El Estado Postmoderno y el Tercer Mundo.

 

por Rubén Darío García Escobar.

 

leviathan

 

 

A partir de los 90’s la investigación teórica del Sistema Internacional tomo una importante relevancia, especialmente ante la expectativa del decible del Sistema de Estados. El Estado Postmodernos fue uno de los postulados a favor de la continuación del Sistema de Estados al argumentar el desarrollo del Estado-Nación a una nueva etapa. Esta fue, probablemente, una de las que ha logrado capturar la esencia de la política mundial actual y sus implicaciones para el Tercer Mundo va mas allá de las herramientas que pueden brindar la dependencia, el Sistema Mundo o los paradigmas tradicionales.

 

El Estado postmoderno y el Tercer Mundo.

El concepto del Tercer Mundo es un tema espinoso, sobre todo tras la finalización de la Guerra Fría, momento que dio lugar a una mayor cohesión y homogeneidad en el Sistema Internacional. Es decir, la reducción de espacios políticos alternativos ante la mayor etapa de expansión del Sistema de Estados tal cual lo conocemos hoy.

En torno a este grupo de países se han proferido diversos argumentos que ponen en duda o defienden su eficacia como colectivo, la cohesión de sus gobiernos y su misma existencia, una extensa bibliografía que ha contribuido a profundizar nuestra comprensión de la política mundial. En este caso, las siguientes líneas buscan  examinar de manera superficial las implicaciones de las nociones derivadas del Estado Postmoderno para este conjunto de Estados fuera de las connotaciones ideológicas que puede despertar el concepto. Para esto tratare el Tercer Mundo simplemente como una herramienta conceptual y teórica que hace referencia a un grupo de actores estatales que cuentan con ciertas características comunes a pesar de su heterogeneidad.

Para empezar a hablar del Estado Postmoderno partiré del trabajo que realizo Robert Cooper[i] en los años 90’s, para quien la idea del Estado posmoderno surge de una concepción evolutiva del Estado, es la etapa que sucede al Estado-Nación. La primera consecuencia de la existencia de esta nueva etapa es la conformación de un Sociedad de Estados postmoderno, que al igual que lo hicieron los teóricos del Derecho Natural que explicaron la existencia de un Sistema de Estados en Europa durante el siglo XVIII y XIX, busca diferenciarlos del resto de estados o unidades políticas por una supremacía moral.

Este “mundo postmoderno”, en constante amenaza por la existencia de los mundos pre-moderno y moderno, se caracteriza porque las unidades estales que lo conforma responden a diferentes valores que determinan la relación con sus poblaciones y sus pares estatales. Los elementos normativos más importantes que distinguen a este nuevo Estado son un énfasis en el individuo y la renuencia a considerar la guerra como un medio político valido (por lo menos entre sus pares). Estos principios están en estrecha relación con un carácter mucho más transparente del Estado. Las implicaciones de tener al individuo y la paz como valores fundamentales determinan nuevos patrones de comportamiento y expectativas, afectando en especial el ejercicio de la soberanía.

Aunque el trabajo de Cooper no se ve reflejado totalmente en la política mundial, si se puede hablar de algunos aspectos en los que esta visión del mundo ha tenido un impacto significativo. El más importante de estos se dejo ver tras el inicio de la Guerra Contra el Terror, tras la cual la Comunidad de Estados vuelve a poner un especial interés en la construcción de Estado y se comienza a percibir a otros actores estatales como amenaza, no precisamente por sus capacidades sino por su incapacidad, específicamente de alcanzar niveles adecuados de estatalidad. El Estado fracasado, vulnerable, colapsado, entre otras, son algunas de las categorías que se han empleado para poder clasificar estas partes del sistema que fruto de sus tempranos estadios de construcción de Estado se presentan como la fuente de múltiples vulnerabilidades a la seguridad global y al Orden Mundial. Si durante la primera parte de los 90’s se concebía la catástrofe humanitaria, localizada en el Estado fallido, como la principal consecuencia del fracaso de un Estado, a partir de los noventas este representaba una amenaza a la estabilidad y seguridad global[ii].

Aunque no en las mismas palabras que uso Cooper, el mundo actualmente se encuentra dividido entre aquellos estados con altos niveles de estatalidad y aquellos que no, en donde tiene lugar manifestaciones de violencia, desorden político, pobreza y una serie de problemáticas que tienen el potencial de rebasar las fronteras nacionales y amenazar a los estados más fuertes.

Una segunda implicación tiene que ver con el tipo de relaciones que se establecen con dichos estados, la forma en que se desarrollan las interacciones norte-sur. Estas requieren un trato especial que toma diversas acciones que pueden ir desde ayuda financiera enfocada al desarrollo hasta una intervención militar directa. Esta diferenciación que se hace en términos normativos y prácticos entre los países más fuertes y el Tercer Mundo no implica que todas las interacciones se den en los límites de dominación, instrumentalización o solidaridad desinteresada. Las relaciones entre estos dos grupos de países se ven atravesada por distintos factores que no permiten reducirlas a visiones deterministas y restringidas.

El incremento en las propiedades de cohesión y homogenización del Sistema Internacional de Estados con la finalización de la bipolaridad que caracterizo la Guerra Fría, fue tratado con especial interés por las teorías críticas en torno a las investigaciones del Nuevo Orden Mundial, la Hegemonía de Estados Unidos y el Sistema Capitalista. Pero la relevancia que se dio a otros temas, los supuestos en contra de la viabilidad del Estado y la importancia teórica que ha tenido la guerra[iii] eclipsaron el incremento de un reducido componente de sociedad en el Sistema  que ha influido de forma determinante en los procesos de construcción de Estado. Los múltiples procesos de construcción de Estado que necesitan inevitablemente de la socialización entre los actores, solo puede ser entendida a la luz de una Sociedad Internacional que cuenta con una serie de valores e intereses comunes[iv] a partir de los cuales dichos procesos son llevados a cabo.

Si bien existe un consenso entre la mayoría de países respecto a la construcción de Estado por ser este la unidad política fundamental sobre la que se sostiene el Sistema Internacional y el orden, este proceso no puede ser entendido a partir de los supuestos fundamentales de occidente, en base la experiencia europea. El cambio en las condiciones del ambiente internacional, el carácter de las vulnerabilidades a la seguridad, la diversidad de temas que componen la agenda internacional, entre muchos otros factores han afectado las funciones del Estado,  específicamente la forma en que son desarrolladas por los Estados del Tercer Mundo.

Si en algo pareció acertar Cooper, al igual que muchos otros autores, es que el carácter de la guerra como una función llevada a cabo por el Estado se ha transformado, pero esta transformación no solo ha tenido lugar entre los que él denomina estados postmodernos. En el Tercer Mundo, que vendría a ser el grueso de países que conforman el mundo pre-moderno y moderno, es donde este cambio ha tenido más implicaciones.  A diferencia de las primeras etapas de la experiencia europea, actualmente, el sistema no permite la creación, división o unificación  de Estados con la misma facilidad y las limitaciones al uso de la violencia son más que una cuestión de recursos. La guerra no es una opción política viable para el Tercer Mundo, no para estados con un desarrollo distorsionado, altas deudas externas y una importante dependencia, que además se encuentran en un estadio de construcción que requiere una cantidad considerable de recursos. Esto no quiere decir que la guerra no se encuentre dentro de los cálculos de los gobiernos del Tercer Mundo, esta sigue siendo una posibilidad permanente.

La principal función que se promueven en los estados del Tercer Mundo es el control político interno y la extracción de recursos, un hecho acorde con los intereses de la mayoría de elites estatales de este grupo de países, para quienes parte importante de las vulnerabilidades a su seguridad son de origen interno. Esto hace que la lucha por el poder en sus términos más crudos tenga lugar especialmente entre los Estados más fuertes, las consecuencias de la estructura anárquica del sistema disminuyen para los miembros más débiles de la sociedad de Estados y se ven más expuestos a las consecuencias, tanto positivas como negativas, de la socialización en un sistema jerarquizado y desigual. Las interacciones en un sistema de estas características es lo que hace que para los países del Tercer Mundo el Dilema de Autonomía[v] tome una mayor relevancia, situación que se vuelve más compleja en la medida en que agregamos factores como la democracia o los derechos humanos, sin los cuales el Estado se reduce a un simple herramienta de dominio político.

En las últimas décadas hemos sido testigos de nuevas formas de organización, acción y liderazgo político. Las reivindicaciones sociales han tomado una mayor relevancia y las demandas por un Estado que en verdad funcione como una herramienta para la humanidad se han hecho más complejas y numerosas. Las transformaciones a las que se ha enfrentado el Estado y el compromiso de las elites estatales del Tercer Mundo en los procesos de construcción de Estado son esenciales para comprender la importancia que asume la resistencia popular[vi] en una política mundial turbulenta[vii].

El Estado Postmoderno, si es que sigue siendo una idea plausible, todavía no se ha materializado, no en los términos que planteo Cooper. Está se encuentra en constante construcción y como lo han hecho ver los diferentes sucesos terribles o grandiosos que han tenido lugar en nombre de distintas reivindicaciones políticas durante el periodo Post-Guerra Fría, será el resultado no solo de la competencia inter-estatal sino de las relaciones de los Estados con sus poblaciones. La idea del Estado Postmoderno más que establecer una meta alude al cuestionamiento sobre el para qué y  el cómo se está construyendo el Estado[viii], la forma en que la resistencia popular a través de acciones de carácter local está influyendo en la consolidación de un Orden Mundial y de qué manera estamos participando en la construcción de estados que en verdad respondan a las necesidades humanas.

 


 

[i] Cooper, Robert. The postmodern state and the world order. Demos. Página: http://www.demos.co.uk/files/postmodernstate.pdf. Consultada: 30/05/2015.

[ii] Duffield, Mark. Los estados frágiles y el retorno a la administración nativa. Relaciones Internacionales. Página: http://www.relacionesinternacionales.info/ojs/article/view/105.html. Consultada: 29/05/2015

[iii] Beitz, Charles. Political Theory and International Relations. Introduction. Princeton University Press. 1999. Pp. 3-10.

[iv] Para ver una descripción más detallada del concepto Sociedad de Estados ver: Bull, Hedley. La sociedad anárquica: un estudio sobre el orden en la política mundial. Introducción. Catarata. 1995. Pp. 47-52.

[v] Rosenau, James. Turbulence in world politics: A theory of change and continuity. Studying Structures. Princeton University Press.  1990.

[vi] En este punto entiendo la resistencia popular como aquella acción colectiva o individual que se opone u obstaculiza los procesos de construcción de Estado sin importar su motivación.

[vii] La turbulencia hace referencia a la característica que adopta un sistema por un elevado número de actores e interacciones. Ver nota 5.

[viii] Miguel Angel Centeno, aludiendo al caso de Latinoamérica, lleva a que el estudio del estado se han ignorado las motivaciones y se han concentrado más en los medios. Para ver más: Centeno, Miguel. Sangre y deuda: Ciudades, Estados y construcción de nación en América Latina. Universidad Nacional de Colombia. 2014.

 


Autor: Rubén Darío García Escobar.

Pregrado en Relaciones Internacionales y Estudios políticos. Universidad Militar Nueva Granada.Maestría (en curso) en Relaciones internacional y Estudios políticos. Universidad del Rosario.

garcia.es.ruben@gmail.com

 

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