El candidato incorrecto

 

por Ricardo Nicolás Dold

 

 

 

La flamante aparición del empresario Donald Trump en la escena política efectiva ha generado un gran revuelo mediático en gran parte de la civilización occidental. Tanto adherentes como opositores han exhibido páginas enteras dedicadas al particular candidato que, ya desde su presentación, ha dejado en claro que no pasará desapercibido en el período electoral con fuertes declaraciones contra los inmigrantes ilegales y el mismísimo Estado de México por promover la migración de población latina criminal.

Outsiders y anti-políticos han existido siempre en las democracias modernas y su rol, salvo por casos honorables como el de Ronald Reagan, suele ser más bien pasajero. Quizás Trump no sea una excepción. Ahora bien, ¿Qué significa para el sistema político norteamericano el auge de este curioso personaje?

Irreverente, políticamente incorrecto, combativo. En términos discursivos, Donald Trump es la viva representación del conservadurismo norteamericano que parece intentar despertarse tras 8 años de desaparición política. Su slogan de campaña, “Make America Great Again”, es una exhibición de aquella intención de instalar en la opinión pública la problemática de la progresiva decadencia norteamericana palpable en los temas de inmigración ilegal, narcotráfico, el rol norteamericano en Oriente Medio y, en no menor medida, por la cada vez más acentuada pérdida de liderazgo internacional que comienza a volverse tangible con los movimientos políticos y económicos de la República Popular de China, Irán, Rusia, el flamante banco del BRICS y el giro de la India hacia la Organización de Cooperación de Shanghai.

En términos de política doméstica la aparición del magnate de Manhattan, desde el comienzo inyectó al conservadurismo norteamericano una cuota de impulso confrontador ante la hegemonía progresista del ala demócrata que sucedió a la era Bush. Con fuertes cuestionamientos a la inmigración ilegal, al rol norteamericano en el mundo y a varias políticas clave de la administración Obama, Trump ha logrado posicionarse rápidamente en las primarias del Grand Old Party. Una encuesta develada por Susan Page, delegada en Washington del medio USA Today, muestra el crecimiento del multimillonario en las internas del Partido Republicano, posicionándose mejor que la suma de los números de Marco Rubio y Ted Cruz.

Muchos se preguntarán cómo es posible que un precandidato tan polémico logre captar tal nivel de aprobación parcial en el electorado republicano. Pues bien, allí se encuentra la respuesta. Tomemos, por ejemplo, la cuestión de la inmigración ilegal. Independientemente de si sus declaración poseen cierta cuota de racismo o no (a efectos del análisis es poco relevante) Trump viene a establecer en el debate público la temática de las fronteras libres de los Estados Unidos y la ausencia estatal en la resolución de este conflicto. Según conclusiones arribadas por la investigadora Heather MacDonald del Instituto de Manhattan y citadas en el libro State of Emergency: The Third World Invasion and Conquest of America, de Patrick J. Buchanan, dos tercios de las 17.000 órdenes de captura emitidas por la ciudad de Los Ángeles son dedicadas a inmigrantes ilegales provenientes en su mayoría de México, y 12000 de los 20000 miembros de la 18th Street Gang son, también, inmigrantes ilegales.

Si bien es cierto que todos los partidos políticos poseen, a menudo, irrupciones de personajes políticamente incorrectos que encarnan los extremos ideológicos de cada partido, a los republicanos en la actualidad parece afectarlos de manera más profunda. Esto se debe a que la consolidación política e institucional del Partido Demócrata no es la misma que la del Grand Old Party. A saber, si bien Hillary tiene a su Bernie Sanders en marcha, los demócratas yacen aglutinados en una candidata que parece irremediablemente ganará las elecciones primarias de su partido. Por su parte, los republicanos no parecen ser más que una constelación de figuras políticas pobremente consolidadas en la opinión pública. El posicionamiento de Ted Cruz, Jeb Bush o Marco Rubio dista de ser lo suficientemente consolidado como para aglutinar al electorado republicano.

 En esta línea, sugiere también una profundización de la crisis conservadora en Norteamérica (y por extensión en Occidente), ya que la irrupción de este personaje parece haber dejado en jaque a la dirigencia republicana norteamericana, expuesta por su blanda oposición a la corriente hegemónica demócrata. Esto se puede observar de manera clara en los índices de aprobación de las encuestas, que muestran como, en su incorrección política, Trump ha dejado en evidencia la pobre defensa de la elite del GOP de los valores tradicionales norteamericanos.

El timming también se ha mostrado favorable para el magnate, quien surge con declaraciones altamente polémicas en momentos en los que el Partido Republicano parece haber perdido la brújula. Crisis observable en la reacción de sus exponentes en dos polémicas evidenciables: Por un lado, el conflicto por la Bandera Confederada de los Estados Unidos, donde el GOP ha carecido de una postura sólida claramente establecida, jugando muchas veces con un discurso multifacético y contradictorio que pasó de la apatía a, a último momento, intentar bloquear en el Congreso de los Estados Unidos la ley de prohibición intentando introducir una enmienda protectora de la bandera Confederada. Esta doble moral republicana significó un golpe político importante, al punto de llevarse la portada del New York Times bajo el título de “Vergüenza”.

Por otro lado, la actitud indecisa del partido entorno a las declaraciones cada vez más polémicas de Trump ha hecho estragos en la credibilidad de algunos candidatos. Pasando de declaraciones como “Trump es dañino no sólo para sí mismo sino para la marca republicana” (Ron Bonjean, estratega del GOP, a The Hill) a otras un tanto contradicciones como las de Ted Cruz, asegurando que acuerda con los planteos de Trump.

El cuestionamiento de fondo, que parece encarnar Trump en el imaginario conservador como alternativa a la actual dirigencia Republicana, deslizando críticas hacia su actuación y poniendo en el foco del debate público la inmigración, es el siguiente: ¿Por qué la tragedia de Charleston amerita la prohibición de la bandera Confederada mientras que las criminalidades perpetuadas por los inmigrantes ilegales no produce un mismo efecto sobre la política migratoria norteamericana? ¿Por qué si somos la gran potencia mundial permitimos que la desindustrialización de los Estados Unidos a favor del asentamiento de corporaciones americanas en la República Popular de China?

Entonces, en esa línea, es posible deducir que el voto a Donald Trump es un voto de reprobación a la actual clase dirigente republicana que, en su afán de “endulzar lo amargo” con el objetivo de captar el voto latino o el afroamericano, parece caer en fuertes contradicciones con aquello que dicen defender y con aquellos electores que dicen representar.

Donald Trump es un anti-político. Es un outsider que quizás pasará sin pena ni gloria por las elecciones norteamericanas, jugando en aquel caso como un factor ahuyentador de votos para la masa de electores latinos y afroamericanos. Pero es un outsider que viene a reafirmar que el liderazgo del Partido Republicano se encuentra sumido en una importante crisis resultado del tironeo entre aquello en lo que se cree y el target electoral al que se desea llegar. La figura de Trump exhibe que es momento de decisiones en la cúpula del Grand Old Party para los años venideros. Qué pesará más, ¿acercarse a las ideas propiamente demócratas para gobernar el país o fijar posición y representar las tradicionales creencias republicanas?

 


 

 

 

Autor: Ricardo Nicolás Dold

Estudio Instituto de Ciencias Sociales Universidad Nacional de Villa María, Licenciatura en Ciencia Política año 2010-2015. Tesista. Columnista revista política Zoon Politikon desde marzo 2015. Redacción de columnas de opinión sobre actualidad política nacional. Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI) desde marzo 2015 en calidad de pasante. Organización de sesiones académicas, manejo de bases de datos, investigación. Columnista portal El Expositor en 2014. Redacción de columnas de opinión sobre actualidad política nacional e internacional. Investigación Instituto Jacques Maritain Argentina a cargo del Dr. Carlos Daniel Lasa (2013-2014). Investigación obras de filosofía y política. Escuela de Liderazgo para el Cambio en Latinoamérica (ELCAL) Fundación Celafor año 2014 en calidad de ayudante. Coordinador agrupación apartidaria Proyecto Nueva Generación, 2012 hasta 2013. Pasantía en El Diario del Centro del País, año 2009.

 

mrdoldsierra@gmail.com

 

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2 comentarios en “El candidato incorrecto

  1. El loco Trump, pero en verdad es interesante el tema que tratas de como a perdido liderazgo la cupula republicana, yo sin ser muy versado en el tema (soy mexicano y me informo un poco mas de la politica de mi pais) conozco mas a Hillarry Clinton que a Ted Cruz o Jeb Bush, yo creo que a la hora que la gente diga “realmente queremos que un loco bipolar nos lidere?” al final no va a votar por el…. Van a votar por alguien mas estable, pero como decimos por aca, Trump le esta poniendo “sabor al caldo” jeje Excelente columna !! te invito a leer mi blog, llevo apenas 5 entradas, se aceptan criticas y consejos!!

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  2. Pingback: El candidato incorrecto | Arkham Politics: Opiniones sobre le manicomio político global.

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