Glifosato y Cáncer en nuestro país

 

por Cristian Sanchez

 

 

En estos últimos días ha crecido la polémica sobre la implementación de glifosato en la producción agropecuaria Argentina. Se han presentado diversas investigaciones que ratifican las consecuencias perjudiciales que causa el glifosato para la salud de las personas. Una de sus consecuencias más temerarias es, el cáncer.

 Una de las investigaciones que se realizaron, la llevaron a cabo profesores y estudiantes de las universidades nacionales de Buenos Aires y de Córdoba (UBA, UNC). Estos estudios tuvieron lugar en la localidad de Monte Maíz (uno de los tantos pueblos abocados a la producción agrícola de la provincia). Esta investigación arrojó  resultados alarmantes para toda la población. La incidencia de cáncer, en esta región, supera por más del doble a la media de la Provincia de Córdoba.

 La investigación más relevante fue la realizada por la institución con más validez en todo el mundo en tema de salubridad. La OMS, a través de la agencia que investiga el cáncer (IARC), ha revisado los estudios realizados sobre el glifosato para concluir que, “hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos’’.

 A pesar de la contundencia de estas investigaciones, sigue habiendo sectores que niegan las consecuencias mortales del uso de glifosato. Tanto representantes de empresas productoras, como Monsanto, y miembros del poder ejecutivo nacional como Lino Baraño, han alegado que el uso de glifosato, en condiciones adecuadas, no genera ningún problema en la salud de las personas. Debido a esta negativa a ratificar las investigaciones por parte de las empresas y el gobierno, el glifosato sigue siendo producido y comercializado.

 En este intento de mantener el lucro económico a partir de la comercialización de este producto, se han producido campañas de desprestigio sobre los investigadores que llevaron a cabo estos estudios. Claro ejemplo de esto son los casos de Medardo Ávila (doctor y partícipe de la investigación en Monte Maíz) y de Andrés Carrasco (miembro del CONICET).

 A Ávila podría presentársele un sumario por ‘’extralimitarse en las actividades autorizadas’’ y por haber difundido antes de tiempo los resultados a la comunidad y a los medios de comunicación. En el caso de Carrasco, es difamado por haber investigado al glifosato como causante de malformaciones embrionarias. Esto le trajo como consecuencia la desaprobación de un pedido de promoción en el CONICET. Él señala que la evaluación fue muy dudosa y escasa en fundamentos.

 En este contexto, no queda más que esperar que el gobierno decida escuchar a esta parte de la comunidad científica.  Que de una vez por todas se tome cartas en el asunto y se decida, por lo menos, implementar restricciones a este tipo de agroquímicos.

 


 

 

Autor: Cristian Sanchez

Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario.

Facebook: https://www.facebook.com/criisstiian

Twitter: @Cris_Sanchez1

cris_sanchez0304@hotmail.com

 

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