Libertad y Estado: ¿complementariedad o antagonismo?

 

 

por Ingrid Carolina Schwarz

 

 

“La libertad de acción, se nos asegura, es un derecho; hay un derecho moral a la libertad, se nos obliga a concebir nuestra libertad como un derecho natural y, a la vez, como un medio para asegurar nuestros restantes derechos” Quentin Skinner (1)

Según el diccionario de la Real Academia Española el vocablo libertad se refiere a: “facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, o de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”; “estado o condición de quien no es esclavo”; “falta de sujeción o subordinación”. Nos proponemos analizar una telaraña de conceptos que nos permita llegar a una conclusión acerca de lo que significó y significa la libertad, no sólo desde la perspectiva filosófica particular de diversos autores y corrientes de pensamiento sino también desde la realidad pragmática. ¿Se pueden plantear distintos conceptos de libertad a lo largo de la historia de la humanidad? ¿Cómo podemos describir la influencia del contexto sociopolítico en su definición? ¿Es la libertad la antípoda de la esclavitud? ¿Es esta última una definición retrógrada, que nada tiene que ver con la realidad actual? ¿Es posible en la actualidad definir a la libertad como ausencia de coerción o impedimento externo (al estilo hobbesiano)? ¿O por el contrario, libertad y coerción son complementarios? ¿Somos “forzados a ser libres” (como enunció Rousseau)? ¿Es el Estado aquel que crea la libertad? ¿O simplemente la limita?. No intentaremos dar respuesta a cada una de estas preguntas (quizá retóricas) sobre la temática de la libertad ya que el ensayo debe tener una extensión finita; sin embargo a continuación realizaré un escueto análisis de la cuestión.

Uno de los autores que más ha tematizado sobre esta problemática ha sido, sin duda, Isaiah Berlín con su ensayo titulado “Dos conceptos de libertad”. Desde sus lineamientos teóricos se entiende a la libertad como ausencia de obstáculos externos a la acción (producidos y/o mantenidos por el hombre). Por lo tanto, es posible distinguir dos conceptualizaciones de la libertad, a saber: a) libertad negativa (libertad de los modernos o tendencia liberal radical en términos de Benjamín Constant) entendida como la ausencia de interferencia tanto interna como externa frente a la acción u omisión del hombre. Es la libertad vista en términos individuales (la libertad del individuo está desligada de la libertad del Estado). Existe una subordinación de lo social a los derechos individuales del ciudadano; y por otro lado b) libertad positiva (libertad 2 de los antiguos o tendencia liberal social) ligada a la participación en la autodeterminación colectiva en una comunidad (autogobierno, autodominio, autocontrol). En esta acepción la libertad es conceptualizada como no dominación (esto es, no encontrarse bajo el arbitrio de otro), por lo tanto se configura como concepto antitético de la esclavitud. La libertad del Estado y de los particulares que lo componen no pueden ser consideradas por separado. Por consiguiente, la esclavización de una comunidad trae como consecuencia la pérdida de la libertad individual de aquellos que la componen. Existe una subordinación de lo individual a lo social (primacía de lo público sobre lo privado). Como lo enuncia Benjamín Constant: “la autoridad del cuerpo social se interponía y entorpecía la voluntad de los individuos”(2). Es conveniente aclarar que la distinción realizada por Berlín entre libertad negativa y positiva se corresponde además con la significación que las dos corrientes le asignaron al concepto de autoridad. En palabras del autor: “Los primeros querían limitar la autoridad en cuanto tal. Estos últimos quieren que pase a sus manos”(3). Por lo tanto, Berlín asume una idea negativa de la libertad y rechaza la concepción positiva, la cual asocia a los totalitarismos (por ejemplo, el nazismo). Expone que la idea de “autogobierno” no puede formar parte de la idea de la libertad liberal. La libertad entendida en sentido positivo no es compatible con la modernidad. El “ser dueño de uno mismo” puede llevar a interpretar al hombre como esclavo de sus pasiones. El hombre está compuesto de dos “Yo”: un yo racional y deliberativo y otro irracional, que nos esclaviza cuando obedecemos a nuestras inclinaciones. Esta misma distinción se encuentra en el pensamiento kantiano, cuando se diferencia la razón y la pasión. Cuando el hombre actúa de acuerdo con la razón, obedeciendo la ley que el mismo se ha dado se dice que es autónomo y por lo tanto libre. En cambio, cuando el hombre se deja llevar por los apetitos naturales u obedece leyes impuestas desde su exterior, será víctima de la esclavitud (heteronomía).

Por lo tanto, como analiza Pettit, los dos conceptos de libertad expuestos líneas arriba se corresponden con las ideas de la corriente liberal y republicana respectivamente. Analizaremos las posiciones de algunos de los autores que las representan. Comenzaremos con las posiciones de libertad negativa de dos autores contractualistas: Thomas Hobbes y John Locke. Luego lo haremos con la posición de libertad positiva defendida por el francés Jean Jacques Rousseau y el alemán Immanuel Kant. A continuación, analizaremos el concepto de libertad en Maquiavelo, de acuerdo a lo planteado por Quentin Skinner. El mismo demuestra cómo es posible sostener un concepto de libertad negativa pensándolo desde la perspectiva del servicio al Estado. Para finalizar, incluiremos en el ensayo las perspectivas del igualitarismo (John Rawls) y del libertarianismo (Robert Nozick).

Siguiendo a Thomas Hobbes, uno de los representantes más influyentes del contractualismo, “la libertad es la ausencia de todos los impedimentos para la acción que no están contenidos en la naturaleza y calidad intrínseca del agente”(4). Este autor postula el nacimiento del Estado como consecuencia de un contrato en donde los hombres entregan su voluntad a cambio de 3 protección y seguridad. Esto se debe a que estado natural hobbesiano es caracterizado por una “guerra de todos contra todos”. La existencia de igualdad, escasez e incertidumbre son sus rasgos esenciales. Las nociones de moralidad y ley no tienen lugar, por lo que no existe lo moral/inmoral, o lo justo/injusto. No hay un poder común constituido. Cada hombre tiene la libertad de poder llevar a cabo lo que sea necesario con el objetivo de preservarse, incluso quitarle la vida a otro si así lo requiere. Por lo que existe una libertad “natural” ilimitada (que el autor llama “derecho natural de libertad”, esto es, jurisdicción absoluta para la acción u omisión) de cada uno que atenta contra la de los demás generando un estado de temor y peligro constante de muerte violenta. Esta situación de caos hace necesaria la aparición de un Estado (“Leviathan”) que mediante la ley limite la libertad de cada uno para que sea compatible con la libertad del resto. Por lo tanto, el paso de este “estado de naturaleza” al “Estado civil” implica una pérdida de libertad. Sin embargo, esta ley que limita la libertad del hombre tiene un efecto compensatorio pues la misma es garantía de seguridad y protección. Siguiendo con la argumentación, el hombre será libre allí donde la ley no intervenga, por lo tanto, en el Estado civil no será libre por completo (sólo lo es en aquellos asuntos en donde el Estado no interviene, donde éste guarda silencio) Dice Pettit: “la gente solamente tiene libertad ante el silencio de las leyes, solamente allí donde la ley no se entromete”(5). Para Hobbes, el grado de libertad del hombre en un régimen democrático como en un despótico será equivalente, debido a que en ambos la ley supone una invasión a su libertad, aunque no lo coerciona por completo (la libertad del individuo guarda cierta “inmunidad” respecto al servicio del estado). Aquí reside una semejanza entre el pensamiento del autor y el de John Locke, esto es, existirá una libertad reservada a la esfera privada del individuo al cual el dominio del Estado no llega y otra que se cede bajo el control público estatal. Así lo expone Berlín: “Tenemos que preservar un ámbito de libertad personal para no degradar y desmentar su naturaleza. No podemos ser absolutamente libres y tenemos que ceder algo de nuestra libertad para preservar al resto”(6). Sin embargo, a pesar de la mencionada semejanza entre Hobbes y Locke, este último (a diferencia del primero) postulara a la libertad y la ley como compatibles, en tanto la libertad existe si también lo hace la ley. Esta cuestión será desarrollada con más detalle en el apartado que sigue. Para Hobbes, la existencia del “Leviathan” limita la libertad del individuo pero a su es necesario para garantizar su seguridad y protección (efecto compensatorio). El autor critica a los autores que acompañan la idea de libertad positiva (por ejemplo: Aristóteles y Cicerón) ya que de acuerdo con su pensamiento hacen creer al hombre que en la participación de los asuntos y en el control de las acciones de su soberano radica el ser libres, cuando es en la misma sumisión al soberano y en la obligación en donde radica la libertad del súbdito.

Por su parte, John Locke, otro exponente del contractualismo y padre del liberalismo político, postula que el estado de naturaleza será un estado de “perfecta libertad” natural y de igualdad, “sin subordinación ni sujeción alguna”, “no siguiendo otra regla que aquella que dicta la ley natural”. Sin embargo, la libertad natural lockeana diferirá del concepto hobbesiano. Mientras 4 que para este último la libertad natural es la posibilidad que tiene el hombre de poder llevar a cabo lo que crea necesario para la preservación de su vida (incluso trasgredir las leyes naturales si la circunstancia así lo amerita), Locke indica que no debemos confundir la libertad con un estado de “licencia”. Existe una ley de naturaleza (ley de la razón) que obliga y gobierna a todos, por lo que la libertad natural es hacer lo que esta ley permite. El hombre no se encuentra bajo la voluntad ni control legislativo de ningún otro hombre, solo regula su comportamiento mediante la ley natural racional. Dice Locke: “La libertad consiste en que cada hombre depende de la ley de naturaleza y no de la voluntad de otro hombre”(7). Desde la perspectiva del autor, tanto la libertad natural como la del hombre en la sociedad política siguen la misma lógica: no estar sujeto por más voluntad que la expresada en la ley. Si no existiera una ley que regule la libertad del hombre, nos encontraríamos en un estado de absoluta licencia, que conduciría a un choque de intereses generando esclavitud y haciendo perecer la libertad. Bajo la esclavitud, los hombres volverán a ser iguales por ser todos ellos esclavos: “La esclavitud es una condición que nos priva de todos los beneficios de la vida…pero estimo que una libertad general no es sino una esclavitud general”(8). Por lo tanto, en este autor, libertad y ley irán “de la mano”. La ley será creadora de la libertad del hombre: “Donde no hay ley no hay libertad. Pues la libertad ha de ser el estar libre de las restricciones y la violencia de otros, lo cual no puede existir si no hay ley; y no es, como se nos dice, una libertad para que todo hombre haga lo que quiera. Pues ¿quien pudiera estar libre al estar dominado por los caprichos de todos los demás?”(9). Por otro lado, el autor postula la necesidad de trazar una frontera entre el ámbito de la vida privada y la autoridad pública. Debe existir un mínimo de libertad personal que no puede ser violado bajo ningún concepto. Esto constituye una similitud con Hobbes (como mencionamos en el apartado anterior), ya que ambos autores enuncian que una parte indeterminada de la vida humana ha de permanecer independiente de la esfera de control social estatal.

Por otro lado, la concepción republicana postula a la libertad en sentido positivo, esto es, entendiéndola como la posibilidad de que el hombre sea su propio amo. El hombre tiene autodominio, autogobierno, autocontrol, aplicado no sólo a su vida interior sino también a sus relaciones con otros miembros de la sociedad. La libertad es entendida no como ausencia de interferencia sino como no dominación (interferencia arbitraria), esto es, ausencia de sujeción al arbitrio de otro (como antónimo de esclavitud). El problema aquí no es la interferencia (como sucede en la concepción liberal) sino el “tipo” de interferencia: la dominación. Por lo tanto, será libre aquel que se encuentra exento de interferencia y no está bajo el arbitrio de otro. Esto se desarrolla dentro de un Estado de derecho (bajo el imperio de la ley) ya que el mismo protege al hombre de la interferencia arbitraria. A esta altura de la argumentación, resulta menester aclarar una diferencia fundamental entre el pensamiento republicano y la teoría hobbesiana: mientras el primero sostiene que solo es posible el ejercicio de la libertad en un régimen de Estado de Derecho (republicano), el segundo afirma que el grado de libertad de un hombre es el mismo tanto en un régimen monárquico como popular, ya que la ley no coerciona al hombre por 5 completo. Desarrollo a continuación un análisis del pensamiento de algunos de los autores que concuerdan con la idea de libertad positiva: Jean Jacques Rousseau e Immanuel Kant.

Desde la concepción del filósofo francés, su “buen salvaje” posee una libertad natural ilimitada (inexistencia de obstáculos) en el estado de naturaleza. Sin embargo, cuando se pasa de este estado al estado civil se pierde una clase de libertad pero se gana otra superior a la natural (la libertad moral): “lo que pierde el hombre por el contrato social es su libertad natural y un derecho ilimitado a todo cuando le tienta y puede alcanzar, lo que gana es la libertad civil y la propiedad de todo cuanto posee”(10). La libertad moral lo hace al hombre “dueño de si”: la obediencia a la ley que uno se ha prescrito es libertad. Rousseau defiende un concepto de libertad positiva, en tanto la postula como la posesión por todos los miembros de la sociedad de la participación en un poder público que tiene derecho a intervenir en todos los aspectos de la vida de los ciudadanos (voluntad general). La forma que el hombre posee para prescribirse leyes es mediante el voto en tanto miembro de la soberanía. Como expresa Wolff: “Para Rousseau, sólo podemos decir que somos realmente libres cuando actuamos de acuerdo con las leyes que ha creado el soberano, cuando actuamos de acuerdo con la voluntad general”(11). Sin embargo, una de las críticas que se le hacen a Rousseau es que de acuerdo a esta argumentación un hombre puede “ser forzado para ser libre”. Supongamos que un hombre cree que la voluntad general precisa de determinada política a la que llamaremos 1. Pero la mayoría adopta la política 2 (y ésta representa la voluntad general). Si ser libre es actuar de acuerdo a la voluntad general, el mismo será obligado a ser libre (obligado a escoger y actuar de acuerdo con una política con la cual no se encuentra de acuerdo). “Ser forzado a ser libre” vincula dos conceptos opuestos: libertad y coerción. Aquí aparece una de las paradojas que enuncia Quentin Skinner: “Puesto que la libertad consiste en la ausencia de restricción, sugerir que se podría forzar a un individuo a ser libre ya no es de ninguna manera referirse a la libertad, sino a su opuesto”(12). Sin embargo, según Rousseau no actuar de acuerdo a la decisión del soberano es proceder victima de los propios impulsos y caer en la esclavitud de ellos. Esclavitud y derecho se oponen. Aquí la libertad sería fruto de la coerción. Por el contrario, Raphael y Oppenheim ensayan este tema en sus correspondientes obras definiendo a la libertad como ausencia de coerción impuesta por individuos o por el mismo Estado. Por lo que según el pensamiento de ambos, Rousseau estaría confundiendo dos opuestos: libertad y coerción. Para finalizar este apartado, creo conveniente destacar una similitud del pensamiento del autor tratado con el concepto kantiano de libertad: ambos autores la entienden como la obediencia a la ley que uno mismo se ha dado (autonomía). El concepto será desarrollado en el próximo apartado.

Por su parte, cuando Immanuel Kant problematiza la temática de la libertad se refiere a la capacidad del hombre de obedecer las leyes que él mismo se ha dado, entonces, libertad significa autonomía de la voluntad. En palabras del propio autor: “La dignidad del ser racional es que no obedece a otra ley que la que el mismo se ha dado”(13). Por lo tanto, desde la filosofía 6 política kantiana, libertad y autonomía son sinónimos, pues sólo es libre aquel hombre que es autónomo. El concepto antitético a la autonomía es la heteronomía, esto es, cuando se obedece orientado por la voluntad externa. Por lo tanto, se obrara por conveniencia, temor o inclinaciones, y el hombre será esclavo. Dice Kant: “La libertad es una propiedad de la voluntad a través de la cual es independiente de causas externas”(14).

Quentin Skinner (autor perteneciente a la Escuela de Cambridge) presenta el pensamiento republicano de Maquiavelo como aquel que combina los dos conceptos de libertad expuestos por Berlín: por un lado la libertad negativa en el sentido de la ausencia de restricciones para perseguir sus fines, esto es, independiente de toda limitación impuesta por los otros hombres y, en consecuencia libre para actuar de acuerdo con su voluntad y juicio para la consecución de los propios objetivos. Sumado a ello, la definición de Maquiavelo involucra también la participación en la vida pública colectiva (libertad en sentido positivo).

Nicolás Maquiavelo analiza el concepto de libertad tomando a la virtud cívica como ingrediente esencial del servicio público de la comunidad. La virtud es la precondición de la libertad. El autor florentino define al hombre y al Estado libre. Resulta menester que el hombre actué de acuerdo a la virtud cívica a fin de participar en la vida política. Solo así logrará la libertad para el desarrollo de sus propósitos y objetivos particulares. La libertad personal depende de la disposición a servir en funciones públicas, a hacer el bien común para todos. Esto configura lo que llamamos “servidumbre pública voluntaria” (“devoción” al servicio público). Como enuncia Constant: “el individuo debe ser esclavo para que el pueblo sea libre”(15). Esto concuerda con el pensamiento de Cicerón, quien afirmó que era necesario ser “esclavo del interés publico” para poder preservar la libertad. Al igual que el hombre, un Estado será libre cuando actúa de acuerdo a lo propia voluntad persiguiendo sus fines. En “Discursos de la Primera Década de Tito Livio” Maquiavelo expone: “los Estados libres son aquellos independientes de cualquier servidumbre externa, y son capaces de gobernarse a si mismos según su propia voluntad”(16). De lo expuesto podemos concluir que desde la concepción republicana, la libertad es tomada no solo como medio para perseguir los propios objetivos y/o fines; sino también como fin en si mismo, que se obtiene como consecuencia del ejercicio de la virtud cívica (participación política). La libertad se piensa desde lo colectivo, se coloca al bien común por encima de cualquier interés individual. Sin embargo, teniendo en cuenta la caracterización pesimista de la naturaleza humana que realiza el autor, se plantea el siguiente interrogante: ¿cómo se logra que el hombre (egoísta por naturaleza) actúe de acuerdo al interés del todo haciendo uso de la virtud? La respuesta la encontramos en el poder coercitivo de la ley. La norma jurídica, para los republicanos, será la que coacciona al individuo, obligándolo al ejercicio de la virtud cívica y por lo tanto forzándolo a ser libre. Dice Maquiavelo: “Es el hambre y la pobreza la que vuelve trabajadores a los hombres y son las leyes las que los vuelven buenos”(17). El hombre, al ser víctima de la ambición y el egoísmo, coloca su interés particular 7 sobre el bien colectivo. La ley cumple tres funciones, a saber: detiene la corrupción humana e impone la necesidad de la virtud cívica; b) detiene a aquellos que interfieren en la libertad de los demás; c) evita que las posiciones de poder se utilicen para beneficio individual y no para el bien de la comunidad. La norma jurídica no sólo existe para hacer respetar la libertad del otro, sino para liberar al hombre de su natural tendencia de seguir el propio interés. Se usa para obligar al hombre a ser libre ya que es imposible eliminar la tendencia natural para actuar corruptamente. En contraste con lo expuesto, desde la perspectiva liberal, la libertad será ausencia de compulsión, por lo tanto, hablar de libertad por medio de la fuerza sería generar una confusión de las significaciones. La libertad liberal no será fin sino medio, esto es, derecho natural que asegura el resto de los derechos. La libertad será pensada desde el individualismo. La ley será considerada una invasión a la libertad y no creadora de ella.

Este autor italiano defiende la forma autárquica republicana como la forma de gobierno que permite desarrollar la libertad personal de sus miembros. Esto marca una diferencia con el pensamiento hobbesiano, el cual afirma que tanto en un estado monárquico como popular, la libertad sigue siendo la misma. Maquiavelo sostiene que no sólo debemos evitar que hombres externos al Estado lo coaccionen como un todo sino también no se debe permitir que una parte de la comunidad (interna al mismo) ejerza una influencia indebida (coercitiva) sobre la voluntad de los demás y de esa manera los reduzca a la servidumbre (eliminando su libertad). Por este motivo, menciona elementos para la conservación de la misma, a saber: ánimo, valentía, temperancia y orden. De acuerdo a este pensamiento, la libertad del Estado y la libertad de los particulares no pueden ser consideradas por separado. Esto es, cuando un cuerpo político pierde la capacidad de actuar según la voluntad general, sus miembros perderán la libertad para perseguir sus objetivos. La perdida de la libertad de la comunidad acarrea inevitablemente la desaparición de la libertad de los particulares y su reducción a la servidumbre. Esto marca una profunda diferencia con el pensamiento hobbesiano, en palabras de Hobbes: “La libertad de la que se hace frecuente y elogiosa mención en las historias y en la filosofía de los griegos y de los romanos de la Antigüedad y en los escritos y los discursos de los que han recibido de ellos toda su instrucción en la política, no es la libertad de los particulares sino la libertad del Estado”(18).

Para poder comprender el concepto de libertad de John Rawls (liberalismo igualitario) debemos primeramente enunciar los dos principios de justicia que dan forma a su teorización, a saber: a) principio de libertad (el cual establece la prioridad absoluta de la misma y está ligado con las libertades de orden constitucional, como la libertad política, de asociación, de pensamiento, etc.) y b) principio de la diferencia (que indica el grado de tolerancia sobre las desigualdades que se generan en el reparto de los bienes fruto de la cooperación social y promueve el mayor beneficio para los menos aventajados de la sociedad). Existe subordinación del segundo al primer principio, ya que para el autor la justicia es primeramente libertad. La libertad es un valor absoluto e irrenunciable. Para hacer libre a los ciudadanos, el Estado los 8 debe proveer de recursos para la acción (educación, salud, vivienda, ingresos, etc.). Por lo tanto, el valor de la libertad puede verse limitados por varios factores: pobreza, ignorancia y escasez de recursos. Por eso, Rawls defiende la intervención del Estado con fines redistributivos que aseguren la igualdad de todos sus miembros (Estado intervencionista). Se busca la igualdad en la libertad de los miembros de la comunidad.

En Robert Nozick (liberalismo libertario) se privilegia la libertad sobre la igualdad. Para el autor, el igualitarismo es inmoral pues viola las libertades de los individuos. No existen fundamentos morales para justificar una distribución igualitaria de bienes o ingresos. En cambio en Rawls, si bien la justicia es ante todo libertad, por otro lado se cercenan ciertos derechos y libertades en pos del beneficio común (redistribución que favorece a los más desprotegidos para lograr igualdad). Más allá de esta diferencia, el concepto de libertad que se delinea en ambos autores se configura desde la perspectiva “negativa” (siguiendo a Berlín). Esto es, la libertad entendida en el sentido de encontrarse sin interferencia externa para nuestras acciones. Dice Nozick: “ser libre para algo y así llevar a cabo nuestros planes de vida no requiere más que garantizar absolutamente la esfera privada de decisión sin interferir con ella”(19). Hasta aquí las posiciones estatistas, las cuales postulan la necesidad de la creación de un Estado de Derecho que mediante la instauración de la ley garantice de libertad de sus individuos. Por su parte y en claro antagonismo al estatismo, encontramos la corriente anarquista, la cual partiendo de una naturaleza humana cooperativa (“optimismo antropológico”), plantea que no será necesaria la instauración de un Estado que asegure la armonía social. A diferencia de las posiciones estatistas, que colocan al Estado como el solucionador a los desajustes que se generan como consecuencia de la naturaleza del hombre; el anarquismo lo identifica como la causa de tales males. Como enuncia Jonathan Wolff: “Los anarquistas critican que propongamos la creación de un gobierno como remedio a la conducta antisocial, cuando generalmente los gobiernos son causa de esta misma conducta”(20). Por lo tanto, para esta corriente no será necesario el Estado, pues limita la libertad de los hombres y corrompe al individuo, tendiendo a la ruptura de la armonía social que existe por naturaleza. El anarquismo se revela contra toda forma de autoridad del hombre sobre el hombre, enuncia que los hombres puedan dirigir su propia vida sin ser gobernados por otros. La armonía, en los anarquistas se obtiene no por sometimiento a la ley, ni por obediencia a la autoridad, sino por acuerdos mutuos libres establecidos por los grupos de la sociedad. Según el pensamiento anárquico, los límites de la libertad individual no dependen de la ley positiva sino de la concepción moral particular de cada hombre.

Considero que el concepto de libertad en el anarquismo será entendido de manera positiva. Será aquella que se define por el autogobierno, esto es, el autodominio (autocontrol) y por la posibilidad de participación pública dentro de la comunidad. Dice Bakunin: “La libertad del individuo es incrementada y no limitada por la libertad de todos. Solo soy libre cuando todos los 9 seres humanos que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres. Lejos de limitar o negar mi libertad, la libertad de los demás es su condición necesaria y su confirmación”(21). En este caso, la libertad de uno no empieza cuando termina la del otro, sino todo lo contrario. La “libertades” se refuerzan mutuamente, en una suerte de complementariedad. Y continúa enunciando: “La libertad no es entonces un hecho que nace del aislamiento, sino de la acción recíproca; no es el resultado de la exclusión, sino por el contrario, de la interacción social”(22). En otro de sus escritos también expone: “La libertad no es pues, un hecho de aislamiento, sino de reflexión mutua; no de exclusión, sino al contrario de alianza, pues la libertad de todo individuo no es otra cosa que el reflejo de su humanidad o de su derecho humano en la consciencia de todos los hombres libres, sus hermanos, sus iguales”(23).

Para finalizar y concluir el tema, la libertad positiva (libertad de los antiguos) es una libertad “social”, esto es, asociada a lo colectivo (versa sobre cuestiones de interés común) y a lo deliberativo (participación activa en el poder público, autogobierno, autodominio, “ser dueño de uno mismo”). Se somete el individuo a la comunidad (subordinación de lo individual a lo social). El sujeto de la libertad positiva es un ente colectivo. Esta será entendida como no dominación, es decir, como opuesta a la esclavitud. En cambio, la libertad negativa (libertad de los modernos) se asocia al individualismo característico de la modernidad (subordinación de lo colectivo a lo individual). El sujeto es el individuo. La libertad negativa se define por la ausencia de interferencia e implica el goce de la independencia privada, esto es, la libertad del sujeto frente a la interferencia del Estado. En este caso, se tratará un derecho natural que constituye la base del resto de los derechos. Cada una de estas acepciones pertenecen a dos diferentes concepciones de filosofía política: republicanismo y liberalismo respectivamente. El tratamiento del binomio libertad-coerción es diferente de acuerdo a la corriente de pensamiento analizada. El republicanismo sostiene una de las paradojas que menciona Skinner: “ser forzado a ser libre”, es decir, la libertad existe allí donde la ley hace su aparición. El poder coercitivo de la ley es aquel que coacciona al hombre para que éste se despoje de su egoísmo natural y en base al ejercicio de la virtud cívica alcance la libertad. Esto nos lleva a concluir que obedeciendo los dictados de la voluntad general, la misma nos hace libres ya que de lo contrario somos esclavos de nuestras inclinaciones y/o pasiones. Aquel que no lo cumpla, será coercionado con el objetivo de volverse libre. Por el contrario, para la corriente liberal los términos del binomio mencionado resultan antagónicos, en tanto la libertad será la ausencia de coerción y la ley es tomada como instrumento que limita la libertad individual (no su creadora). Esto nos permite concluir que la posición liberal plantea la tensión entre libertad y ley (Estado de Derecho). La ley aparece como limitante de la libertad individual (por este motivo, se propone reducir la dimensión de la intervención estatal al mínimo, “Estado Gendarme”) pero a su vez también se admite la necesidad de su existencia. El hombre no puede prescindir de la instancia estatal para poder vivir organizadamente en sociedad. Por lo que el hombre sólo será libre en aquellas cuestiones que conservan inmunidad frente a la ley, esto es, se piensa a la libertad desde el punto de vista 10 del sujeto privado. La libertad negativa es pues, la libertad respecto a lo que la ley indica. La norma crea una suerte de “cerco” alrededor del individuo, en el cual no pueden interferir no solo los demás hombres sino también el propio Estado.

Teniendo en cuenta el análisis de las precedentes consideraciones, podemos avizorar claramente que el concepto de libertad negativa es aquel que cobra vigencia en nuestros tiempos. Nuestra libertad está determinada por las dimensiones de la legislación del Estado de Derecho. La libertad es pensada en términos individuales, como un derecho natural que cimienta una superestructura de derechos del individuo (políticos, económicos, sociales, etc.) Tenemos libertad de hacer u omitir dentro de los márgenes de la norma jurídica, ya que mi libertad empieza cuando termina la del otro. Hay igualdad formal ante la ley. Finalmente, creo importante aclarar que el razonamiento previo no posee pretensiones concluyentes, ya que  la teoría política se renueva históricamente y nos sorprende con nuevos pensamientos.

 


 

Referencias:

(1) Skinner, Quentin; “La idea de libertad negativa: perspectivas filosóficas e históricas”, en R. Rorty et al. (eds.), “La filosofía en la historia”

(2) Constant, Benjamín; “Sobre la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos”

(3) Skinner, Quentin; “La idea de libertad negativa: perspectivas filosóficas e históricas”, en R. Rorty et al. (eds.), “La filosofía en la historia”

(4) Hobbes, Thomas; “Leviathan”

(5) Pettit, Philip; “Liberalismo y Republicanismo” en F. Ovejero, J. Martí y R. Gargarella, “Nuevas ideas republicanas”

(6) Berlín, I.; “Dos conceptos de libertad”, en “Cuatro Ensayos sobre la libertad”

(7) Locke, John; “Segundo Tratado sobre el gobierno civil”

(8) Locke, John; “Segundo Tratado sobre el gobierno civil”

(9) Locke, John; “Segundo Tratado sobre el gobierno civil”

(10) Rousseau, Jean Jacques; “Contrato Social”

(11) Wolff, J.; “Filosofía política. Una introducción”

(12) Skinner, Quentin;”Las paradojas de la libertad política” en F. Ovejero, J. Martí y R. Gargarella, “Nuevas ideas republicanas”

(13) Kant, Immanuel; “Fundamentación de la metafísica de las costumbres”

(14) Kant, Immanuel; “Fundamentación de la metafísica de las costumbres”

(15) Constant, Benjamín; “Sobre la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos”

(16) Maquiavelo, Nicolas; “Discursos de la Primera Década de Tito Livio”

(17) Maquiavelo, Nicolas; “Discursos de la Primera Década de Tito Livio”

(18) Hobbes, Thomas; “Leviathan”

(19) Nozick, Robert; “Anarquía, Estado y Utopía” 12

(20) Wolff, J.; “Filosofía política. Una introducción”

(21) Bakunin, Mijail; “Escritos de filosofía política”

(22) Bakunin, Mijail; “Escritos de filosofía política”

(23) Bakunin, Mijail; “Escritos de filosofía política”

 


 

 

Autora: Ingrid Carolina Schwarz

Licenciada en Ciencia Política – Facultad de Ciencias Sociales – Universidad de Buenos Aires (UBA) Diploma de Honor. Posgrado en Ciencia Política y Sociología – Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Diplomatura en Geopolítica y Defensa Latinoamericanas – PLED en conjunto con la Facultad de Filosofía y Letras – Universidad de Buenos Aires (UBA). Curso universitario-Taller de Marketing político y Campañas Electorales – Universidad del Salvador (USAL) (Octubre 2011 – Abril 2012). Curso de Consultoría en Comunicación Política – Asociación Nacional de Politólogos (ANAP) (Octubre 2011 – Marzo 2012). Curso de Comunicación y web 2.0 – Escuela Nacional de Gobierno (ENG) dependiente de la Jefatura de Gabinete de Ministros – Presidencia de la Nación – Instituto Nacional de Administración Pública (INAP) (Marzo 2012). Curso de Periodismo Político – Asociación Nacional de Politólogos (ANAP) (Agosto – Octubre 2012). Seminario “A 30 años del restablecimiento de la democracia en Argentina” Fundación Konrad Adenauer – CADAL (Agosto – Septiembre 2013).lic_ingridschwarz@outlook.com

 

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