Últimos Guiños que avivan el fuego entre el Oso y Occidente.

 

por Ricardo Nicolás Dold

 

 

 

Como es sabido ya de larga data, las relaciones internacionales entre Occidente y Rusia no se encuentran en su mejor momento. Históricos rivales durante la Guerra Fría y tras un efímero acercamiento durante los años 90’s y los comienzos del nuevo milenio, la actualidad parece encontrar a estos actores en su punto más critico desde el final de la Unión Soviética. Con la crisis de Ucrania y la incorporación de Crimea aún latiendo, nuevos eventos en la esfera internacional han presentado un viraje todavía mas crítico en las relaciones de los Estados Unidos y la OTAN con la Federación Rusa. Desde gestos políticos por parte de unos y otros hasta jugadas geopolíticas e incluso movilizaciones militares han hecho que las últimas semanas refloten un desencuentro innecesario.

Mensajes políticos.

Tanto desde los Washington como desde Moscú se han bombardeado con mensajes políticos y gestos alusivos a la confrontación que hoy los envuelve.

Desde los Estados Unidos de América, la postura parece ser clara: la confrontación con Rusia es esencial para los intereses norteamericanos. Aunque con matices -algunos mas diplomáticos que otros- el arco político de Washington casi en su totalidad parece estar de acuerdo con que Rusia no será doblegado con sencillez y que la diplomacia europea no basta para llegar a un acuerdo satisfactorio. Así, la actual administración de Barack Obama deslizó en su momento la posibilidad de suministrar armamento norteamericano al ejército ucraniano, encendiendo las alarmas del Kremlin ante la posibilidad de material armamentístico occidental en sus fronteras. En la actualidad, el Gobierno de los Estados Unidos analiza la posibilidad de establecer misiles de mediano y largo alcance en sus bases europeas como también de continuar con el despliegue en la eurozona del escudo antimisiles, significando así una gran amenaza para la continuidad del Tratado de Fuerzas Nucleares de Mediano Alcance firmado en 1987.

¿Un bluff? Muchos analistas políticos, entre ellos Dmitri Súslov, del Centro de Investigaciones Integrales Europeas e Internacionales de la Escuela Superior de Economía, sugieren que la posibilidad de que los Estados Unidos efectivamente establezca misiles de tal envergadura no es mas que una cortina de humo. Teoría que, a priori, no es descabellada. La caída cuasi catastrófica del Partido Demócrata en las elecciones de medio-término y las dificultades del Partido Republicano para posicionar un candidato con capacidad clara de ganar las presidenciales de 2016 parecen dejar a la vista una suerte de crisis de representación por parte de la actual clase dirigente. Por otra parte, una encuesta de CNN/ORC que ha visto la luz los últimos días desvela datos sugerentes: la imagen del actual mandatario Barack Obama es incluso menor que la del expresidente George W. Bush, de paupérrima imagen al finalizar su mandato. Esto implica no sólo un liderazgo desgastado de la actual gestión en términos domésticos sino además es un gran revés en política exterior, dado que un rasgo característico de la administración Bush en cuestiones internacionales ha sido el firme posicionamiento norteamericano y una doctrina fundada en “impartir respeto” en el Sistema Internacional.

Esto, sumado a los rotundos fracasos norteamericanos en su lucha contra el terrorismo islámico y a un auge patriótico ruso que conlleva el crecimiento de la imagen de su Presidente Vladimir Putin como un serio estadista y defensor de los intereses norteamericanos, pueden con gran lógica influir en los movimientos de Norteamérica en un vago intento por “lavar” la imagen tanto de sus dirigentes a nivel doméstico como de su política a nivel internacional. En palabras del analista internacional Dmitri Súslov, “ahora la Casa Blanca intenta demostrar a los ciudadanos estadounidenses y a sus aliados que está dispuesta a defender sus intereses con la misma determinación que Moscú”.

Con los ojos puestos en las elecciones presidenciales de 2016, la política de confrontación a Rusia con gran probabilidad vea continuidad. Tanto del lado Republicano con los combativos Ted Cruz, Marco Rubio y con el hoy moderado Jeb Bush, como del lado Demócrata y las declaraciones de la candidata estrella del partido, Hillary Clinton, ubicando a Rusia dentro de la lista de “amenazas tradicionales”, el posicionamiento norteamericano de cara al futuro -aunque con matices- no parece sufrir variaciones contundentes.

Así las cosas, la reacción proveniente desde Moscú no parece ser mucho más apaciguadora. Amenazados por los movimientos geopolíticos de Occidente y envuelto en una retórica conspirativa, la respuesta del Oso Ruso comprende un discurso cada vez más patriótico y una cada vez más importante demostración armamentística así como el avance en la concreción de acuerdos bilaterales que significan no sólo un incremento del abanico de posibilidades diplomáticas que permitan mermar el efecto de las sanciones internacionales, sino también algún que otro dolor de cabeza.

Así, comienza a explicarse el corrimiento del eje comercial de la Federación Rusa. Desde hace ya algunos años y acentuado en el último tiempo por las sanciones, la mayor presencia rusa en el continente Latinoamericano se ha hecho evidente. Grandes acuerdos económicos con Chile -aliado estratégico de los Estados Unidos en el Cono Sur-, importante acercamiento a Brasil vía BRICS y nuevos acuerdos de cooperación militar y nuclear con la República Argentina son algunas de las disposiciones que hacen vislumbrar una cada vez mayor penetración rusa en “el patio trasero de los Estados Unidos”.

Otro movimiento ruso en el ajedrez internacional está direccionado a los europeos descontentos con el mainstream. Los guiños del “Gran Maestro” a los nuevos movimientos populistas y conservadores-nacionalistas europeos como Podemos, UKIP y Front National -de Marine LePen- son un gran indicio. En esta misma linea, la reunión de Vladimir Putin este viernes 19 de julio con el flamante Primer Ministro griego Alexis Tsipras, con motivo del Foro Económico de San Petesburgo, en pleno auge de serios rumores sobre la posibilidad de Grecia de romper ataduras con la Unión Europea tras la negativa de Occidente de renegociar la deuda, es una clara expresión de la jugada rusa dentro del territorio europeo.

A su vez, las recientes declaraciones de Putin durante el Día de Rusia reforzando el nacionalismo ruso y la creciente inversión en la modernización del arsenal armamentístico son una clara señal: Rusia no se “apichona”. Las sugestivas declaraciones realizadas por el Presidente en la Expo Armamentística 2015 advirtiendo que el Ejército Ruso incorporará más de 40 misiles intercontinentales “capaces de superar cualquier escudo antimisiles”, son una clara alusión a la posibilidad norteamericana de establecer misiles de mediano alcance en sus bases de la OTAN.

En medio, la Unión Europea.

El Viejo Continente no es completamente ajena a las tensiones entre Occidente y Rusia. Estrictamente hablando, es la UE la gran impulsora de las sanciones que llevaron a Rusia a un viraje estratégico hacia la periferia mundial. Y es también, en este sentido, Europa la responsable de agudizar indirectamente las crisis de países como Grecia e Italia con estas medidas -despertando un contraataque comercial por parte de Putin-.

Ahora bien, la situación de Europa no es la de un bloque con la solvencia como para aguantar sin daños colaterales este conflicto. El continente europeo parece verse rodeado de conflictos que suponen una grave amenaza para su seguridad nacional.

Por un lado, no hay que olvidar la persistencia de la crisis económica de la que Europa no ha sabido cómo salir de manera uniforme. En la actualidad, el bloque se encuentra con realidades completamente heterogéneas. Con países como Alemania, Reino Unido y Francia de un pasar que dista de ser el ideal pero cuyo desarrollo estructural y solidez económica permite apaciguar los efectos de la crisis; y países como Grecia o España que han sufrido graves consecuencias económicas y hasta políticas por una crisis económica irresoluta.

Por otra parte, Europa no puede dejar de lado el conflicto en Oriente Medio. El crecimiento de Estado Islámico y la conquista de diversas regiones de Libia, Irak y Siria se vuelven un prominente problema para la seguridad del viejo continente. No sólo por la eventual infiltración de terroristas islámicos o el problema de los “foreign fighters”, sino también por razones geopolíticas. A saber, en la actualidad Estado Islámico posee la capacidad armamentística de atentar directamente contra Italia desde las ciudades de Derna, Tobruk y Benghazi. Un riesgo que, efectivamente, no debe pasar a segundo plano.

Por último, el precedente del conflicto en Ucrania, el auge del terrorismo islámico y la heterogeneidad social de muchos países de Europa hace que los líderes del Viejo Continente no puedan pasar por alto el problema de la segregación interna. Así los problemas de inclusión a etnias islámicas, los roces con los crecientes auges patrióticos de Escocia, Catalunya y Euzkadi, los problemas institucionales en países como España e Italia y el problema multicultural en Europa del Este fogueados por el levantamiento prorruso en Ucrania se vuelven un cóctel explosivo que atentan contra la seguridad nacional.

A todos estos problemas, se le suma la creciente modificación de la agenda de seguridad europea fomentada por los Estados Unidos con el establecimiento de misiles en sus bases de la OTAN. ¿Cómo se transforma esto en un problema considerable? Tras el levantamiento del escudo antimisiles que, para Rusia, supone un guiño de desconfianza -pese a que las altas esferas norteamericanas argumentaran que se trata de un proyecto en relación a los problemas con Irán- se suma esta amenaza balística que, como bien ilustra Iván Timoféyev, director de programas del Consejo Ruso para los Asuntos Internacionales, “es necesario iniciar un diálogo con Europa. Hay que explicarles que en esta historia Europa sale perdiendo en primer lugar. Los misiles de EEUU estarán desplegados allí, por lo que los (misiles Iskander) rusos estarán orientados hacia su territorio”.

Retomar el dialogo.

Sólo la recomposición del dialogo Europa-Rusia, sin mediadores influenciadores, puede salvar la situación. Por un lado, la Unión Europea deberá comenzar a tomar decisiones con un mayor pragmatismo que el que se digita desde Washington. Las sanciones antirrusas no sólo son infundadas, sino que además son una amenaza para la misma Europa. Generan deficiencias económicas en sus filas, alejan a su mayor proveedor energético a los brazos de competidores como China o Turquía y echan leña al fuego de la inestabilidad en la región. Rusia, por lo pronto, seguirá con su retórica patriota mientras las sanciones continúen. Impulsado por las amenazas occidentales a sus intereses nacionales -especial atención a futuro con la cuestión del Ártico- la Federación continuará expandiendo sus alcances armamentísticos. Cual  bestia indomada, desconfía de todo y todos. Algo que, aplicado en exceso, contribuye a la no resolución de la crisis.

Más allá del papel de los Estados Unidos en el conflicto, es Europa quien tiene la llave para resolverlo. Es Europa quien deberá repensar y rediseñar aquellas políticas de resolución del conflicto ucraniano que llevan al despertar del patriotismo ruso y orientan la crisis hacia el embate directo. Como si se tratara de un Chicken Game, Europa sabe que Rusia históricamente ha ido al frente. La colisión es dañina para ambos, pero por honor y orgullo nacional abandonar el enfrentamiento es más perjudicial para Rusia. Hollande, Merkel, Cameron, Europa en su conjunto debe recordar que, en otro tiempo, confrontaciones directas e innecesarias escribieron la Obertura 1812 de Pyotr Illych Tchaikovsky. Con tantos frentes abiertos, tantos problemas estructurales, ¿está en condiciones de soportar tensiones innecesarias?

 


 

 

 

Autor: Ricardo Nicolás Dold

Estudio Instituto de Ciencias Sociales Universidad Nacional de Villa María, Licenciatura en Ciencia Política año 2010-2015. Tesista. Columnista revista política Zoon Politikon desde marzo 2015. Redacción de columnas de opinión sobre actualidad política nacional. Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI) desde marzo 2015 en calidad de pasante. Organización de sesiones académicas, manejo de bases de datos, investigación. Columnista portal El Expositor en 2014. Redacción de columnas de opinión sobre actualidad política nacional e internacional. Investigación Instituto Jacques Maritain Argentina a cargo del Dr. Carlos Daniel Lasa (2013-2014). Investigación obras de filosofía y política. Escuela de Liderazgo para el Cambio en Latinoamérica (ELCAL) Fundación Celafor año 2014 en calidad de ayudante. Coordinador agrupación apartidaria Proyecto Nueva Generación, 2012 hasta 2013. Pasantía en El Diario del Centro del País, año 2009.

mrdoldsierra@gmail.com

 

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