Nelson Mandela: “El revoltoso”

 

por Ana Giustra

 

 

 

“Además de la vida, una constitución fuerte, y una vinculación con la casa real de Thembu, lo único que me dio mi padre al nacer fue un nombre: Rolihlahla. En xhosa quiere decir “arrancar la rama de un árbol”, pero su significado coloquial se aproxima más a revoltoso”. (Nelson Mandela, El largo camino hacia la libertad, 1994)

 

Hombre brillante, polémico, transgresor, luchador incansable, defensor acérrimo de la libertad, valiente. Todas estas son definiciones que alguna vez acompañaron el nombre de Nelson Mandela, uno de los personajes más importantes e influyentes de la historia del siglo XX, símbolo de la lucha por la justicia y la igualdad de su pueblo, que consiguió traspasar las fronteras de su Sudáfrica natal llegando con su mensaje a todos los rincones de la tierra. Su ejemplo de “alborotador incansable” en pos de la defensa de los ideales y la dignidad del hombre, le valió ser distinguido con numerosos reconocimientos internacionales, entre ellos, el Premio Nobel de la Paz, en 1993.

466/64 fue el número que lo identificó durante los años que vivió en prisión, en precarias condiciones, 18 de ellos en Robben Island. Tras el juicio de Rivonia, el viernes 12 de junio de 1964, el juez De wet, leyó la sentencia y lo condenó a cadena perpetua. Durmiendo en el piso de su celda, transformó la desesperanza y el resentimiento en sed de lucha por la libertad y la reconciliación. Soportó lo inimaginable, fortaleciendo su espíritu. Comprobó que las convicciones profundas constituyen un arma secreta de supervivencia frente a las privaciones. Como prisionero, y aún estando tras las rejas, se convirtió en un hombre libre.

Desde niño, allá en Qunu donde pasó los primeros años de su infancia, descubrió que la libertad en la que supuestamente vivía, no era tal. En 1915, tres años antes de su nacimiento, la Ley de Tierras privó a los sudafricanos del 87 % del territorio de su país natal. Luego, en 1923, la ley de Áreas Urbanas creó guetos superpoblados de africanos con el fin de proporcionar a la industria de los blancos mano de obra barata. Posteriormente, en 1926, la Ley de Restricción por el color, prohibió a los africanos el ejercicio de profesiones calificadas y en 1936, la Ley de Representación de los Nativos, eliminó a los africanos del censo electoral en Ciudad del Cabo. Fue descubriendo que una opresión silenciosa se cernía sobre él y su pueblo, en su propia patria. y como nada puede contra un espíritu rebelde  como el suyo, fue desarrollando un ánimo de lucha inalterable, esencia del hombre que vendría, con los años, a demostrar que aunque el cambio parezca difícil, vale la pena el sacrificio aun de la propia libertad, si aspiramos a cambiar la historia.

Mandela descubrió con los años, que el simple hecho de ser negro en Sudáfrica significaba estar politizado desde el momento mismo de nacer. Los africanos eran considerados de raza inferior. Con el ascenso al poder del “National Party” (simpatizantes de la Alemania Nazi) en 1948, esta situación empeoró, surgiendo el “apartheid” o “segregación”. Partían de la premisa de que los blancos eran superiores a los negros, los indios y los mestizos, y su lema de campaña rezaba: “los negros en su lugar”.

Desde el Congreso Nacional Africano (CNA) donde militó activamente y llegó a liderar la “Liga de la Juventud”, se propulsó una campaña conocida como “la campaña del desafío” en 1952, en la cual Mandela adquirió popularidad y un alto grado de protagonismo. Esta campaña consistía en la desobediencia en forma pacífica y voluntaria de las leyes discriminatorias e injustas que avanzaban sobre los negros. Cientos de voluntarios que se unieron a esta forma de protesta, no opusieron resistencia al ser encarcelados cuando “osaron” viajar en autobuses sólo reservados para los blancos, o ingresar en lugares o zonas exclusivamente “de blancos”. En los meses siguientes, miles de personas se unieron a la causa: médicos, obreros de fábricas, estudiantes, sacerdotes y maestros, desafiaron la ley y fueron a la cárcel. La campaña recibió muchísima publicidad y la afiliación al CNA se disparó de 20.000 a 100.000 miembros. El gobierno, lejos de derogar las leyes, respondió con otras de mayor represión, como aquellas que permitían detener a cualquier persona sin juicio, o permitir los castigos físicos.

Ya recibido de abogado, se asoció con su amigo Oliver Tambo para abrir el único estudio de abogados africanos en el país. Desde un principio, se vieron inundados de clientes, pues los africanos necesitaban desesperadamente ayuda legal porque casi todo lo que hacían o dejaban de hacer, podía constituir un delito ante las leyes del Estado. Tras varios arrestos, juicios y algunos años viviendo en la clandestinidad, fue apodado por la prensa como “pimpinela negra” y fue cambiando su visión sobre la manera de protestar contra las injusticias cometidas contra el pueblo, ya que la respuesta del Estado era violenta y desproporcionada: Si la respuesta del Estado es aplastar por la fuerza nuestra lucha no violenta, tendremos que reconsiderar nuestras tácticas”, sentenció. Consideraba que la “no violencia” no podía ser un principio infranqueable, y que sería inmoral someter al pueblo a un ataque armado del Estado sin ofrecerle ningún tipo de alternativa. Así lo planteó ante la ejecutiva del CNA y, tras muchas discusiones y reticencias, logró persuadirlos de que una campaña militar resultaba inevitable. Se creó entonces la organización “Umkhonto Sizwe” (“lanza de la Nación”)

Tras otras persecuciones por parte de las autoridades, y algunas detenciones, finalmente llegó el “juicio de Rivonia”, donde se había solicitado en un momento la pena capital para él y el alto mando de la organización. Aunque el mundo estuvo pendiente de este juicio y las Naciones Unidas instó al gobierno a que concediera amnistía a los acusados, fue condenado a 27 años de prisión. Sin miedo, inflexible y sereno, antes de escuchar la sentencia, se le permitió hablar y cerró su alocución con estas palabras memorables: “He dedicado toda mi vida a la lucha del pueblo africano. He combatido la dominación blanca y he combatido la dominación negra. He acariciado el ideal de una sociedad democrática y libre, en la que todas las personas convivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y que aspiro alcanzar. Pero, si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”.

Casi diez mil días pasó encarcelado, no sólo en Robben Island, sino también en la cárcel de Pollsmoor y en la prisión de Victor Verster. En duras condiciones, sin posibilidad de recibir visitas, sin derecho a intercambiar correspondencia, sin relojes que le marcaran el paso del tiempo, sin periódicos. Durante el primer año de encierro, fallecieron su hijo mayor y su madre, pero no se le permitió asistir a su despedida. A raíz de la dura vida en la cárcel, su vista y sus pulmones sufrieron daños irreversibles.

Pero ni los muros, ni los guardias, ni los fríos mares que rodeaban la prisión de la isla Robben como una fosa mortal, fueron capaces de frustrar sus deseos. Por el contrario, una terrible disciplina y autocontrol sobre sus propios sentimientos y un ejercicio diario de paciencia y perseverancia, le permitieron salir fortalecido y redoblando el compromiso con el que ingresó. Paralelamente, la lucha por su liberación había llegado a casi todos los rincones del mundo, se usaban todos y cada uno de los medios para presionar, forzar y alentar a todas las personas a que hagan su parte para ayudar a liberarlo. Desde los estudiantes y el público de los conciertos, hasta políticos y banqueros, todos estaban conmovidos con la campaña para liberar a Mandela. Cuando el gobierno blanco, afectado por la presión internacional, le ofreció liberarlo pero con la condición de que abandonara su militancia, Mandela, quien ya llevaba dos décadas en la cárcel, respondió: “mi libertad no puede separarse de la de todos los demás”.

Finalmente, el 11 de febrero de 1990, Mandela abandonó la prisión y continuó la lucha en libertad. Dejó atrás el odio y el resentimiento, buscó tender puentes con el enemigo. Coherente, llevó sus palabras a hechos y tuvo la grandeza de acercarse a quienes martirizaron su raza.

Cuatro años después, el 27 de abril de 1994 millones de personas hicieron fila para votar en los primeros comicios libres en la historia de Sudáfrica. Mandela, “Madiba” para su pueblo, triunfó con el 63% de los votos y se convirtió en el primer presidente negro de su país. Al asumir la presidencia por un período de cinco años, renunció a la tercera parte de su salario y creó el “Fondo Nelson Mandela para la infancia”, desarrolló la vivienda, la educación y la economía, e impulsó una reforma agraria. Con el tiempo, reconoció que pudo haber hecho más para evitar la propagación del SIDA y no perdió oportunidad de hablar de ello y concientizar al pueblo sobre esta enfermedad, aún después de dejar su mandato.

Ya alejado de la vida pública, con su salud deteriorada al extremo, el 5 de diciembre de 2013, el hombre que más hizo por la libertad y dignidad de su pueblo, aquel revolucionario que unió la palabra a la acción, aquel que fue capaz de reconciliar la ética con el ejercicio de la política, se despidió de este mundo terrenal, rodeado de su familia. Ese día, el presidente de Sudáfrica Jacob Zuma anunció: “hemos perdido a nuestro padre”.

Cada 18 de julio, fecha de su nacimiento, se celebra el “Día internacional de Nelson Mandela”. Desde 2009, las Naciones Unidas instauró esta fecha como un día dedicado al activismo. Se espera que cada año, todas las personas dediquen al menos, simbólicamente, 67 minutos de su tiempo en ayudar a los demás (un minuto por cada uno de los 67 años que él dedicó a servir a la humanidad). Se busca concientizar a todos de que tenemos la capacidad de cambiar la realidad con nuestra acción. Imitando su ejemplo, animándonos a hacer, sin quedarnos en la tibia comodidad de no arriesgarnos a una victoria, por temor a una derrota.

Nelson Mandela, el hombre que dejó al mundo sin palabras, pero con un interrogante: ¿cómo pudo existir alguien así?

 

 


 

BIBLIOGRAFÍA:

-Mandela, N. Conversaciones conmigo mismo, Ed. Planeta (2010)

Mandela, N. El largo camino hacia la libertad, Ed. Aguilar (2013)

-www.nelsonmandelafoundation.org

 

 


Autora: por Ana Giustra

Abogada. Asesora legal en la Administración Pública Nacional.

angi2178@gmail.com

 

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LOS ARTÍCULOS SON RESPONSABILIDAD EXCLUSIVAMENTE DE LOS COLABORADORES DE VOX POLITIKON. NO IMPLICA QUE DICHOS ARTÍCULOS SON PARTE DE LA EDITORIAL DE VOX POLITIKON. VOX POLITIKON ES UNA HERRAMIENTA LIBRE QUE NO INTERFIERE EN LOS ARTÍCULOS DE LOS COLABORADORES. EN NINGÚN CASO ESTE SITIO, SI NO LO ESPECIFICA PRIMERAMENTE, TOMA POSICIÓN DE LAS OPINIONES AQUÍ EXPUESTAS. 


 

 

 

 

 

4 comentarios en “Nelson Mandela: “El revoltoso”

  1. Que raro el comentario de la persona “Politicamente Incorrecto” no se porque al leerlo se me vino a la mente un blanco de los años del Apartheid en Sudafrica con una pizca de fanatico estadounidense de la época de la Guerra Fria donde todo lo “comunista” era sinonimo del mal encarnado.
    A mi en lo personal me gusto mucho tu blog de hecho yo me base en Mandela para escribir mi primer blog se llama “Puentes incendiados” te invito a leerlo para que me des tus opinión y critica si es posible.
    Cuando le platico a la gente que Mandela no siempre fue una blanca palomita la mayoría de la gente se sorprende (obvio casi todo el mundo lo empezó a conocer a partir de 1990 cuando ya era Mandela El Coinciliador) pero tuvo su lado oscuro poniendo coches bomba en el proyecto que comentas “Umkhonto Sizwe” (“lanza de la Nación”), ese lado de Mandela muchas personas lo desconocen.
    Aquí lo que yo siempre he pensado en estos movimientos pacifistas como el de Gandhi, Mandela o Martin Luther King que al final el gobierno no cede por el pacificismo en si…. Ceden ante el miedo de la reacción violenta de la gente si los gobiernos represores atacaran directamente al movimiento, si mataban a Gandhi abiertamente miles de hindus hubiera provocado una guerra civil en la India, Gandhi apenas los pudo controlar haciendo su huelga de hambre manejando los temores de los fanaticos de que su muerte iba a pesar sobre todos aquellos que generaban la violencia, porque lo veian como un santo, tambien creo que si mataban a Mandela en la carcel hubiera acabado Sudafrica con una matanza de blancos.
    Las ideas mueven y cambian el mundo mas que una revolución armada, es la idea de mi blog, transmitir ideas que puedan inspirar a la gente.
    Espero en un futuro leer mas columnas tuyas, la verdad me gusto mucho!!

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    • Muchísimas gracias por comentar. Con gusto leeré tu blog! En cuanto a Mandela, intenté reflejar lo que significó su mensaje, justamente luego de todo lo que vivió. Se puede estar a favor o en contra, es absolutamente respetable una postura u otra, pero me parece inobjetable su accionar en pos de la reconciliación, dejando de lado el odio y el resentimiento. Pagó con la cárcel, cumplió su condena, y después de todo eso, pudo cambiar la historia de su país. Pequeña huella dejó. Para mí es una figura admirable. Abrazo grande!

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  2. Da asco de subjetivo el artículo, sería fantástico que incluyeran la lista de los asesinatos políticos de los que Mandela fue responsable, del odio hacia los blancos y de la promoción y apoyo de dictadores comunistas.

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    • Buenas tardes. Soy la autora y agradezco tu comentario, aunque un tanto hostil. Podríamos intercambiar opiniones, suprimiendo el término ‘asco” si te parece. Me gustaría leer tu opinión sobre Mandela, que veo es opuesta a la mía, y jamás me daría “asco”, simplemente me mostraría alguien que opina distinto. Vivan las diferencias que hacen del mundo un lugar menos aburrido! Abrazo.

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