La Tensión Política en Venezuela en Perspectiva Regional y Global

 

por Lucas Pavez y Matías Caubet

 

 

Este escrito busca realizar un análisis histórico-político respecto de la actual situación de tensión en Venezuela. Así, se divide primero en una explicación del factor económico venezolano, desde una perspectiva que permita tocar temas como la inflación, el desabastecimiento, la fuga de capitales, entre otros. En segunda instancia, se toma el factor socio-político interno, donde se analiza sobre las acciones emprendidas desde el gobierno y la oposición en un año de elecciones, y cómo la violencia social tiene actores que complejizan el escenario, como los colectivos, los guarimberos y grupos paramilitares. La tercera arista, es la incidencia e influencia de la región y sus organismos de integración frente a los sucesos, desde su interpretación, apoyo al país y acciones concretas, desde el año pasado hasta la vuelta a los problemas este año. Finalmente, dando énfasis a cómo lo que acontece en Venezuela se inserta en la geopolítica global, donde EUA golpea el tablero, declarando al país caribeño como “amenaza a su seguridad nacional”, a la vez que Rusia y China se consolidan en el sistema internacional, y también toman posición en el tema

 


 

 

Hace poco menos de un año, quienes escribimos este ensayo, realizamos otro respecto del mismo tema, titulado: “La Crisis en Venezuela y su Repercusión a nivel Regional” (Caubet & Pavez, 2014). En aquel, desarrollamos la vorágine de conflictividad social interna en Venezuela, y cómo era la situación percibida en América Latina. Sobre la primera área, develamos cómo los simplismos discursivos fueron caldo de cultivo para la polarización de la sociedad civil, donde la oposición y los medios de comunicación impulsaban peligrosos llamados a la violencia, mientras la represión también hizo estragos. Sobre la segunda área, se evidenció que todos y cada uno de los organismos regionales –desde el ALBA hasta la mismísima OEA- comprendieron la situación como problema interno, apoyando al gobierno democráticamente electo de Nicolás Maduro, además de impulsar la UNASUR una mesa de diálogo entre la institucionalidad y la oposición –la cual no fructificó-, para fomentar la paz en el país.

            La situación parecía declinar en conflictividad cuando eran escritas esas palabras sin embargo a inicios del 2015 el panorama recrudece con una víctima inocente (aunque no al nivel de hace un año, con 43 víctimas). Esto nos impulsa a retomar la reflexión intelectual y política, con un matiz historicista. Por lo mismo, este ensayo propone un análisis en profundidad de la actual situación en Venezuela, pero ya no bajo dos categorías, sino cuatro. Así, se divide primero en una explicación del factor económico venezolano, desde una perspectiva que permita tocar temas como la inflación, el desabastecimiento, la fuga de capitales, entre otros. En segunda instancia, se toma el factor socio-político interno, donde se analiza sobre las acciones emprendidas desde el gobierno y la oposición en un año de elecciones, y cómo la violencia social tiene actores que complejizan el escenario, como colectivos, guarimberos y grupos paramilitares. La tercera arista, es una tocada previamente, la incidencia e influencia de la región y sus organismos de integración frente a los sucesos, desde su interpretación, apoyo al país y acciones concretas, desde el año pasado hasta la vuelta a los problemas este año. Finalmente, hay que dar énfasis a cómo lo que acontece en Venezuela se inserta en la geopolítica global, donde EUA golpea el tablero, declarando al país caribeño como “amenaza a su seguridad nacional”, a la vez que Rusia y China se consolidan en el sistema internacional, y también toman posición en el tema.

El Factor Económico en la Tensión Interna

Durante el siglo XX, Venezuela sufrió grandes transformaciones. Pasó de una economía agropecuaria de subsistencia, al boom de exportación petrolera de la década de 1930, con los enormes conflictos socio-políticos que esto generó. La estructura socio-económica comenzaría a cambiar con la llegada de compañías petroleras extranjeras (Standar Oil, Royal Dutch Shell, entre otras) que se encargaron de modificar la matriz productiva en pocos años, que controlaban el 98% del total (Ewell, 2002: 302). La agricultura y otras áreas económicas, terminaron siendo barridas del mercado.

1958, año de la instauración del bipartidismo AD-COPEI –que sucedió el dominio de militares y jefes regionales de la política nacional-, no trajo una situación de inclusión social y política, ya que grandes cantidades de población siguieron en situación de extrema pobreza, al tiempo que partidos, sindicatos y organizaciones opositores al gobierno fueron víctimas de presiones gubernamentales (Ewell, 2002: 329-332). En años posteriores, los gobiernos siguieron una política de obediencia a los dictámenes del FMI, sobre todo hacía 1980 cuando los experimentos neoliberales se practicaron de forma masiva en la región, generando un fuerte deterioro económico y una crisis financiera que impactó a comienzos de la década venidera.

Desde la llegada de Chávez al poder en 1999, la política del Estado venezolano –tanto a nivel interno como externo- dio un giro enorme, y se orientó hacia un estatismo y rechazo al diseño estratégico estadounidense para la región. El gobierno de Chávez se caracterizó por buscar mayor inclusión e igualdad social, aunque sin modificar de modo significativa la estructura económica del país. Al mismo tiempo, su actitud contestataria hacia EUA, le valió un cese de exportaciones petrolíferas al país, para desestabilizar su gobierno, y que pauperizó la calidad de vida de la sociedad –situación de la cual se salió adelante con éxito. Además, realizó una política exterior activa, que favoreció la integración regional, que en materia económica se consolidó en el ALBA y PetroCaribe, impulsando el desarrollo cooperativo de lazos entre países; y acercándose económica y estratégicamente, a países con los cuales, históricamente, Venezuela no había tenido fuertes lazos diplomáticos: China, Rusia, Irán, entre otros, realzando el multilateralismo.

Si bien, el gobierno de Chávez consiguió realizar políticas que promovieron igualdad en términos sociales, la falta de renovación en la matriz productiva, sumada a ineficiencia y corrupción administrativa en ciertos rubros de la economía, hicieron que al momento de asumir Maduro, la situación socio-económica fuese inestable. Además, hizo que sectores opositores -que van desde sectores estudiantiles a grupos de extrema derecha- se puedan servir de la petróleo-dependencia, para en el plano discursivo, atacar las bases del proyecto social iniciado por Chávez. Situación que llegó al punto álgido el 2014, cuando las protestas llegaron hasta una alta escala de violencia.

La dependencia petrolífera, que era en 1999 de 76% del total de exportaciones, se sitúa hoy en día en el 96%. Pero cabe destacar que estos porcentajes se deben, así como a una falta de desarrollo en otros sectores, también a la optimización que PDVSA ha llevado a cabo en la producción: mientras en 1998 exportaba US$12.178millones, en 2012 exportó US$93.569millones[1]. Aun así, es un riesgo económico, que se concretó cuando el precio del barril de crudo durante el 2014, bajó de US$110 a US$51[2], lo cual hace que la economía venezolana reciba la mitad de sus divisas. Este descenso de precio no tiene explicación conspiracionista probablemente, sino en cómo el fracking, como nuevo método de extracción petrolera, se insertó en el mercado mundial.

Aquella dependencia, que históricamente ha tenido como mayor comprador a EUA -proclive a utilizar en política exterior, sanciones económicas hacia países que escapan de su radio de hegemonía-, está siendo reestructurada gracias a China, primer destino de exportaciones venezolanas (14,8% en 2011, frente al 13,9% de EUA), mayor prestamista e inversor, convirtiéndose en aliado económico estratégico[3]. Sin embargo, frente a los problemas económicos actuales, para mejorar el arca estatal, Venezuela ha tomado la medida de descender las exportaciones –mediante el mecanismo solidario de comercio- a los países de PetroCaribe. Esto porque en el actual panorama económico, le impide a Maduro recibir mayores ingresos; frente a la medida, ningún país tomó postura crítica contra Venezuela, comprendiendo la difícil situación interna en el país caribeño[4].

Se aprecia que la histórica petróleo-dependencia genera riesgos. Ello, dando pie a problemas inflacionarios que generan un efecto bola de nieve, que es complejizado por diversas variables concatenadas, como fuga de capitales, débil política cambiaria, devaluación, ritmos de consumo desproporcionados, entre otros. Aunque se debe decir que la inflación es una cuestión histórica, por ejemplo, en 1996, ésta era de un 103%, denotando que es factor de mala gestión, y no de proyecto político necesariamente.

En otra área, la gran dependencia petrolera, implica importaciones de productos en los otros sectores. El actual problema de desabastecimiento alimentario se origina en aquello. Venezuela no tiene soberanía alimentaria, dejándolo a merced de importadores e intermediarios. La memoria histórica, permite ver que la situación del país caribeño hoy, es muy similar a la de Allende en Chile, que sufrió desabastecimiento de productos domésticos durante su gobierno, resultado de la estrategia de la oposición para impulsar el descontento social e inducir al derrocamiento del gobierno democrático. Camioneros y supermercados destruían, contrabandeaban u ocultaban alimentos -que luego vendían en el mercado negro-, apoyados por paramilitares derechistas (Frente Patria y Libertad).

El Factor Socio-Político en la Tensión Interna

La violencia es el tema más controversial de la situación de inestabilidad actual. Esta vorágine de conflictividad social, responde a una contienda por el espacio público entre dos bandos polarizados, que dada la ausencia de voluntad de las partes en el diálogo, hacen uso de la violencia como medio para la consecución de sus fines según su interés (Tilly, 2007). La misma, se intensifica en Venezuela de momento que la muerte de Chávez y ascenso de Maduro fue visto por la oposición neoliberal como la oportunidad para derrocar al chavismo -que fundaba gran parte de su fuerza en su líder-, creyendo que al contar con casi la mitad de los sufragios, podría, por medio de la movilización social, impulsar una crisis política que llevase al nuevo presidente a dimitir. Entre febrero-julio 2014, 43 personas murieron en enfrentamientos callejeros que sacudieron al país -por responsabilidad de fuerzas de seguridad pública, colectivos y grupos de oposición. Y aun hoy existen 27 “presos políticos” a “espera de juicio”. Tal situación de derechos humanos, si bien cuenta con 30 imputados, sólo 14 están en prisión, y ninguno ha sido juzgado (Amnistía Internacional, 2015: 6). La solución de este tema debiese ser imprescindible para un proceso de pacificación social en Venezuela.

            Pero la violencia es una cuestión histórica en Venezuela, tan presente como la desigualdad en la distribución de la renta, o la concentración del poder político en la oligarquía. Cabe destacar situaciones como la masacre de Cantaura en 1982, el hallazgo de cadáveres en un pozo petrolero de Maracaibo en 1986, la masacre de pescadores en El Amparo en 1988, o el Caracazo de 1989 (Ewell, 2002: 354). Más allá de eso, la violencia social en el siglo XXI comenzó a aumentar. Uno de los actores responsables de ello, han sido los denominados “colectivos”, grupos socio-políticos que han tomado las armas en defensa de la Revolución Bolivariana (pero que datan de guerrillas urbanas de los 60), apoyando el proceso de Chávez –y viceversa. Esta liminaridad de apoyo al gobierno, pero no de subordinación, es la que crea la problemática[5], porque frente a la movilización de la oposición neoliberal -que de por sí impulsa agitación-, los colectivos chocan en las calles, acentuando la conflictividad. Un tema que se escapa del control de Maduro, a quien no se subordinan, como lo denota el problema entre la “5 de Marzo” y el gobierno, por el asesinato de cinco de sus miembros a manos de la CICPC[6].

            En la otra vereda, los “guarimberos”, protestantes que generan disturbios callejeros, son una mixtura de sociedad civil descontenta que responsabiliza al gobierno por la situación del país en lo económico, y grupos de oposición que enfocan su accionar a la desestabilización interna. En esta arista, si bien las protestas no tuvieron tanta masividad[7], en el lado occidental han tenido mayor eco. Y en zonas fronterizas con Colombia, a las protestas sociales, se le suma un factor que complejiza el escenario: el paramilitarismo. Con origen en las Autodefensas Unidas (AUC), las BaCrim, bandas como Urabeños, Rastrojos o Águilas Negras, vinculadas al narcotráfico y delincuencia organizada, cuando comenzaron a desbaratarse en Colombia, cruzaron la frontera hacia Venezuela, poniéndose al servicio de ganaderos y latifundistas de Zulia, Táchira y Barinas, como lo confirman capturas de paramilitares colombianos en Apure en 1997, la masacre de Cararabo de 1995, o la masacre del Táchira de 2009. Desde estas regiones la penetración al resto de Venezuela se dio de forma progresiva, gestionando el tráfico ilícito: entrada de drogas, salida de gasolina y alimentos[8]. En complicidad con sectores corruptos de la institucionalidad de dichas zonas, el paramilitarismo impregnó de su modus operandi de violencia a la delincuencia venezolana. Esta entrante influencia del  paramilitarismo puede ser apreciada en el contexto de las tensiones políticas actuales en exacerbaciones en el conflicto callejero, o el horrendo asesinato al diputado oficialista Robert Serra, muerto de 40 puñaladas en su hogar, sin encontrarse aún responsables[9].

            Al asesinato de Serra, se suma la prisión para a A. Ledezma por conspiración golpista, criticable por el modo que el ejecutivo pasa por encima del poder judicial; pero es también un error político, de momento que una captura con pocas pruebas reales sobre golpismo, da pie a la oposición chavista para que consolide la construcción de su discurso entorno a la victimización y la defensa de los derechos humanos. Oposición constituida por “hijos políticos” de quienes cometieron vejámenes al pueblo venezolano por décadas, y que defienden a un político (Ledezma) vinculado a crímenes de DD.HH., como la masacre de retén Catia (1992), o el asesinato de Leonarda Reyes (1996)[10].

            En la arena política, en un año de elecciones parlamentarias, tras un revés en la última votación para el chavismo, que perdió estratégicas ciudades, existe una situación ambigua. La discursiva antiimperialista es para el chavismo una piedra angular y las declaraciones de Obama tildando de amenaza para su seguridad nacional a Venezuela, le hacen ante todo un favor al propio movimiento de Maduro, ya que les significa una legitimación de su discurso y postura, acentuando la figura del “enemigo externo”, la “amenaza del norte”, sirviéndoles como elemento aglutinador nacional; además, al estar EUA constantemente apoyando la postura de la oposición venezolana, permite que el chavismo la continúe indicando como foco desestabilizador nacional apoyado por EUA -lo sea o no. La propia oposición ha procurado desmarcarse de las palabras de Obama, pero les será complejo construir una opción para el electorado, por las contradicciones entre una postura defensora de DD. HH., pero sostenida por el apoyo desde EUA.

            En tal contexto, Maduro tomó como medida el permiso para legislar por decreto –por un año- en temas de lucha anti-corrupción y defensa económica, la Ley Habilitante Antiimperialista[11]. Tal ley, vista como respuesta frente a la reciente sanción de EUA (ínfima frente a anteriores, como el embargo de armas o el cese de compra de petróleo), debiese interpretarse como un mecanismo para hacer expedito legislar sobre temas que requieren celeridad, pero como estrategia política es errónea, pues da pie a la oposición para criticar –en parte justificado- la exacerbación del poder ejecutivo. Aunque también puede vérsela como defensa preventiva de Maduro en caso de perder las parlamentarias.

            En tal línea, las dimensiones de una amenaza de golpe de Estado en Venezuela son escasas. La posibilidad de una invasión al país es improbable. Ni siquiera en tiempo de Guerra Fría, EUA desembarcó marines en tierra suramericana; siempre fue apoyando militares y oligarquías locales. Y Fitzpatrick en la OEA, señaló que no es la intención[12]. De allí que la diferencia entre Maduro y Allende, sea que la oposición caribeña está en franca decadencia y carece del poder de antes, aun con auxilio paramilitar colombiano. Pero más importante, las FF.AA. venezolanas entregan su irrestricto apoyo al proceso bolivariano, por lo que la amenaza de existencia de un golpe sea muy compleja, pues las FF.AA., además de contar con gran presupuesto y armamento moderno, se sienten integrados al proyecto bolivariano, poseen formación patriótica, y provienen de las capas sociales que han surgido con la reducción de desigualdad social.

Venezuela en la Geopolítica Regional

Hace un año, cuando la situación era caótica, los organismos de integración regional (UNASUR, ALBA, OEA) se pronunciaron a favor de la paz y democracia, respaldando la gestión de Maduro para que lograse estabilizar al país. La UNASUR promovió una mesa de diálogo entre gobierno y oposición en su Resolución 02-2014. Hoy nuevamente reafirma ese compromiso en su último comunicado, donde señala “seguir acompañando, con el apoyo de la Secretaria General, el más amplio diálogo político con todas las fuerzas democráticas venezolanas, con el pleno respeto al orden institucional, los derechos humanos y el estado de derecho”[13]. Pero la oposición volvió a cerrar su puerta, esperando primero la liberación de presos políticos, y desconfiando de E. Samper[14].

            Sin embargo, estas muestras de apoyo fueron sólo posibles después del impasse entre el canciller charrúa Nin, y Maduro, posponiéndose la reunión del organismo en un momento de urgencia, frente a lo que el presidente Correa actúo con celeridad, y cambió de Montevideo a Quito la sede del encuentro. Probablemente la opinión de Nin (que no encontraba pruebas de la injerencia de EUA en Venezuela hoy)[15] no dista de la realidad, pues efectivamente hoy en día no hay fuentes fidedignas que demuestren injerencia (lo cual no significa que no pueda existir soterrada, o implique desconocer la histórica injerencia en la región de la potencia del norte), pero sus palabras tampoco indican que Uruguay desconozca la tensa situación de Venezuela o no quiera apoyar, por lo que ni siquiera daba para generar un impasse (el cual ya se dio por superado por las partes).

            Cabe indicar que esa situación nunca puso en cuestión la legitimidad de la UNASUR como organismo regional de convergencia frente a problemas, hecho que se reafirma con el acercamiento de las partes, realización de la reunión y sus comunicados. Pero desde una perspectiva crítica, sí es de esperar que UNASUR consolide su disposición a una mesa de diálogo con el establecimiento de tal (entregándole garantías a la oposición, para que esta no la vuelva a quebrar). Aunque también, considerando que un gran problema de Venezuela es el desabastecimiento de ciertos productos, podrían los países del organismo haber consensuado, por ejemplo, un mecanismo de solidaridad alimentaria que proporcione al país caribeño de otra fuente de ingreso de alimentos para palear la fuga de productos y mercado negro, con una sobreoferta de tales.

            Desde el plano regional, otro de los aspectos tocados ha sido el señalamiento de Obama sobre la amenaza a la seguridad nacional que implicaría Venezuela. El ALBA, fiel a su orientación de cooperación, contraria a injerencias y de perfil antiimperialista, rechazó el Decreto Ejecutivo de EUA, por violar el derecho internacional y la soberanía venezolana[16]. Lo mismo hizo UNASUR, indicando que dicho Decreto “constituye una amenaza injerencista a la soberanía y al principio de no intervención en los asuntos internos de otros Estados (…) UNASUR reitera el llamado al gobierno de los Estados Unidos de América para que evalúe y ponga en práctica alternativas de diálogo con el gobierno de Venezuela (…) solicita la derogación del citado Decreto Ejecutivo”[17]. Como ya se indicó, Obama termina haciéndole un favor al chavismo antes que a la oposición con sus declaraciones, porque sirve de legitimador del discurso de este movimiento. Consciente del error que significó esto, el propio Fritzpatrick en la OEA indicó que las palabras de Obama fueron “malinterpretadas”[18]. Aunque antes que una malinterpretación de sus palabras, aquellas fueron dichas; demostrando la prepotencia aun con la cual EUA se expresa sobre América Latina y sus problemas; lo que a su vez, termina siendo -así como a nivel nacional- para la región, un elemento de cohesión que fortalece la identidad suramericana y latinoamericana alternativa/opuesta a EUA.

            Y desde una visión regional ciudadana, mientras en países como Uruguay (con Mujica y Sendic a la cabeza), Bolivia y Chile se han producido masivas manifestaciones en apoyo a la democracia y al gobierno de Venezuela; en contraposición, figuras de la derecha latinoamericana, en enero intentaron visitar a López -los expresidentes de Chile y Colombia, Piñera y Pastrana- (cuya entrada fue prohibida[19], aspecto criticable, por ser derecho de todo preso, además es un error político que da pie a las voces que atacan al oficialismo). Este hecho, enmarcado en el foro sobre democracia organizado por Corina Machado, al cual además asistió el expresidente mexicano Calderón[20]. Las ansias de paz democrática de uno y otro lado, son totalmente legítimas, pero habría que reflexionar si el apoyo de Piñera, Pastrana y Calderón es estratégico para la oposición, considerando que el primero reprimió estudiantes y mapuche, y apoyó la dictadura de Pinochet; el segundo tuvo vínculos con el paramilitarismo; y el tercero, al utilizar al ejército contra los narcos, encubrió asesinatos y violaciones de inocentes campesinos por soldados.

Venezuela en la Geopolítica Global

Actualmente, el crecimiento económico chino amenaza uno de los principales pilares del sistema hegemónico mundial estadounidense: su exclusividad como eje de poder económico y financiero. Además, la iniciativa de los BRICS, viene a configurarse como un elemento a considerar en una gobernanza global que apuesta al multipolarismo. Y en los últimos meses, ha habido intentos de disputar el poder estadounidense en el terreno político-militar, principalmente desde un cambio (o exacerbación) de la postura rusa, fuertemente marcada a partir de la crisis ucraniana. Al mismo tiempo, la aparición del Estado Islámico como un factor de desestabilización en el mundo musulmán, y el interés chino en aumentar su capacidad marítimo-militar, están haciendo que EUA comience a ver amenazada su posición en diferentes escenarios regionales.

Latinoamérica no es ajena a tal contexto. La región se considera por Washington como parte de su zona de seguridad. Durante los setenta apoyó y financió dictaduras y golpes de Estado de derecha, a fin de evitar “avances del bloque comunista”, en el marco de la bipolaridad. Actualmente, frente a nuevas amenazas, EUA busca influir en el continente a fin de frenar los intentos de desarrollo autónomo que se escindan del diseño que la Casa Blanca tiene. Venezuela, desde el ascenso de Hugo Chávez al poder en 1999, viene rechazando las intromisiones de EUA en la región, llegando a diseñar, junto a Brasil y Argentina, el Consejo de Defensa Suramericano (CDS), un proyecto para la defensa y la autonomía del subcontinente frente a cualquier injerencia externa en el marco UNASUR. Y a su vez, viene configurando alianzas estratégicas con China y Rusia, con acuerdos en comercio, energía, tecnología y armamentos.

En el caso de la relación con Rusia, la cooperación se ha dado más en el ámbito militar, en virtud del acuerdo firmado por ambos países en al año 2001: “fue la Venezuela bolivariana la que dio el primer paso para que Rusia entre en América del Sur en materia de seguridad y defensa. Las sanciones y conflictiva relación de Chávez con EUA, hizo de Rusia su solución para solventar un proyecto político con capacidad defensiva” (Pavez, 2015: 110). La compra de armas a Rusia por parte de Venezuela ha venido en crecimiento constante en los últimos años al punto de ser aquella, el primer país en compra de armamento ruso en la región, compras que van desde fusiles de asalto hasta tanques de combate. Actualmente la compra de sistemas antiaéreos rusos “Buk” constituye, por un lado, la decisión del gobierno venezolano de hacer frente a cualquier agresión externa, y por otro, da cuenta del interés de Rusia en desafiar geopolíticamente a EUA, incluso en América Latina, para lo cual Venezuela es un aliado estratégico.

            En razón de ello, el propio Putin hace pocos días indicó que: “Venezuela no sólo es nuestro amigo, sino uno de nuestros principales socios”[21], en el contexto de reunión entre ambos mandatarios sobre la baja del precio del petróleo en el mercado global. Reforzándose tal postura, en palabras del ministro de exterior ruso Lavrov, quien señaló que: “consideramos inaceptables los intentos de intromisión en los asuntos internos de Venezuela y las sanciones ilegales que impuso de modo unilateral EUA”[22].

En el caso de China, viene realizando, en la última década, una política de diversificación en rubros de cooperación, con alto grado de soft power complementado con ayuda económica y diplomacia militar en la región (Pavez, 2015: 112). El reciente préstamo que ha otorgado China a Venezuela por US$10.000 millones, se enmarca en su política de largo plazo de ir acercándose a América Latina, acorde a sus intereses como potencia global. Sumado a la última declaración del ministro de exterior Hong Lei: “como país importante en América Latina, los asuntos internos de Venezuela deben ser solucionados por su propio pueblo”[23], rechazando las acciones de EUA, fiel a la histórica postura china de no intervencionismo en asuntos internos en los países.

En este marco geopolítico global, el caso venezolano se suma como un escenario de inestabilidad más, en medio de un panorama más caótico del que la administración Obama hubiera deseado, lo que se aprecia en cómo la Casa Blanca parece dar pasos erráticos hacia la región. Mientras que por un lado restablece relaciones diplomáticas con Cuba, por otro lado declara que la actual situación de la República Bolivariana de Venezuela constituye una amenaza para su seguridad nacional. Claramente la escalada de tensión internacional y el considerable aumento de influencia del gobierno chino, han hecho que EUA no solo no pueda definir una política clara para la región, sino que también tenga una política exterior contradictoria y hostil, que genera un rechazo generalizado en la región, como lo han expresado, entre otros, los presidentes Morales y Correa, que enfatizan en una solución democrática e interna para calmar la tensión, pero manifestando que dentro de esa solución democrática por la pacífica, nada tiene que hacer EUA, todo lo contrario, que sería un factor más para complejizar de la situación.

Conclusiones

La situación es compleja, y necesita primero que todo, de voluntades políticas para que se pueda encontrar una solución. El desabastecimiento alimenticio no se produce en un país de la noche a la mañana sin que detrás exista la intencionalidad de producirlo; los problemas económicos (frecuentes en la historia venezolana), fuga de capitales e inflación, tampoco son algo que aparezca espontáneamente; así mismo, la violencia social (presente históricamente en el país) no se exacerba al punto que llegó el 2014, sin que haya quienes la estén manipulando como estrategia política de presión al gobierno.

            Así, la inestabilidad en Venezuela pasa –en parte- por una crisis política de la oposición neoliberal. Creyendo tener la oportunidad de tomar el poder, con la muerte de Chávez, impulsó una estrategia muy peligrosa: polarizar y exacerbar el odio en el país. Sin actuar como una oposición madura de un país democrático: criticando, proponiendo y velando por la paz social. En su objetivo de derrocar al chavismo, no reflexionó cómo la agitación social violenta, traería consigo más violencia, en vez de estabilidad. En esta ceguera política, desconocen la legitimidad del apoyo del pueblo al proyecto bolivariano (ganador de 18 de 19 elecciones), y todos los logros nacionales de los últimos 16 años (reducción pobreza y desigualdad en la renta, erradicación analfabetismo y ampliación cobertura educativa, mejor salud), intentando destruir todo lo creado, bajo el simplismo discursivo de “dictadura chavista”. Atacando incluso, a los organismos de integración.

            Pero desde la vereda oficialista, naturalmente las cosas tampoco marchan como quisiesen. Maduro carece del liderazgo y estrategia política para gobernar que tenía Chávez, como lo develó la fuerte represión durante el 2014, complicándosele el control de la situación de violencia social, que aún carece de justicia. Además, abundan errores políticos en la forma de aplacar la inestabilidad, como mantener 27 “presos políticos”, con escasas pruebas de “golpismo”, termina por fortalecer la postura de la oposición que busca erigirse como adalid en la defensa de los DD.HH.; o gobernar por decreto un año. A ello se puede sumar los efectos de la corrupción, débil gestión económica, inmadurez política de seguirle el juego a la oposición, en vez de estar siempre a favor del diálogo, y la incapacidad para controlar a los colectivos.

            Finalmente, desde lo macro a lo micro, se aprecia cómo Rusia y China, actores protagónicos del sistema internacional tendiente a lo multilateral, valoran sus vínculos estratégicos con Venezuela en relación a América Latina, haciendo énfasis en que la situación interna del país debe ser tratada sin participación alguna de EUA, apoyando una política de paz. En contraposición, Obama, sindicando a Venezuela como amenaza para su seguridad nacional, hizo recordar los tiempos en que su país hacía y deshacía en la región con injerencia y unilateralismo. La misma declaración le jugó en contra a toda pretensión estadounidense en el tema (que probablemente no tuvo en su plan “invadir”). Terminando por servir de cohesión regional de esfuerzos integracionistas aglutinados en UNASUR, y avalando al discurso chavista antiimperialista, permitiéndole sacar ventaja frente a la oposición (que EUA constantemente ha apoyado) bajo la idea de la “amenaza del norte”, aspecto que puede ser clave, dependiendo cómo se lo maneje, frente a las elecciones parlamentarias de este año. El panorama 2015 es menos conflictivo que el del 2014, aunque aún se vea lejana la completa estabilización del país. Sin embargo, la situación no hace pensar que Maduro pueda sufrir un golpe de Estado, porque las FF.AA. están a favor del bolivarianismo, lo cual hace que una posible injerencia de EUA no pueda pasar más allá de lo económico, y porque la oposición, sólo contando con la agitación social violenta y vínculos paramilitares, carece de apoyo popular y un proyecto socio-político unificado que le permita construir un nuevo camino, el cual si se busca hacer en base a destruir las políticas bolivarianas, para adherirse al neoliberalismo y privatizaciones, probablemente terminará por hundir aún más el bienestar social; con un enfoque en crecimiento macroeconómico, pero sin redistribución comunitaria, fortaleciendo una nueva clase empresarial, pero precarizando a la sociedad civil.


[1] http://www.alv-logistica.org/mostrar.asp?doc=892

[2] http://www.eldinamo.cl/ambiente/2014/12/23/todo-por-un-hombre-el-fracking-cambio-el-mercado-petrolifero-mundial/

[3] http://www.alv-logistica.org/mostrar.asp?doc=892

[4] http://lat.wsj.com/articles/SB11487282416363363484204580323471199001464

[5] http://www.elpais.com.co/elpais/internacional/noticias/asi-operan-colectivos-fuerzas-paramilitares-chavistas-venezuela

[6] http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/venezuela-es/article3185652.html

[7] Comprobándose incluso cómo medios de comunicación tergiversaban la información, creaban montajes de fotos de protestas de otras latitudes o temporalidad, para hacerlas pasar por Venezuela, o difundían imágenes de represión en otras partes del mundo, mostrándola como acciones ocurridas en el país. Véase: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=196246&titular=55-casos-de-manipulaci%F3n-medi%E1tica-de-la-oposici%F3n-venezolana-

[8] http://es.insightcrime.org/noticias-sobre-crimen-organizado-en-venezuela/bacrim-en-venezuela y http://www.albatv.org/Grupos-paramilitares-realizan.html

[9] http://www.emol.com/noticias/internacional/2014/10/02/683148/unasur-asesinato-de-diputado-chavista-es-senal-de-infiltracion-del-paramilitarismo-colombiano.html

[10] http://www.telesurtv.net/news/Conozca-al-alcalde-detenido-en-Venezuela-por-golpista-20150220-0012.html

[11] http://www.asambleanacional.gob.ve/uploads/documentos/doc_bc4c506d760363356d39ca767363429d7b7579f9.pdf

[12] http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/venezuela-es/article15352148.html

[13] http://www.unasursg.org/images/especial/Comunicado%20por%20llamado%20al%20dialogo.pdf

[14] http://internacional.elpais.com/internacional/2015/03/07/actualidad/1425703663_569907.html

[15] http://laiguana.tv/articulos/6277-uruguay-choque-diplomatico-maduro-superado

[16] http://alba-tcp.org/contenido/comunicado-especial-del-alba-tcp-rechazando-el-decreto-ejecutivo-del-presidente-de-los-est

[17] http://www.unasursg.org/images/especial/Comunicado%20por%20Decreto%20EEUU.pdf

[18] http://www.oas.org/es/centro_noticias/comunicado_prensa.asp?sCodigo=C-091/15

[19] http://www.emol.com/noticias/internacional/2015/01/25/700804/prohiben-a-pinera-visitar-a-leopoldo-lopez.html

[20] http://www.latercera.com/noticia/politica/2015/01/674-613933-9-maduro-advierte-a-pinera-calderon-y-pastrana-por-visita-a-foro-politico-en.shtml

[21] http://actualidad.rt.com/actualidad/163386-putin-rusia-maduro-venezuela

[22] http://actualidad.rt.com/actualidad/170069-lavrov-venezuela-inaceptable-golpe-estado

[23] http://www.telesurtv.net/news/China-pide-respeto-a-soberania-de-Venezuela-20150311-0079.html


Bibliografía

  • AMNISTÍA INTERNACIONAL. (2015). Venezuela. Los rostros de la impunidad. Londres: Publicaciones Amnistía Internacional.
  • CAUBET, Matías & PAVEZ, Lucas. (2014). “La Crisis en Venezuela y su Repercusión a nivel Regional”. Anuario de Relaciones Internacionales 2014, IRI, UNLP.
  • EWELL, Judith. (2002). “Venezuela, 1930-c. 1990”. BETHELL, Leslie (Ed.). Historia de América Latina. 16. Los países andinos desde 1930. Barcelona: Crítica. Pp. 301-356.
  • PAVEZ, Lucas. (2015). “Los Nuevos Vínculos de América del Sur con China y Rusia, en Seguridad y Defensa”. Revista Acontecer Mundial, n° 17. Pp. 108-115.
  • TILLY, Charles. (2007). Violencia Colectiva. España: Editorial Hacer.

 

 

Autor: Lucas Pavez R.

Maestrando en Relaciones Internacionales, UNLP. Profesor de Historia, Geografía y Ciencias Sociales. Licenciado en Historia mención Ciencias Políticas.

Blog: http://surgeopoliticaycontingencia.blogspot.com.ar

lucas.pluks@gmail.com

 

Autor: Profesor Matías Caubet 

Profesor de Historia de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Argentina. Miembro del Departamento de Seguridad y Defensa del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata. Secretario del Departamento de Eurasía del mismo Instituto. Actualmente cursa la Maestría en Relaciones Internacionales. 

matuc_09@hotmail.com

 


 

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