a nivel de comercio mundial.

La mayor parte del África noroccidental se convirtió en colonia francesa bajo la denominación de “África occidental francesa”, este territorio comprendía  MauritaniaSenegal, Sudán Francés (ahora Malí), GuineaCosta de MarfilNígerAlto Volta (ahora Burkina Faso) y Dahomey (ahora Benín). Con gran riqueza natural, esta región se caracteriza por una población tribal, abundante extracción de palma, minerales (entre ellos el diamante), metales preciosos, y también por ser un espacio por donde fluye el gran río Níger. Todo esto, hacía parte de los intereses productivos franceses, que consolidaba las teorías capitalistas, basadas en la división del trabajo, en la ganancia y el aprovechamiento óptimo de los recursos disponibles.

El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros: son todos hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista. (Marx, K. 1946: 638)

El imperio colonial francés, solía designar los mandos de sus zonas de influencia, protectorados y colonias a representantes del gobierno de París, con la intención de franco-europeizar a los pueblos africanos ignorantes y por supuesto, la explotación máxima a todos los niveles. La zona noroccidental africana, incluyendo la región del antiguo Imperio Malí, se fue convirtiendo poco a poco en el proveedor importante de mano de obra miserable, de minerales e incluso más adelante, de petróleo. Por lo que ésta zona se convirtió en fundamental para los intereses franceses, por lo que incluso, en 1898, se envió una expedición de carácter militar (Misión Voulet-Chanoines) con el fin de conquistar el Chad y unificar los territorios pertenecientes a Francia del África occidental, obviamente con una falsa ideología de unión y con sólidas intensiones económicas esclavizadoras. “El comercio francés del siglo XVIII goza de las ventajas de una favorable balanza de pagos con un activo de varios millones de libras, gracias a la exportación de productos coloniales, frutos del trabajo de los negros”. (Krippendorf, E. 1985: 65)

A comienzos de 1959, Malí, para ese entonces la República del Sudán y Senegal se unieron con el fin de construir la Federación de Malí. Ésta, obtuvo su independencia de Francia en junio de 1960. Un mes después Senegal abandonó la federación, lo que propició que en septiembre 22 se formara la nación independiente de Malí.

MALÍ, ENERO 2013

A principios del año 2012, se alza en rebelión una organización independentista denominada Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad, mayoritariamente tuareg[2] y apoyada por grupos islamistas. Gracias a la inestabilidad política del país en ese momento, ya que el ex presidente Amadou Toumani Touré había sido derrocado por un golpe de estado en marzo, los rebeldes se tomaron Tombuctú (norte de Malí). Los tuareg terminan siendo expulsados de la zona por sus propios aliados islamistas, debido a sus diferencias en relación a las visiones en modelos estatales. Una parte del norte maliense es controlada por los extremistas, facciones magrebinas supuestamente ligadas a Al Qaeda y el gobierno central mandó una petición de intervención a la ONU, quién en diciembre de 2012 envió fuerzas armadas para reforzar las tropas nacionales.

Francia, paradójicamente, ha sido el primer país en responder a las peticiones de apoyo del presidente Dioncounda Traoré y en enero se hizo presente militarmente con el fin de prestar toda su ayuda para la ya dogmática “guerra contra el terrorismo” y frenar los avances de los rebeldes hacia el sur del país.

El secuestro sucedido en Argelia en enero, demostración de desacuerdo en la intervención extranjera en malí, en los cuales se encontraban varios ciudadanos franceses dentro de los 40 extranjeros raptados, desencadenó y justificó una respuesta efusiva del gobierno de François Hollande. Tal cual se evidencia en esta afirmación de Hollande tomada del periódico El Excélsior: “Lo que ocurre en Argelia proporciona más evidencias de que mi decisión de intervenir en Mali fue justificada”.

Hay en juego una gran cantidad de intereses, indudablemente. Entre los más mediatizados por los dirigentes europeos son la defensa de la democracia, la lucha contra el terrorismo, el sostenimiento del gobierno legítimo, la protección a los derechos humanos, la integridad territorial y la puesta en peligro de la existencia misma de la República de Malí. Con lo que podemos ver, que este tipo de figuras proteccionistas, legitimadas por la ONU, se parecen mucho a las prácticas de las llamadas “zonas de influencia” o “protectorados”, tan populares y acostumbrados por Francia en el siglo XIX.

 

ANACRONISMOS

La independencia de los países con pasado colonial se convierte muchas veces simplemente en una denominación romántica y teórica. Francia nunca ha dejado de intervenir en asuntos políticos en esa zona africana en pro de sus intereses ni ha dejado de ejercer presión e influencia en la mayoría de las decisiones de naciones supuestamente soberanas. Las intervenciones humanitarias en Costa de Marfil, por ejemplo, como nos lo dice el periodista Koldo Durreit, son resultado de un actuar proteccionista hacia las aproximadamente 2500 empresas francesas instaladas en este país, competitivas exportadoras  de cacao, caña de azúcar, plátano, nuez y piña.

En 1958, el presidente Charles De Gaulle otorga independencia a las colonias africanas excepto a Argelia, pero la zona continuó siendo de primordial importancia para los galos. Por lo que se le encargó a Jacques Foccart, llamado “Monsieur Afrique”, un cercano político de De Gaulle, desarrollar políticas de inteligencia en la zona para preservar su influencia y defender los intereses, corriente llamada “Françafrique”, el neo-colonialismo francés. Entre 1960 y 1974 sucedieron toda clase de hechos en estos países antiguamente bajo control francés, asesinatos de líderes independentistas y líderes populares, golpes de Estado, y el afianzamiento en el poder de políticos y hombres de negocios afines a la política parisina en los gobiernos centrales. “Durante esta época, guerras muy cruentas se declararon en África: Camerún, Biafra, Costa de Marfil, Liberia, Burkina Fasso… siempre con Francia como una de las partes implicadas en los conflictos.” (Durreit, K. 2011)

En la actualidad, Francia mantiene casi 10,000 soldados en el continente africano en bases militares permanentes en Senegal, Gabón, Yibuti, La Reunión, Chad, y su Marina de guerra fondeada en el Golfo de Guinea preservando los intereses petroleros franceses en la zona; ello sin contar las tropas desplegadas con motivo de la reciente agresión contra Libia. El tamaño de esta importante fuerza militar ha sido justificado por París en base a diferentes acuerdos de cooperación técnica militar firmados en las últimas cinco décadas con las antiguas colonias africanas. Supuestamente, el objetivo de dichos acuerdos sería el dotar a los ejércitos africanos de la capacitación necesaria para la defensa integral de sus propios países. (Durreit, K. 2011)

Mediante tratados, acuerdos y demás instrumentos diplomáticos, Francia nunca ha dejado de controlar la zona noroccidental africana, donde resguarda muchos intereses sobre materias primas y riqueza natural. Una de las grandes excusas para sus acostumbradas incursiones ha sido también la preocupación a nivel de seguridad de la gran cantidad de nacionales franceses que habitan esta zona, en donde en varias ocasiones, el ejército francés, so pretexto de evacuaciones de sus ciudadanos, ha atacado y vulnerado población civil y manifestante, como recientemente en Bouaké en el año 2004. “Así, de manera “gentil”, Francia mantiene y defiende sus intereses económicos y políticos en la zona, al mismo tiempo que mantiene amarradas a su zona de influencia internacional a los países que un día fueron sus colonias.” (Durreit, K. 2011). París, sin duda, mantiene una influencia enorme a nivel político y económico, pero incluso a nivel mediático, militar y cultural sobre la zona que fue de su propiedad y que de cierta y muchas formas, aún lo sigue siendo.

Las empresas trasnacionales francesas han desempeñado un papel determinante en el neo-colonialismo francés, una de las más importantes de ellas, ha sido la petrolera ELF, creada por Charles De Gaulle. Ésta se ha convertido en el principal socio comercial de los gobiernos africanos pero también en proveedora de armamento a ejércitos oficiales y rebeldes  (Camerún, Congo…), según el caso de conveniencia.  Logrando corromper y mantener clases políticas y militares africanas que sirven como títeres de la política  francesa. Aquí una cronología de las intervenciones francesas en el continente negro a través del siglo XX y comienzos del XXI, extraído de la página web de la fundación Pakito Arriaran:

EL GENDARME DE AFRICA. CRONOLOGIA DEL INTERVENCIONISMO MILITAR FRANCES EN AFRICA TRAS LA DESCOLONACION DEL CONTINENTE:

1958. Intervención militar en la guerra civil en Camerún, con más de 500.000 muertos, masacre dirigida por el ejército francés y sus servicios secretos.

1961. Operación Bouledogue, después convertida en Operación Charrue Longue, para asegurar la permanencia de una base naval en Bizerte, Tunez.

1962. Intervención militar en Senegal para apoyar al presidente Senshor.

1964. Intervención militar para restablecer en el poder al presidente Léon M´ba, aliado de Paris, tras un intento de derrocamiento realizado por una parte del ejército de Gabón.

1968-1972. Operaciones Limousin y Bison contra los revolucionarios del Tibesti en Chad. El ejército francés sufrió grandes pérdidas en esta operación, siendo reconocidos de manera oficial 39 muertos y más de 100 heridos.

1977. Con la excusa del secuestro de un ciudadano francés por el Frente Polisario en el Sahara Occidental, aviones Jaguar franceses bombardean posiciones saharauis en Mauritania. El apoyo de Francia a Marruecos durante toda la contienda bélica es importante, tanto en entrenamiento y abastecimiento como en labores de inteligencia.

1977. Operación Verveine en apoyo del dictador Mobutu en Zaire contra la rebelión en la zona de Shaba. Paris estableció un puente aéreo entre Rabat y Kolwezi para el envió de tropas marroquíes que apoyaron a Mobutu.

1978. Desembarco de paracaidistas franceses en la ciudad minera de Kolwezi, en Zaire, tomada por los revolucionarios katangueses del FLNC, Frente de Liberación Nacional del Congo, con la excusa de evacuar a los ciudadanos franceses.

1978-1980. Operación Tacaud en Chad, para frenar el avance del FROLINAT, Frente de Liberación de Chad, de Goukouni Oueddei.

1979-1981. Operación Barracuda en República Centroafricana para derrocar al presidente Bokassa y colocar en su lugar a David Dacko.

1983. Operación Manta en Chad. Se movilizaron 4000 soldados franceses en apoyo del presidente Hissene Habré frente a los rebeldes de Goukouni Oueddei.

1985. Aviones de combate Jaguar franceses bombardean la base aérea libia  de Ouadi-Doum en el norte de Chad.

1986. Desembarco de 150 paracaidistas franceses en Togo para apoyar al presidente Gnassingbé, quien enfrentaba una tentativa de golpe de estado.

1986. Operación Epervier en Chad con más de 900 soldados llegados para enfrentar al ejército libio que apoyaba a los milicianos de Guokouni Oueddei.

1989. Operación Oside en las Islas Comores tras la muerte violenta del presidente Ahmed Abdallah por parte de mercenarios entrenados por los servicios secretos franceses.

1990. Operación Requin en Gabón. 2000 soldados franceses evacuan a 1800 extranjeros y apoyan al gobierno que hace frente a una rebelión popular en la capital Libreville y la ciudad de Port-Gentil.

1990-1993. Misión Noroit en Ruanda para proteger el régimen dictatorial del presidente  Juvenal Habyarimana contra el ataque de los milicianos del Frente Patriótico de Ruanda.

– 1991. Envío de 1000 soldados franceses a Zaire tras las manifestaciones populares contra el dictador Mobutu.

1992-1993. Operación Oryx en Somalia. Los contingentes franceses se pusieron enseguida a la orden de los norteamericanos en el marco de la Misión Restore Hope.

– 1993. Operación Chimere et Volcan para el abastecimiento y formación del ejército de Ruanda.

1993. Operación Amaryllis en Ruanda para evacuar a los ciudadanos europeos.

1994. Operación Tourquoise. Genocidio de los Tutsi en Ruanda. El papel del ejército francés en esta masacre jamás se ha investigado a fondo. En virtud de los acuerdos de cooperación militar firmados con Ruanda, Francia había formado, entrenado,  adiestrado y equipado al ejército ruandés que la primavera de 1994 masacró a los Tutsi y a los Hutus moderados. Por otro lado, la intervención militar directa francesa demoró dos meses y medio desde que le fuera solicitada por la ONU, ignorando descaradamente las matanzas que se realizaban y que según las cifras más conservadoras, produjeron más de un millón de muertos. Asimismo, numerosos efectivos militares franceses fueron acusados de casos de violación y asesinato de pobladores civiles sin que dichas demandas hayan sido nunca llevadas ante la justicia.

1995. Operación Azalée en las Islas Comores. El presidente Saïd Mohamed Djoar es depuesto por un golpe de estado dirigido por el mercenario Bod Denard, quien había sido entrenado por los servicios secretos franceses. Paracaidistas franceses desembarcan y detienen a Denard, quien es conducido a Francia y encarcelado. Meses después será liberado.

1996-1997. Operaciones Almadin I y II. 2300 soldados franceses intervienen en Bangui, capital de la República Centroafricana, tras el motín de algunos militares de este país.

1996-2007. Operación Aramis en Camerún. El ejército francés apoya directamente al ejército camerunés en lucha con Nigeria por el control de la isla petrolera de Bakassi.

1997. Operación Antílope en el Congo para evacuar a 6500 extranjeros de Brazzaville.

1998. Operación Malachite en la República Democrática del Congo para la evacuación de 2500 extranjeros de Kinshasa.

1999. Misión Khor Anga en Yibuti. Protección aérea ante la extensión del conflicto armado entre Etiopía y Eritrea.

2002. Inicio de la Operación Licorne, como fuerza de mantenimiento de la paz en Costa de Marfil. El presidente Laurent Gbagbo enfrentaba una rebelión en el norte del país.

2003. Participación francesa en la operación europea conjunta llamada Artemis en la República Centroafricana.

2004. Destrucción de aeronaves del ejército de Costa de Marfil, tras un bombardeo de los marfilenses en Bouaké, donde murieron varios soldados franceses. Evacuación de ciudadanos franceses. El ejército francés causó una masacre al disparar contra los manifestantes que rechazaban su presencia en Costa de Marfil.

2006. Apoyo militar directo al ejército de Chad frente a una nueva rebelión en el norte del país.

2008. Protección del aeropuerto de Ndjamena en Chad. Evacuación de ciudadanos franceses. Se producen enfrentamientos directos con los rebeldes en las cercanías del aeropuerto.

2008. Apoyo logístico al ejército de Yibuti en la frontera con Eritrea.

– 2011. Intervención directa junto a una coalición internacional en la guerra civil que se desarrolla en Libia, apoyando a los rebeldes que se enfrentan al presidente Gadafi.

  1. 2011. Participación en la guerra civil en Costa de Marfil. El presidente Gbagbo es secuestrado por tropas francesas y entregado a su enemigo Ouattara. (Durreit, K. 2011)

No podemos -como ya ha quedado demostrado-, ingenuamente considerar que las intervenciones francesas son realizadas con ánimos solidarios y humanitarios, como nos lo dice el periodista del periódico El Excelsior, Luis Gutiérrez Esparza (2013), se trata más bien de una carrera de control sobre el petróleo, los fosfatos,  el gas natural, el oro y el uranio de Malí. Este último, de vital importancia para la carrera armamentística nuclear francesa y también una amenaza importante dado el caso que rebeldes islamistas o cualquier otra figura institucional distinta a la francesa pudiera adueñarse del codiciado elemento.

Observamos dinámicas vastamente parecidas a las sucedidas durante el siglo XIX e incluso siglo XX. Las figuras democráticas, como la soberanía y el respeto por la autodeterminación de los pueblos, son sencillamente espectros con los que se puede jugar y manipular, para pasar por encima de ellos de una forma ágil y segura.  Tratados, convenios, cooperación… todas estas han sido herramientas protocolarias que han sido aprovechadas de una manera eficaz y  maquiavélica por Francia y otras potencias a lo largo de la historia, desde las creaciones de Estados modernos y la regularización de las relaciones internacionales, pero la actividad occidental ha seguido por el mismo cauce, la explotación crónica y repetida de los recursos de los países subdesarrollados; dinámica instaurada en las épocas coloniales.

Parecería que la actual situación de África reproduce lo que ocurrió a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando las potencias colonialistas europeas se dividieron ese continente con la despótica arbitrariedad de los poderosos. Ahora, la disputa neocolonialista por África encuentra a Europa y Estados Unidos en una fiebre de apropiación de los recursos naturales, en perjuicio y en contra de la voluntad de los pueblos africanos. (Gutiérrez Esparza, L. 2013)

El uranio nigeriano provee a los reactores franceses el 75% de su electricidad, dato vital para el entendimiento de la ocupación francesa en la zona. La inestabilidad política, causa primordial de estos brotes rebeldes de violencia y terrorismo, son también herencia de las dinámicas coloniales francesas. Las estructuras burocráticas y el Estado maliense en sí mismo no ha sido demasiado fuerte tras la descolonización y los grandes vacíos de poder ahí dejados, lo que ha desembocado en una dependencia política, económica y militar –como se evidencia en este caso- con la potencia colonizadora. La importancia de los procesos coloniales, desde esta perspectiva, es sencillamente ésta; no se han terminado aún. La hegemonía global europea perfeccionada durante la colonización, sigue dominando amplios sectores a nivel internacional, bajo pretextos popularmente legítimos, como la cooperación y la ayuda al desarrollo, siendo estos términos a veces solo fantasmas que rodean el statu quo, statu gracias al cual, en este caso Francia, sigue garantizando su seguridad energética y económica gracias a recursos malienses y de otros países africanos.


[1] Carlos Luis Napoleón Bonaparte; París, 1808 – Chislehurst, Kent, Inglaterra, 1873. Presidente de la República y emperador de Francia. Era sobrino del primer Napoleón y quizá hijo natural suyo.

 

[2] Los tuaregs o imuhaghs son un pueblo bereber de tradición nómada del desierto del Sáhara. Su población se extiende por cinco países africanos: Argelia, LibiaNígerMalí y Burkina Faso.


 

BIBLIOGRAFÍA.

  • Durreit, K. (2011) Francia-África, el colonialismo aún perdura”. Fundación Internacionalista Pakito Arriaran. Consultado en línea el 9 de marzo de 2013. Disponible en: http://pakitoarriaran.org/articulos/1028-francia-africa-el-colonialismo-aun-perdura.html
  • Gutiérrez Esparza, L. (2013) “Malí: neocolonialismo voraz”. 20 de febrero de 2013. Consultado en línea el 9 de marzo de 2013. Disponible en: http://www.excelsior.com.mx/luis-gutierrez-esparza/2013/02/20/885159
  • Krippendorf, E. (1985). “El colonialismo”, El sistema internacional como historia. México: FCE.
  • Marx, K. (2006) [1946]. “La llamada acumulación originaria” y “Moderna teoría de la colonización”, El Capital. México: FCE.
  • Pozuelo Mascaraque, B. (2001). “Expansión colonial e imperialismo” en Pereira, J. (coord.) Historia de las relaciones internacionales contemporáneas. Barcelona: Ariel.

 

 

Autor: Luis Daniel Alaniz Rodríguez

Es estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad de San Buenaventura sede Bogotá. Miembro del Grupo Interdisciplinario de Estudios sobre Religión, Sociedad y Política. Trabaja actualmente en proyectos de investigación sobre las comisiones de la verdad en Sierra Leona y Timor Oriental. Melómano, nostálgico, devoto al arte, adorador de las letras y aspirante a narrador.

Facebook: https://www.facebook.com/danielalanizrod

Contacto: owen_x3@hotmail.com

 


 

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